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martes, 12 de febrero de 2013

Serpientes en Xalapa

No me refiero a narco-políticos, ni a críticos musicales ni a cualquier ser humano que por un símil literario sea candidato a tal definición, sino a los seres que originalmente se designaron con ese nombre. Me refiero a los reptiles sin patas que se mueven serpenteándose, arrastrándose por el suelo y que pueden ser venenosos si pertenecen a determinadas especies: coralillos, cascabeles, cobras, mambas, nauyacas y demás animalitos que en minutos nos pueden privar de la vida con una simple mordida o escupitajo.
El caso es que el 10 de febrero de este año me llevé un susto marca diablo: estuve a punto de pisar con la bici una serpiente o culebra de un metro de largo y cinco centímetros de diámetro en el abdomen. O sea, estaba gordita la serpiente.
En Xalapa está documentado que sí existen algunas especies endémicas: al menos los coralillos y las nauyacas sí son originarios de estas tierras. Y, si no me equivoco, también hay algunas variedades de víbora de cascabel. Lo más interesante del asunto es que por esta época del año les da por salir. Las razones son diversas: salen a tomar el sol, a aparearse o a conseguir comida. Hace cincuenta años era más probable toparse con ellas: en mi caso, nosotros vivíamos en una casa que está frente a la Gruta de la Orquídea, esquina con la avenida Ruiz Cortines del primer tramo de la Colonia Federal. En la actualidad, esta casa forma parte de lo que hoy es la Escuela de Turismo de Humberto Vicuña. Entre 1946 y 1962 los Vicuña vivían del lado de la Avenida Miguel Alemán y, justo a la mitad de lo que hoy es la referida escuela, había un muro divisorio. En algún recoveco de la parte inferior de esa barda había un nido de coralillos. En Xalapa hay varias especies de culebras parecidas a los coralillos, que no son venenosas. Pero esos coralillos sí que lo eran. Yo nací en 1952. Estaba haciendo ejercicio al aire libre. Tal vez era 1960, aún no sabía leer. Pero sí sabía lo que era una serpiente, ya algunos arrieros del lugar habían matado a una cascabel con la que le puse un susto marca diablo a mis padres. Se decía que la Gruta de la Orquídea estaba comunicada con el Parque Juárez y otra gruta del Cerro del Macuiltepec por pasadizos subterráneos que eran la dicha de los espeleólogos, los cuales tenían que andarse con cuidado, pues hubo quienes se toparon con al menos una nauyaca. El caso es que claramente vi como una coralillo se metió más fresca que una lechuga a mi patio. Armé un gran escándalo pidiendo auxilio, sacamos a los patos que mi padre criaba, los adultos armaron y encendieron antorchas y se organizó la caza del reptil.
-Ahí cayó un pato. De prisa, la víbora está vulnerable pues acaba de descargar el veneno.
No sé si el bicho cayó prisionero esa vez o logró escapar. Pero la prueba de que yo no mentía es que los Vicuña tenían un simpático perrito de raza chow-chow que enfrentó valientemente a otro bicho de estos y murió lamentablemente, entre horribles estertores, envenenado por la temible serpiente. Creo que murió en quince minutos. Quizá eso llevó a los humanos a investigar a dónde estaba el nido, el cual, por fortuna fue localizado.
Con el crecimiento de la mancha urbana, el hábitat de las especies silvestres ha estado desapareciendo, lamentablemente -y por fortuna, en el caso de los reptiles ponzoñosos- y el ser humano es implacable. Tan sólo por mi rumbo, el Predio de la Joyita una vez más se ha visto afectado por la actividad depredadora humana. Y el río de aguas negras que corre paralelo a la Avenida Murillo Vidal desde la Unidad del Valle hasta Las Ánimas (me gusta ese nombre, suena a película de terror), está siendo entubado, lo cual lleva a taladrar, dinamitar y desbrozar la maleza. De momento está afectando el entorno y el hábitat de muchas especies, pero a la larga será benéfico, toda vez que está saneando un manto acuífero que hoy por hoy está contaminado.
Por mi parte, ya pertenezco a la categoría de los viejos: si bien estoy en la categoría de viejo nuevo (también puedo aplicar para la de nuevo viejo), ya tengo credencial del INAPAM. Quiero decir que, por muy buena que sea mi constitución genética, ya empiezo a tirar aceite por algún lugar: con el estrés se me sube la presión, tengo tinitus, tal vez relacionado a la presión alta. Además, de algo nos hemos de morir. Bien dice el refrán: cuando te toca, te toca aunque te quites; cuando no te toca, aunque te pongas.
El caso es que, como ya no debo correr a pie, a causa de un crecimiento llamado pico de perico que me puede romper el principal tendón de la pierna izquierda, ahora hago ciclismo. El ciclismo es maravilloso: con una hora de practicarlo al aire libre, se te normaliza la presión, se te quita la neurosis y el mal humor, tu cuerpo se desintoxica y, tras unos cuantos estiramientos y un baño con agua moderadamente caliente, tu cuerpo y tu mente se llenan de un estado de felicidad similar al que se genera después de haber estado de vacaciones en la playa. En serio, no miento.
Desgraciadamente, en Xalapa, las calles y avenidas no están pensadas para los ciclistas, quienes tenemos que escoger entre violar el reglamento de tránsito circulando por las banquetas peatonales, o arriesgar la vida haciéndolo en las pistas para los automóviles. Particularmente bestias son los choferes del Servicio Urbano, aunque la bestialidad no es exclusiva de ellos: hay muchos automovilistas que se la disputan, sean taxistas o particulares. Debo admitir que la mayoría son gente decente que sabe respetar. Pero hay un 10 o 15% que son verdaderos asesinos al volante.
Otro problema con el ciclismo son los perros. Hay un vecino que saca a pasar su enorme y estúpido rotválier a la misma hora que yo. A esa fiera le encantaría hincarme el diente. Hasta ahora no ha podido, pues su dueño lo ha sujetado con fuerza. Pero el día que se le rompa la correa... Afortunadamente, lo saca a pasear a las trece treinta y ya sé cómo hacerle para no toparme con ellos. Pero no es el único humano que pasea con especies peligrosas. Ante ayer, previendo no toparme con aquella pareja infernal, salí un poco más tarde y me topé con otra: un hombre joven paseando a su perra doberman, una hembra color de caca con estreptococo dorado. Afortunadamente, no había automóviles en la Murillo Vidal y los rebasé. Debo admitir que la perra, aunque paró las orejas ante mi presencia, no hizo mayor alharaca. Lo que pasa es que esa especie me pone muy nervioso: era la que usaban los nazis para matar humanos, debido a que son animales muy inestables que incluso pueden desconocer a su dueño y asesinarlo.
Como decía, febrero es un mes que le gusta a los reptiles para salir a pasear; un sitio que les agrada es el fallido fraccionamiento La Herradura, por el que tengo que pasar para ir de la avenida Murillo Vidal al Parque Natura si quiero hacerlo prescindiendo de mi automóvil. Es claro: si paso por ahí en bici, llego en ocho minutos, si lo hago en automóvil, me tardo una hora.
La víbora en cuestión era de esas de color café verdoso, muy similar al de la perra color de caca con estreptococo dorado que vi al entrar a la avenida. No se cómo fue, pero la vi que salió corriendo en diagonal, adelante de mi y la alcancé con la bici. Pasé muy cerca de ella. Pensé en dar vuelta en "U" y quitarme de problemas, pero yo traía los pedales Quartz enganchados y llevaba ya bastante velocidad, misma que me sirvió para huir. Lo más irónico del asunto es que yo ya había dado por terminada mi sesión: había llegado a la Avenida Murillo Vidal para emprender el regreso: estuve cerca de una hora pedaleando en el Natura. Clarito escuché cómo rozaba el animal el suelo cada vez que serpenteaba. La verdad es que se movía lo más rápido que podía, tal vez también estaba asustada. O los pedales le hacían un efecto que la distraía. No sé, pero no me gusta toparme con este tipo de animales rastreros. Hace un año o dos, en ese mismo tramo, me topé con un ejemplar de rayas rojas, negras y amarillas. Era pequeño. Pero en lo que averiguaba si era falso o verdadero, pegué un grito y pasé a veinte centímetros del animal. Salió de una tapadera del drenaje, no tuve tiempo de frenar o darme la vuelta, sólo pude considerar pasarle la rueda por la cabeza, con el riesgo de que me esquivara, saltara y me mordiera. Aquella vez, el reptil medía unos quince o veinte centímetros y era lento. Este era grande y veloz.
¿Cómo fue que me metí en este lío? Para empezar, mi esposa y mis hijos planeaban salir a comer. Pero sin ningún plan. Ya sé cómo es eso: mi hijo viendo la computadora, ellas arreglándose o haciendo cualquier cosa, dejando que el tiempo corra y sin concretar. Así pueden pasar seis horas y al final, deciden quedarse en casa, sin haber hecho algo interesante durante ese lapso, lo cual me pone de muy mal humor. Yo ya tenía planeado pasear en bici: trato de hacer una sesión a media semana y otra los fines de semana, a fin de reducir el riesgo de un infarto del tipo "ejercicio de fin de semana". Incluso invité a mi hijo a pasear, pero él venía cansado: había estado practicando karate.
