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miércoles, 12 de diciembre de 2012

La muerte de Jenny Rivera

Acabo de terminar de leer el libro "El Imperio Perdido" de José María Pérez Gay, en una versión de la editorial "Ediciones cal y arena" impresa en febrero de 2010. Mi hija y mi esposa han estado comentando no sólo la noticia de esa muerte a través de los medios de comunicación tradicionales, sino en la reacción que este lamentable suceso ha provocado en las redes sociales. Dos comentarios, recogidos por ellas, porque les chocan, me llaman la atención: "se le ha dado más cobertura a la muerte de Jenny Rivera que a la de Carlos Fuentes" ¿y?. La otra, más estúpida aún es "se murió Jenny Rivera. No me gustaba su música. Qué bueno. Una naca menos". No sobra decir que estoy en completo desacuerdo. Pero de peor gusto me parecen aún las imágenes de los trozos de carne humana esparcidos en el sitio del accidente.

Y ahora es cuando voy a citar a Elías Canetti, citado a su vez por Pérez Gay en "El Imperio Perdido": "Toda muerte es odiosa, igual la de cualquier persona que la nuestra. Ningún ser humano debió morir, todo deceso es una lástima; nada más cruel que la muerte de otro, nada más increíble que la frase 'ese hombre murió a tiempo'. A veces creo que si acepto la muerte el mundo desaparecerá para siempre. Por eso la guerra, el asesinato masivo, nos refiere a la inconmensurable estupidez social".

Se que los mexicanos tenemos otra visión de la muerte. Incluso hacemos un ritual extraño entre los días 31 de octubre y 2 de noviembre. Sin embargo, debemos cuidarnos de alegrarnos con la muerte de quien sea. Parece que no escarmentamos con lo vivido del primero de diciembre de 2006 al primero de diciembre de 2012. Hace poco escribí que creí salir del horrendo túnel que es la vida dentro de un país fascista. Pensar la muerte en los términos que estoy cuestionando, es pensar como fascista. Y, como consecuencia, como un estúpido social.

Guardémonos de comentarios frívolos. Respetemos el dolor de las familias de los difuntos, sea la de Carlos Fuentes, sea la de Jenny Rivera o la de un ilustre desconocido.

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