Como vi que mis familiares no tenían un plan y si grandes probabilidades de meterse a una tienda departamental en vez de comer o ir al cine, decidí ir a pasear yo solo. Pareciera que el destino me quisiera castigar por mi carácter antisocial, que en realidad no lo era: los que no quieren ir a las áreas verdes son ellos. Insisto: cada vez que voy al Natura siento que resucito, para mí es vital. En cambio, ir a un centro del capitalismo moderno a atiborrarme de sodio, soya y jarabe de alta fructosa de maíz sin sudar las toxinas, siento que me llena de malestares físicos y emocionales. Con excepción del cine, claro está.
Bien, el destino empezó la guerra contra mí así: desde que llegué a la Murillo Vidal me topé con el tipo de la doberman color de caca con estreptococo dorado. La tuve que rebasar bajándome a la cinta asfáltica. En el Parque Natura había mucha gente: el día estaba asoleado y muchos aprovecharon el "puente" vacacional del carnaval. Lo que significaba no puedes ir rápido porque los vas a atropellar. En la entrada del Arco Sur había muchos coches estacionados, lo cual era inusual pero peligroso para un ciclista. Ya adentro del parque, me topé con un zopilote (un ave carroñera) el cual también se cruzó en mi camino, de derecha a izquierda, como la serpiente. Un ave de mal agüero. Estuve a punto de alcanzarlo: iba en descenso rumbo al estanque de los patos. Claramente le vi la cresta colorada con verrugas y su pico amarillo mostaza.  Saqué la conclusión de que una bici en descenso es tan rápida como un ave de rapiña volando. Pasando el lago, casi llegando a la sección donde pasa el río de aguas negras que están entubando, me topé con una ardilla que no se movía: me esperaba de frente ¿O estaba paralizada de terror? Después de todo, yo descendía a la velocidad de un halcón peregrino. Grité para que se asustara y se quitara de mi camino, pues yo no era un depredador que tuviera interés en hacerle daño. La ardillita se asustó y corrió a meterse entre la maleza. Terminando el primer circuito, decidí alargar mi paseo hasta llegar al Arco Sur, para regresar por la entrada de la Universidad Anáhuac y pedalear hasta que mi cronómetro marcara la hora. Entré de nuevo al Natura y llegué hasta la fuente que está junto al estacionamiento. Una familia que pasaba por ahí me preguntó por las salidas del parque, yo les expliqué que les convenían dos: la de la Herradura y la del Arco Sur. Los animé a salir por esta última, pensando en su seguridad.
-¿Traen coche?
-No.
-Entonces, sigan derecho, hasta topar con el Wall Mart.
-Sí, gracias.
Esta salida me pareció que les daría la sensación de llegar a la civilización, con muchos chances de tomar un taxi o un camión, aunque les faltaba cerca de un kilómetro o dos. Como yo traía los pedales Quartz conectados, me di la vuelta en "U" mientras les explicaba y me lancé de nuevo hacia el Arco Sur. Finalmente, mi cronómetro marcó la hora. Me dirigí al fraccionamiento La Herradura y salí sin mayores contratiempos, hasta acercarme a la Murillo Vidal, sólo para percatarme de que el tipo de la doberman color de caca con estreptococo dorado ya veía regresando y que se me adelantaría. Ahora no sólo tendría que bajarme a la cinta asfáltica, sino tomarla en sentido contrario. Decidí que era mejor darme otra vuelta en La Herradura. La primera la di muy bien. La segunda vez tomé la decisión de no avanzar hasta la Murillo y entrenar con las velocidades altas, considerando que era una planicie o incluso una subida ligera: tenía que aplicar más fuerza, estaba feliz. Venía pensando que si hubiera tomado rumbo al Distrito Federal, con la hora que llevaba pedaleando ascendiendo las lomas del Parque Natura, ya podría estar llegando a la planicie de Perote: probablemente ya habría pasado Las Vigas, a 30 kilómetros, saliendo de Xalapa. En eso percibí que la víbora se movía aceleradamente, como si viniera hacia mí. Pero pronto era ella la que corría aceleradamente delante de mí. Grité.
-¡Ay cabrón!
Aceleré el paso. La rebasé. La dejé atrás. No quise mirarla. Fue algo tan instantáneo como cuando el zopilote alzó el vuelo y se cruzó en mi camino: durante un tramo íbamos a la misma velocidad, tanto el ave, como el humano y el reptil. Por cierto que cuando pasé junto al zopilote me acordé de La Iliada de Homero y las "aves de mal agüero" que cruzaban el firmamento anunciando malos momentos a algunos personajes. Pensé que el zopilote era de mal agüero porque come carroña y, ver uno o más de su especie cerca, es una señal muy probable de que hay un muerto por ahí. Y podría tratarse de un cadáver humano. Apenas lo pensé y me salió de frente el tranvía que esporádicamente trabaja ahí. Me dio tiempo de esquivarlo con calma, pero, de haber seguido soñando con La Iliada, me habría dado de frente con él. Algo parecido me pasó en el tramo que conecta al Natura con La Herradura: yo venía en descenso, el tramo era angosto y se apareció un taxi, que venía saliendo de un rancho vecino al parque ecológico. En ambos casos, yo iba rápido. Tuve que tomar mis precauciones para no chocar.
Días antes, pensé que me vería en un aprieto si me salía una serpiente en La Herradura con los Quartz conectados. La maldita ley de atracción. Es muy poco probable que eso suceda. Y si sucede, me doy la vuelta en U y me voy por el otro camino. La vez pasada pude aplastar al pequeño reptil. Ahora casi me le entregué. Afortunadamente, no me mordió ¿Me andaba buscando la serpiente para atacarme? ¿Me quería cazar y se arrepintió? ¿Estaba buscando una posición para tener un buen ángulo de tiro? El caso es que se movía muy apresuradamente, al compás de mis pedales. La verdad es que a veces las ardillas o los conejos han corrido así junto a mí.
También se puede describir la forma en que el reptil se me acercó como la de los perros que se le arriman a los coches y las motos, mientras les ladran tratando de morderles una rueda. Entonces, creo que sí se me acercó con ánimo de morder pero me le escapé. O se asustó al ver que le iba a pasar la llanta encima.
Tal vez ni di la vuelta extra en La Herradura y todo ocurrió al primer intento. No importa. Lo que si importa es que, cuando venía subiendo, un tipo que venía enfrente, en la otra orilla del camino, me vio y se metió apresuradamente a la maleza. Traía una manta blanca enrollada en el antebrazo izquierdo. Era raro. Me vio y se metió apresuradamente a la maleza. Fue extraño. No dijo nada, pero su reacción era como de esconderse. Como se me hizo raro, tal vez fue cuando opté por poner las velocidades en las estrellas grandes (lo equivalente a andar en quinta en el automóvil) para salir lo más rápido de ahí, pues ya había alcanzado la parte alta de la subida. Cuando lo dejé atrás y estaba feliz por andar ejercitando las piernas, tal vez oí un ruido parecido al de una botella de plástico con agua cayendo al suelo. Bajé la vista al suelo y, en vez de ver mi botella rodando, vi al reptil. Me rebasó por la izquierda. Se desplazó hacia la derecha. Yo me le acerqué probablemente a unos treinta kilómetros por hora. Cuando me le acerqué al zopilote iba a una velocidad similar. En la naturaleza, esa ya es una velocidad respetable, aunque hay animales que alcanzan los 100 km/h. Lo que quiero decir es que yo llevaba una velocidad de ave de rapiña y eso pudo persuadir al reptil. Tal vez mordió la llanta o una parte metálica. O la botella de plástico (y tomé agua después, sin precaución). Por eso el ruido, la carrera para adelantárseme y finalmente, su huída. Realmente, no sé qué pasó. El hecho es que el reptil se quedó atrás. Las lagartijas o bien cruzan el camino antes que yo, o bien corren junto a mí antes de dar un giro de 90 grados y esconderse en la maleza. Pero no me esperan. Acá lo interesante es que yo estaba del lado de la maleza y el reptil no podía huir hacia él.
Ya de regresó, antes de llegar a las curvas que conducen al río de aguas negras, otro ciclista iba en dirección contraria a la mía. Detuve mi marcha y le expliqué lo sucedido.
-¿Era una culebra cabezona?
-No alcancé a ver. De lo que sí estoy seguro es de que tenía un color pardo claro y verdusco, como el de un tallo de arbusto leñoso y joven.
-Sí, yo también ya he visto varias por acá.
-Será mejor que se vaya por el otro camino.
-Sí, gracias.
Para mayor información sobre serpientes en Xalapa, llamar al 129 11 60 del UMA o a los teléfonos 2281047003 y 2058255. Lo anterior no fue ficción.
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jueves, 31 de enero de 2013

Diplomado en creación de documentales.

Martín Balestrini, a quien conocí en la Luis Buñuel, impartirá un diplomado en creación de documentales. Les paso la convocatoria.

























4 meses experimentando, practicando y aplicando el proceso de elaboración de un film documental.

Un creador de documentales es aquel que despliega su poder creativo, su voluntad y su intelecto para engendrar una idea, un temática o un conflicto y transformarlo en un proyecto de cortometraje o largometraje documental.
Esta absolutamente involucrado en los procesos de investigación; preproducción, producción, postproducción y promoción del film documental.
Posee la capacidad de llevar a cabo las innumerables tareas que intervienen en este proceso de creación:
Plasmar en un guión la idea general del futuro film; preparar una carpeta de producción imprescindible para poder materializar el proyecto y comunicarlo a su equipo técnico, a sus posibles clientes; productoras, concursos, festivales, televisoras, distribuidoras.
A la hora de dirigir la filmación de un proyecto, gracias a sus capacidades técnicas adquiridas en su periodo de práctica, puede asumir paralelamente al rol de director, varios roles de un equipo de producción. Puede ser el camarógrafo o el iluminador; puede llevar el mismo la producción si el proyecto es independiente; incluso tener el control sobre el trabajo con el sonido.
Cuando la película esta en el proceso de postproducción, el realizador hace su propio montaje operando el mismo el sistema de edición de su preferencia. De esta manera puede funcionar como editor y montador de su película, haciendo un primer corte, un teaser, un demo para enseñar a sus clientes o incluso producir la copia final.
Una vez finalizada la copia lista para proyectar, el realizador ya sabe como y donde insertar su película; los principales medios de posible promoción, comercialización y distribución.

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Fundamentos del cine documental
Escuelas, Corrientes y cineastas clásicos a través de la historia. Dziga Vertov, Robert J. Flaherty,John Grierson,Joris ivens,
jean rouch,
Richard Leacock,etc.
Lenguaje cinematografico aplicado al documental.

Bibliografia de cine en archivos digitales.
Preproducción
El origen del proceso: Idea- investigación-dispositivo-sinopsis El guion imaginario, el guion hipotético, el guion documental. Confección de la Carpeta de de producción.
Producción
Estrategias de rodaje acorde al tipo de proyecto. Funciones de un equipo de producción:
Productor, director, Camarógrafo, Fotógrafo y Sonidista.

Postproducción
Montaje en papel, transcripción de entrevistas, diseño de la estructura. Creación de la voz de narración
Montaje y edición documental.
Postproducción sonora

Creación de un tráiler del proyecto terminado.
Estrategias de promoción y comercialización.
Proyectos exitosos a través de plataformas Crowdfunding.

Proyectos y ejercicios del diplomado.
  • Elaboración de carpetas de producción.
  • 1 Proyecto documental final.
  • 3 cortos documentales bajo diferentes enfoques: historia de vida de un
    personaje; un acontecimiento o situación concreta; un viaje interior o
    exterior.
  • Ejercicios de realización: la entrevista, documentar un proceso o un
    evento; manejo de Cámara, sonido directo y fotografía para
    documentales.
  • Aprendizaje y aplicación de programas de edición y postproducción.
  • Creación de un Tráiler para el proyecto documental final. 

lunes, 21 de enero de 2013

Descanse en paz Marcel Sisiniega

Lamentablemente, al leer el ejemplar de hoy del Diario Az, me enteré que el notable cineasta y ajedrecista mexicano Marcel Sisniega, falleció el sábado 19 de enero de 2013, a la edad de 53 años.  Es increíble que Marcel, de complexión casi atlética, haya fallecido de un infarto cardíaco. Pero hay vidas breves que transcurren con una gran intensidad y dejan una huella profunda de su paso por esta vida: Mahler y Beethoven, en el terreno de la música, murieron a los 51 y 57, respectivamente. Ante todo, quiero externar mis más sinceras condolencias a la familia de Marcel, a quienes no tengo el gusto de conocer personalmente.    A Marcel sí lo conocí y siempre he sentido un profundo respeto y admiración por su inteligencia, rigor y honestidad intelectual, así como por sus logros y su capacidad de trabajo, misma que con toda seguridad le cobró la factura.
La primera vez que entré en contacto con él fue en una exhibición de simultáneas de ajedrez donde Marcel era el simultaneador y yo uno de los jugadores que lo enfrentábamos del otro lado del tablero. Tuve la satisfacción de ser uno de los que más tardó ser vencido, en un angustioso final de peón contra peón, donde, por un sutil tiempo de ventaja él coronó cuando yo estaba a punto de hacer lo mismo. Y me ganó. Al terminar nuestra partida, me felicitó, me estrechó la mano deportívamente y me dijo:
-No juegas tan mal.
La partida aún la conservo, por si algún aficionado al ajedrez desea conocerla.
A Marcel Sisniega yo lo estudiaba, pensando que algún día lo volvería a enfrentar. Incluso publiqué en el Diario de Xalapa una partida de él jugada en la Habana, donde realicé un análisis apoyado por alguna versión del programa de ajedrez "Fritz", no recuerdo si la versión 8 o la 11. Esto, en razón de que era el Campeón Nacional de México y el primer Gran Maestro de Ajedrez mexicano que ganó esa distinción en vida. Fue el segundo compatriota que la obtuvo, pues es del dominio público que el primer GM mexicano ha sido el inmortal Carlos Torre; sin embargo, el maestro yucateco la obtuvo post-mortem. Gran alegría me dio saber que Marcel trasladó su residencia a Xalapa, donde fundó y dirigió hasta sus últimos días la escuela de cine Luis Buñuel. Incluso me inscribí en un diplomado con la secreta intención de convencerlo que jugara una partida de ajedrez conmigo en la hora del recreo, o a través del internet. Marcel sólamente se rió amablemente de mis pretensiones y declinó la oferta: estaba muy liado con el cine y el ajedrez, llevado al nivel que él había alcanzado, era muy demandante. No se puede atender a dos amos al mismo tiempo. Otra de mis secretas intenciones era convencerlo de que llevara a la pantalla una de mis cibernovelas o la ópera "Tropical". En lugar de eso, Marcel me enseñó a hacer cine, en un diplomado que duró nueve meses. Tuve la fortuna de ser su alumno de Dirección de Cine. Fue un proceso muy aleccionador ver cómo una mente ajedrecística del más alto nivel analizaba películas o el fenómeno cinematográfico. Además, su escuela ya contaba con muy buenos maestros en otras disciplinas, como José Manuel Ramírez en fotografía, Gisel Amezcua en guionismo, Jorge Ortíz en dirección de actores, por citar algunos.
Otra de las ventajas de haber pertenecido dicha escuela es que ahí tuve acceso a su película Libre de culpas, la cual es muy difícil de conseguir acá en Xalapa. Me prestaron un ejemplar y pude disfrutarla largamente. En cambio, Una de dos pude adquirirla en el Mix-up de Plaza Américas, acá en Xalapa. Me falta ver La Cruda de Cornelio, En las arenas negras, Fandango, El baile de la iguana, Luces artificiales y A través del silencio. Según la nota del Diario Az, Marcel tiene todavía más producciones.
Recuerdo que, al final de los ochenta o principios de los noventas del siglo pasado, yo estaba inmerso en el ajedrez de competencia y necesitaba prepararme dedicando largas horas al estudio del "deporte ciencia". Uno de mis principales distractores era el cine: teníamos una reproductora de videos VHS y, mi esposa, cuando quería tenerme a su lado en vez de permitirme que estuviera encerrado resolviendo complicados problemas de ajedrez, ponía la trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola o alguna otra película igualmente incitante. Y yo sucumbía. Olvidaba al ajedrez a causa del cine. Esto ocurría antes de saber que Marcel cambiaría al ajedrez por el cine. Ahora, con el aguinaldo, aproveché para comprar un reproductor de blue-ray y la trilogía de El padrino. Justamente anoche nos dimos un tiempo para ver la primera película. Al final, sin saber aún de la muerte de mi estimado amigo, estaba pensando que, la próxima vez que lo viera, le iba a decir
-Yo también cambié al ajedrez por el cine.
Es verdad. De septiembre de 2011 a junio de 2012 dejé de asistir a torneos de ajedrez. Incluso dejé estudiarlo, limitándome a jugar partidas por internet, del tipo postal. No sólo por el temor a la guerra contra el crimen organizado del ex presidente calderón (el periodista Rafael Loret de Mola insiste en que se debe escribir con minúscula), sino por lo demandante y excitante que era iniciarme como cineasta. Fruto de dicho proceso es mi adaptación de Dinosaurio de Augusto Monterroso, cine minuto que también publiqué en este blog en la entrada del día 8 de abril de 2012, minicortometraje que resultó ser premonitorio. Enojado como estaba por la situación inaceptable de violencia que vivía el país durante el sexenio calderonista, sentí una cierta empatía con las campañas de dos príístas que la denunciaban, uno de ellos se postuló con éxito para diputado y, el otro era el mismísimo Enrique Peña Nieto quien en su discurso decía:
-Es inaceptable la situación de violencia ... que vive México.
Contra lo que muchos me han criticado, yo estaba de acuerdo con él y quise ayudarle un poco. Esta especie de mini thriller se gestó con ese ánimo: lo urgente era sacar al PAN de Los Pinos y, si alguien podía hacerlo, era el PRI. El dinosaurio que aparece ahí, sin duda representa al PRI, porque así lo conocemos todos, debido a su antigüedad y tamaño. Pero es un dinosaurio de juguete que no asusta. Sin embargo, el final del corto si genera una gran tensión. E ilustra con un subtexto político al microcuento de Monterroso "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí". De no haber sabido todo el lenguaje cinematográfico que adquirí en la Luis Buñuel, el resultado habría sido distinto y con mucha menor calidad. Aunque es un trabajo escolar y es perfectible, estoy contento con el resultado obtenido. Uno de los cineastas que me influyó fue David Lynch, personaje en el que me empecé a fijar gracias a las clases en la Buñuel. Ahí supe el nombre de muchos cineastas de gran valor y ver sus películas o reencontrarme con clásicos del cine pero analizarlos con una visión crítica y analítica. No me atreví a inscribirme a su Licenciatura en Cine, que ya cuenta con el REVOE, a causa de mi edad. Sí estaba planeando tomar de nuevo el diplomado sabatino en caso de no encontrar otra actividad en la cual seguirme desarrollando. Sin Marcel Sisniega, ya no será igual. Descanse en paz.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Musicólogos, lean esto:

Un colega me envió esta convocatoria. Buscan musicólogos especializados en música latinoamericana, para impartir clases en una Universidad Norteamericana de prestigio, con posibilidades de obtener una plaza de permanencia. El link es: https://unmjobs.unm.edu/applicants/jsp/shared/frameset/Frameset.jsp?time=1357009940805
P.D. si yo fuera musicólogo y no estuviera jubilado, me aplicaría para quedarme con la plaza. Apúrense antes de que cambie de opinión y se las gane.https://unmjobs.unm.edu/applicants/jsp/shared/frameset/Frameset.jsp?time=1357009940805

sábado, 22 de diciembre de 2012

¿Se acabó el mundo en otra parte del planeta?

Son las diez con treinta y nueve minutos. La mañana está gris, hace un frío de la chingada, pues ayer entró norte en Veracruz, como suele suceder cada año a estas alturas del mes de diciembre. Por lo demás, todo está tranquilo ... menos el espíritu de los astrónomos mayas, que se sienten difamados por los medios de comunicación modernos. Ellos no eran tan chafas como para predecir un fin del mundo que no iba a ocurrir. Los mayas eran buenos matemáticos y excelentes astrónomos. ¿No hay una sociedad arqueológica que los proteja? Porque cada vez que algún místico quiere proponer una jalada, invoca a los mayas, precisamente porque aquellos eran muy serios en sus cálculos, y si un maya proponía una cosa, debía de estar bien fundamentada. Y como a las jaladas les hace falta un argumento creíble, pues se la endilgan a los mayas para que parezca creíble. Es un abuso.
Ya me imagino la siguiente escena: como Yucatán y Cuba están cerca, un astrónomo maya veía las luces de fiesta que había en la isla caribeña, en la noche del 21 de diciembre de 2012, o sea, ayer:

-¿Qué está pasando? -le preguntó un colega
-Parece que un orador está hablando y un coro le está contestando.
-¿Y que dicen?

Entonces, el primer astrónomo maya le describe a su colega la siguiente escena, mientras los cubanos bailaban, haciendo filas que se movían serpenteándose:

ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?
A medida que se repetía este juego de pregunta y respuesta, el ritmo de las palabras se aceleraba


ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?ORADOR: Que se acaba el mundo
CORO: ¿Que qué?

Si este juego de preguntas y respuestas le suena a mambo, a ritmo de salsa o a música de carnaval, Usted, amable lector, ya ha encontrado la manera en que los cubanos celebraban la pifia de los que fallaron en interpretar las estelas mayas. Saludos, feliz Navidad a todos y les deseo un próspero año nuevo, lleno de salud, dinero y amor. Si manejan no tomen y si toman inviten...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La muerte de Jenny Rivera

Acabo de terminar de leer el libro "El Imperio Perdido" de José María Pérez Gay, en una versión de la editorial "Ediciones cal y arena" impresa en febrero de 2010. Mi hija y mi esposa han estado comentando no sólo la noticia de esa muerte a través de los medios de comunicación tradicionales, sino en la reacción que este lamentable suceso ha provocado en las redes sociales. Dos comentarios, recogidos por ellas, porque les chocan, me llaman la atención: "se le ha dado más cobertura a la muerte de Jenny Rivera que a la de Carlos Fuentes" ¿y?. La otra, más estúpida aún es "se murió Jenny Rivera. No me gustaba su música. Qué bueno. Una naca menos". No sobra decir que estoy en completo desacuerdo. Pero de peor gusto me parecen aún las imágenes de los trozos de carne humana esparcidos en el sitio del accidente.

Y ahora es cuando voy a citar a Elías Canetti, citado a su vez por Pérez Gay en "El Imperio Perdido": "Toda muerte es odiosa, igual la de cualquier persona que la nuestra. Ningún ser humano debió morir, todo deceso es una lástima; nada más cruel que la muerte de otro, nada más increíble que la frase 'ese hombre murió a tiempo'. A veces creo que si acepto la muerte el mundo desaparecerá para siempre. Por eso la guerra, el asesinato masivo, nos refiere a la inconmensurable estupidez social".

Se que los mexicanos tenemos otra visión de la muerte. Incluso hacemos un ritual extraño entre los días 31 de octubre y 2 de noviembre. Sin embargo, debemos cuidarnos de alegrarnos con la muerte de quien sea. Parece que no escarmentamos con lo vivido del primero de diciembre de 2006 al primero de diciembre de 2012. Hace poco escribí que creí salir del horrendo túnel que es la vida dentro de un país fascista. Pensar la muerte en los términos que estoy cuestionando, es pensar como fascista. Y, como consecuencia, como un estúpido social.

Guardémonos de comentarios frívolos. Respetemos el dolor de las familias de los difuntos, sea la de Carlos Fuentes, sea la de Jenny Rivera o la de un ilustre desconocido.

lunes, 10 de diciembre de 2012

LIBRO CONMEMORATIVO DEL TEATRO DEL ESTADO

El próximo viernes 14 de diciembre de 2012 se presentará el libro conmemorativo del Teatro del Estado, al filo de las doce horas, en el mezzanine que está ubicado en la parte superior de dicho edificio. Se trata de un libro de formato grande, con muchas imágenes, a todo color, con papel de excelente calidad, y sin duda, con un gran atractivo visual. Muchas de estas imágenes son fotografías de Sebastian Kunold.

Quien me invitó a participar en este libro fue Héctor Herrera, actual coordinador del Teatro. Mis compañeros de viaje en esta maravillosa aventura fueron: Paco Beverido, quien, al parecer sugirió que se me invitara a escribir en este proyecto, Marta Montano, Alberto de la Rosa, Daniel Acevedo, Raúl Santamaría, Lidia Domínguez y Benito López. Cada uno realizó importantes colaboraciones hablando, respectivamente, de espectáculos teatrales, la participación del Ballet Folklórico de la Universidad Veracruzana, las actividades de danza contemporánea y clásica, la Compañía de Teatro de la U.V., una mirada histórica sobre este lugar, así como relatos y anécdotas que ocurrieron en los espacios de este edificio histórico. El Teatro del Estado fue inaugurado el día 29 de noviembre de 1962, como último acto de gobierno del Lic. Antonio M. Quirasco. Por esta razón se planeaba presentar el libro a finales de noviembre, pero una serie de imprevistos retrasaron un poco esta fecha.

Para mí fue muy emocionante escribir una parte de este libro conmemorativo. Me hizo recordar los años de la infancia: cuando el teatro se inauguró yo tenía diez años de edad. Estaba descubriendo el mundo. Y cuando asistí al primer concierto de la Orquesta Sinfóncia de Xalapa (OSX) andaba por los doce. Las hormonas pubescentes fluían por mi sangre y el enamoramiento me llegó. Tocó a mi puerta el embeleso por una compañera de la primaria, quien vivía entre mi escuela y el teatro. Para ir a su domicilio, el trayecto desde la escuela estaba en dirección inversa al que se requería para llegar a mi domicilio. Con tal de pasar por su casa, tomaba rumbo al teatro, con el pretexto de ir a un concierto o a un ensayo de la Orquesta. Y, si encontraba a la muchacha, tocaba el timbre de su casa. La visitaba con cierta frecuencia y me sentía un ser privilegiado tan sólo por el hecho de poder hablar con ella. Esta mujercita fue quien me enseñó "el mate del pastor", con el cual me ganó numerosas partidas de ajedrez.

Yo estaba en su casa cuando Jack Ruby mató a Oswald, el presunto asesino de John F. Kennedy. La madre de la muchacha me dijo, mientras las imágenes de la noticia emanaban de un televisor en blanco y negro:

-Oswald podría ser tu padre. Míralo, se parece.

Observé el rostro de la víctima y comprobé que la señora tenía razón. Lloré amargamente.
El destino me iria alejando de esa muchacha, contra mi voluntad. Tal vez no fue el destino sino la química: simplemente, no soy monedita de oro, como dice la canción. Sin embargo, el Teatro del Estado sería un imán para mí: me encantaba ver cómo el joven Francisco Savín se movía como un bailarín dirigiendo aquella entusiasta orquesta. Parecía que danzaba twist sobre el podio. Ese ritmo fue un baile de moda efímera pero muy popular en aquellos años. Recuerdo con gran intensidad los conciertos donde se tocaron "El Aprendiz de Brujo" de Paul Dukas, la obertura "Rosamunda" de Franz Schubert y "Los Pinos de Roma" de O. Respighi. Era todo un espectáculo ver al timbalista inmerso en una frenética actividad moviendo llaves y probando sigilosamente las membranas de sus instrumentos. Por su aspecto, era conocido como "El Pingüino". Su hijo heredó el apodo y por la misma razón. Era el músico más activo de la orquesta a la vez que el que se oía menos. De modo que todos esperábamos con ansia el momento en que lanzaría su descarga sonora, la cual era más espectacular en las sinfonías de Beethoven. Un misterio para mí era la sección de violas, pues esos músicos parecían violinistas, pero su instrumento difícilmente estaba a cargo de un tema importante.

Yo vivía en la colonia "El Aguacatal", a dos cuadras de la moderna casona del maestro Francisco Savín, a quien admiraba profundamente. De grande, quería ser como él, pues así me parecería a Mao Tse Tung, un hombre de ideas revolucionarias y autoridad indiscutible. Xalapa, en aquel entonces, debía tener alrededor de 70000 habitantes. Aunque era conocida como "La Atenas Veracruzana", la verdad es que los círculos intelectuales eran muy reducidos y todos conocían a todos. Mis padres eran amigos de Sergio Galindo y yo jugué en la casa de este literato, en una infinidad de fiestas infantiles que se llevaron en ese sitio, ubicada en la calle de Insurgentes, cerca de Xalapeños Ilustres, como también jugué en la de Rafael Velasco Fernández, futuro rector de la Universidad Veracruzana. Otra casa que frecuenté con asiduidad fue la de Fernando Salmerón, ubicada en la parte alta de la calle Lucio. Quizá, la última vez que lo hice fue en una posada. Yo rompí la piñata. Tal vez hice trampa y me moví un poco la venda.

Por su parte, la casa de mis padres a menudo tenía muchos visitantes, entre los cuales estaban Marco Antonio Montero, Francisco Savín, Manuel Montoro, Guillermo Barclay, Othón Arroniz, Marie Louise Ferrari, Emilio Ribes Iñesta y Víctor Arcaraz, entre otros. Mis padres tenían fama de guisar bien. Mi madre preparaba unos pays verdaderamente sabrosos. Corría la cerveza dos equis y el vino tinto. O el tequila y el whisky. Terminado la comida, se organizaban torneos de futbolito de mesa. Ahí se hacían equipos: Francisco Savín por un lado, Emilio Ribes por otro. En otras ocasiones, salíamos de día de campo al rio Consolapa o a alguna campiña entre Banderilla y Acajete. En aquella época, esos parajes no estaban habitados ni industrializados, eran unos verdaderos pastizales dotados de agua cristalina y bosques frondosos. Era otra Xalapa. La naturaleza era desbordante. La contaminación era una palabra inexistente. Jugábamos fútbol llanero o béisbol. Mi padre discutía acaloradamente con Roberto Bravo Garzón o con el Doctor Velasco por un real o supuesto gol en off-side.

Otro sitio que frecuentábamos era una hacienda casi abandonada propiedad de Othón Arroniz. Se la expropiaron, la derruyeron e hicieron obras de desarrollo urbano. Fue una lástima: para trasladarse de la entrada hasta la casona, se pasaba por una vereda rodeada de árboles de naranjo en flor. El aroma a jazmín era para enamorarse. En tanto que la casona, con sus vigas picadas por las polillas y un piano casi desvencijado, le daban un toque romántico y fantasmagórico al sitio. Arriba del piano estaba un busto de Beethoven. Era fácil imaginarse la historia de "La Bella y la Bestia" en aquel lugar. El piano estaba completamente desafinado. Aún recuerdo a Marie Louise Ferrari tocando el preludio de "La Cabalgata de las Valquirias" de Wagner en ese instrumento. Nada que ver con el original, pero la experiencia era digna de recordarse. Era completamente fantasmagórica.

Un día visitamos a Marie Louise Ferrari, cuando estaba divorciada de Othón Arroniz y ya vivía en la casona de Alfaro, hoy conocida como "La Mariquinta", una casa española del siglo XVII. Ahí pude escuchar un disco de su colección. Ex profeso colocó en el tocadiscos el concierto para piano y orquesta en do menor de W. A. Mozart.

-Escúchalo con atención -me dijo. -Porque esta casa es contemporánea de muchas de las que habitó Mozart.

En efecto, había un aura diferente. Si ese concierto me había hecho llorar en el mullido sillón de la casa de "El Aguacatal", ahora me hablaba desde otra dimensión. En parte, me tocaba cuerdas sensibles, porque lo escuché con anterioridad y en vivo en el Teatro del Estado, dirigido por Virgilio Valle. Ya no estaba al frente Francisco Savín. Pero el cambio que más me golpeaba era el saber que la compañera que vivía entre la Carlos A. Carrillo y el teatro se alejaba de mí.

Otra obra que escuchaba durante mi pubertad era la sinfonía "Inconclusa" de Franz Schubert. Edelmira Losilla, artista plástica costarricense y esposa del afamado poeta Ramón Rodríguez, me invitó a escuchar la música inventando imágenes e historias. Edelmira y Ramón eran otros grandes amigos de mis padres. Incluso, éramos casi vecinos.

-Piensa en un compositor joven, pobre y derrotado por el destino -me dijo Edelmira.

En mi casa había una versión en discos de 78 rpm dirigida por Sergei Koussevitzky. La portada tenía un reloj de arena con la parte de arriba casi vacía y una pluma tendida, cual cadáver, sobre una partitura sin concluir. En el fondo, arriba, había nubes grises, de tormenta. Esa imagen unida a la de la compañera distante, más la soledad y el desamparo que me comunicaba una melodía de violines al unísono y en dinámica de susurro, en la parte central del segundo movimiento de "La Inconclusa", era demasiado para mis cuerdas sensibles. Sin saber por qué, me puse a llorar. Mis padres se alarmaron. Me llevaron el restaurante "Terraza Jardín", frente al parque Juárez, me aumentaron la mesada, me llevaron a todos los cines de la ciudad, a Veracruz, a comer helados al kiosco de Coatepec.

-¿Por qué lloras? -me preguntaban, afligidos.
-No es nada. Fue la música -les respondía. Y era verdad, pero no me creían.

El concierto en do menor para piano y orquesta de Mozart y el segundo movimiento de "La Inconclusa" me ponían así. Eran el adiós a mi pubertad y a mi primer enamoramiento. Nos cambiamos de domicilio, quedamos ubicados a dos o tres cuadras del Teatro del Estado. Yo crecí. Aprendí a tocar algo de guitarra en la secundaria. El profesor de la estudiantina era el Maestro Manolo Baixauli, uno de los mejores flautistas de la Orquesta Sinfónica de Xalapa. Un día asistí a la radiodifusora XEJA para verlo cómo ensayaba la pieza que iba a grabar en el estudio de grabación de ese lugar. Era un par de canciones compuestas por él. En la escuela decíamos en broma que nuestro profesor de música tenía lentes de ventana de autobús de ADO (una línea de autobuses foráneos). Hasta la fecha los sigue teniendo. Lo importante es que vi en ese momento cómo la música viva se podía cosificar en aquel objeto que conocíamos como "disco L.P." y que tanto las sinfonías de Beethoven como las canciones de "Los Beatles" ya no estaban tan distantes: yo podría componer una obra musical y ésta quedaría grabada en un acetato. Nunca logré que una disquera me grabara en un acetato.

Cuando el C. Gobernador del Estado de Veracruz era Don Rafael Murillo Vidal, mi señora madre María Christen Florencia y Yolanda Reyes Pale armaron un bonito evento con romances españoles cantados y escenificados. El vestuario estuvo a cargo de Bertha Duhalt de Beverido, la dirección escénica a cargo de Manuel Montoro y la escenografía de Guillermo Barclay. Afortunadamente logré conseguir una fotografía del evento, misma que, si no me equivoco, formará parte de los testimonios visuales del libro conmemorativo. Delante de mí había una rubia que me recordaba a la compañera de la escuela primaria. Era la mujer que tocaba la guitarra. Se trataba de una alumna de mi madre, en la Facultad de Letras. Me llevaría unos tres o cinco años de edad.

-No se te vaya a ocurrir hacerle ninguna proposición -me advirtió enérgicamente mi madre, disposición que acaté con tal rigor que hasta la fecha ignoro el nombre de tan bella dama.

Fue en ese evento que aprendí a dominar mis instintos y separar los aspectos laborales de las emociones primarias. También di mis primeros pasos como arreglista, llegando a transcribir -como Dios me dio a entender- unos romances españoles en notación del siglo XVII. Yo no lo sabía, pero advertí que algo no cuadraba con el ritmo. Y los arreglos que hice probablemente serían severamente cuestionados por un musicólogo moderno. Pero los hice y a nadie le pareció mal. Después, los armonicé, con ayuda de mi profesor de guitarra, quien era ni más ni menos que Alfonso Moreno. La sala chica del Teatro del Estado estaba abarrotada. Al centro estaban Don Rafael Murillo Vidal y su esposa, Doña Virginia Cordero. Cuando terminó el evento, sentí un vacío tan intenso como cuando escuchaba la melodía de violines al unísono, en el ya citado pasaje de "La Inconclusa". Otro ciclo de mi vida se había cerrado para siempre. Había vivido momentos intensos en el teatro y parecía que nunca más volvería a estar de ese lado del escenario. A decir verdad, la mayor parte del tiempo la he pasado en el lado de los espectadores, aún siendo una de las estrellas del evento. Como fue el caso cuando se estrenó "La Arbolaria", una coreografía colectiva creada por los alumnos avanzados de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana y con música de mi autoría. La historia estaba basada en una leyenda amorosa de Tlacotalpan. La trama era triangular. Y yo venía de haber descubierto "La Coronación de Poppea" de Monteverdi en el Conservatorio Nacional de Música y de estar a punto de divorciarme de mi primera esposa. Eran los tiempos del rector Bravo Garzón, el Luis XIV de los veracruzanos. El que estas líneas escribe, daba clases de música en aquella facultad. Mis alumnas eran Leticia Bravo, Rosa Areli Martínez, Beatriz y Natalia Juan Gil, María de los Angeles González, Patricia Fuentes y mi actual esposa, Angélica Ramírez, entre otras personas. El piano lo tocaba César Trejo Viazcán y la batería Adolfo Domínguez. Las generaciones actuales de bailarines envidiarían la cantidad de público que se reunió en aquella ocasión.

Todos estos recuerdos y muchos más estaban latentes cuando escribí mi ensayo para el libro conmemorativo. Pero no se trataba de plasmar mis emociones y mis recuerdos. Bueno, en parte sí. Lo importante era ser objetivo, decir la verdad y hacer justicia, dándole a cada quien lo suyo... en 16 páginas. De hecho, hubo un momento en que se habló de hacerlo en cuatro páginas. Tan sólo la O.S.X. es un habitante del teatro que a lo largo de estos 50 años ha dado un concierto cada viernes, salvo unos cuantos días de vacaciones. Se han escrito extensos libros sobre esta orquesta, la cual es la más antigua del país. Y no se ha escrito todo lo que ocurrió. La misma Universidad Veracruzana, de la cual depende la O.S.X. desde hace mucho tiempo, desechó programas de mano, carteles, notas de prensa. Estos documentos pasaron de ser instrumentos comunicativos a ser basura, antes de convertirse en documentos históricos. No bastaba con los que yo tenía en mi colección. Fui a ver a Benito López, quien trabajó en el Teatro por varias décadas, hasta jubilarse. Alguna vez me había:

-Maestro, cuando guste le obsequio los programas de la O.S.X. Son testimonios.

Pero yo no hice caso. Y es que yo era profesor de Historia de la Música en la U.V. Pero los planes de estudio no me daban para hablar de nuestra institución orquestal con tanto detalle. Confié en que Benito y la Universidad Veracruzana los conservarían. Además, nunca me imaginé que algún día se me tomaría en serio y se me invitaría a escribir la historia musical del Teatro del Estado. Con el tiempo, pagué las consecuencias por esa falta de optimismo. No obstante, Benito López me proporcionó varios programas de mano. El más antiguo fue el relativo al primer festival Casals en Xalapa, mismo que aparecerá en el libro. Si bien ese evento no se llevó a cabo en el desaparecido cine-teatro Lerdo, fue uno de los detonantes del proyecto que daría origen al Teatro del Estado. Con todo y que el sitio era una joya arquitectónica como lo son el teatro Llave de Orizaba y el Pedro Díaz de Córdoba, fue demolido en tiempos del Gobernador Fernando López Arias. Una razón fue la pésima acústica del lugar. Otra, me imagino, el olor de los escusados. La capacidad de aquel lugar ya era insuficiente al final de los sesenta. Tampoco contaba con un área de estacionamiento. Mi opinión es que ese edificio debió preservarse y restaurarse, en vez de ser derruido. En fin, que palo dado ni Dios lo quita.

Ante la falta de evidencias que respaldaran mis recuerdos infantiles y juveniles, acudí a la hemeroteca de la USBI, solo para llevarme la sorpresa de que su colección iniciaba a partir de marzo de 1985. ¡Los periódicos anteriores habían desaparecido! Me trasladé al Centro Cultural Ruben Pabello justo en el momento en que iba a estar cerrado una larga temporada por remodelación. Mi amigo Juan Barrientos, quien probablemente tendría una gran cantidad de recuerdos, andaba en París e iba a regresar cuando yo tenía que entregar el resultado final de mi escrito. En "El Diario de Xalapa" no me querían prestar los números anteriores a 1985, porque se estaban desbaratando. En el Archivo General del Estado de Veracruz, tampoco. Acudí con Héctor Herrera para plantearle el problema y le solicité un salvo conducto con el cual pude tener acceso a la hemeroteca del archivo general del Estado de Veracruz. Así tuve acceso a las publicaciones del Diario de Xalapa de 1962 a 1970. Aunque había numerosos ejemplares y páginas mutilados y desaparecidos, la información me desbordó. Para avanzar rápido, me llevé mi cámara fotográfica y mi grabadora de reportero. El Maestro Fernando Ávila Navarro me confió amablemente su colección personal. Además, me concedió una entrevista que me amplió el panorama con relatos de primera mano provenientes de uno de los protagonistas de la historia. También entrevisté a los maestros Enrique Velasco del Valle y Rafael Jiménez Rojas, así como a Alberto de la Rosa y Jorge Arteaga. Benito López me comunicó que en el cuarto de máquinas había una gran cantidad de carteles, que hablaban por sí solos. Y así fue. Aunque no pude entrevistar a otros grandes protagonistas como lo fueron Alfonso Moreno, Francisco Savín, Luis Herrera de la Fuente o Guillermo Cuevas, la verdad es que mi problema era como decir tantas cosas en tan poco espacio sin cometer injusticias. Tampoco quería dejar fuera mis vivencias artísticas en el Teatro del Estado, por pocas que hayan sido. Así que abordé una estrategia narrativa que me permitió tomar como columna vertebral la historia del paso de la OSX adelantándome en el tiempo cuando había algún tipo de conjunto o solista que me permitía hacerlo y regresando a la línea principal de la narración. De esta manera desfilaron el Coro de la Universidad Veracruzana, los guitarristas, los jazzistas, los folcloristas y la Orquesta de Cámara de Xalapa, entre muchos otros.

En resumen, escribir "Música y ópera" fue volver a vivir momentos maravillosos y recordar a personajes entrañables y hasta emblemáticos de nuestra ciudad, como lo es "El Juanote". Quiero decir con esto, antes de despedirme, que lo escrito en ese ensayo, es la punta del iceberg de toda la actividad musical del Teatro del Estado. Y es que se dicen fácil las palabras "Cincuenta años", pero cincuenta años son medio siglo. Es maravilloso como un recinto de esta naturaleza ha estado trabajando incansablemente cuando otros edificios similares ahora son tiendas de muebles, estacionamientos o cualquier otra cosa menos teatros. Les recomiendo ampliamente que consigan este libro y que visiten nuestro Teatro del Estado, el cual se está renovando con la idea de regalarnos otro medio siglo de música, danza, teatro y las emociones que emanan de estas disciplinas.