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lunes, 18 de febrero de 2019

El germen de la autodestrucción (probadita)

Hola. ahora les comparto el primer capítulo de mi novela "El germen de la autodestrucción". Es una novela un poco diferente. Se trata de una bildung roman que se gestó hacia 1971 y desde entonces ha venido madurando. Es una novela setentera (El cronotopo ocurre en la Ciudad de México entre 1971-1974, con escapadas a algunas provincias)
NOTA:
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CAPÍTULO I.


Víctor Castelán, al buscar las causas de sus conflictos interiores, se daba cuenta de sus carencias teóricas, pues creía que con el materialismo dialéctico podría resolver cualquier clase de problema, incluídos los psicológicos y la búsqueda del amor. “He leído literatura revolucionaria,” pensaba. “Pero no la parte teórica y básica del socialismo científico”. Él y los de la brigada salieron a entrevistar a muchos conductores del transporte público. Los resultados fueron desalentadores: los choferes parecían mostrarse conformistas; o, de plano, recelosos y pesimistas. Raquel creía que se debía a que no estaban bien hechas las entrevistas, pero Víctor no podía más. Sentía que su personalidad se derrumbaba y se desmoronaba sin ver salida alguna. Cuando trataba de resolver sus conflictos interiores, lo único que hacía era cometer un error tras otro. No encontraba la salida; lo único que cosechaba, era la desilusionante conclusión de que los obreros desconfiaban de los estudiantes sin preocuparse por ocultar su recelo.  No podía resolver sus problemas y empezaba a considerar la posibilidad de retirarse de la brigada; Julián, su amigo, también estaba en una crisis similar: pertenecía a una acaudalada familia de la colonia Polanco, vivía en constantes fricciones con ella, se negaba a llegar temprano a casa, a no escuchar Radio Habana y a dejar de leer. Su madre lo amenazó con sacarlo por medio de la policía si volvía a llegar entrada la noche.

Víctor estaba nervioso, pues el día anterior, en el coche de Raquel, Carlos le había dicho que iban a juzgar a unos líderes del movimiento estudiantil del 68. Eran los que unían al grupo de Víctor Rico Galán, un famoso periodista izquierdista, con el funesto 2 de octubre del 68. Víctor Castelán portaba unos lentes de arillo metálico, hexagonal y de cristales verdes, para verse a la John Lennon, pues estaba un poco acomplejado por saberse mestizo. Siempre vestía con pantalones acampanados y ropa de color chillante. Envidiaba las barbas de Fidel Castro, pues a él sólo le crecía una incipiente piochita. Rondaba los veinte años de edad, en tanto que Raquel era una mujer joven, de veinticinco años, delgada y de ojos rasgados con los que podría pasar por una agente de la China comunista.

Pero las cosas no se revolucionaban con la rapidez que él deseaba; y, aun así, todo cambiaba: las actividades de la brigada tarde o temprano se reanudaron. San Pedro Xalostoc era el objetivo. Cercano al Distrito Federal, este polvoso pueblo estaba lleno de fábricas, chimeneas humeantes y un montón de fierros oxidados. Las calles eran de terracería; cuando llovía, se convertían en unos lodazales repulsivos, y cuando no, era el polvo y el humo lo que se respiraba en ese lugar. Ahí estaba Raquel, charlando con unos obreros, escogidos casi al azar. Era persuasiva. Consiguió el nombre y domicilio de Monleón, un chofer que pronto estaría reclutado al movimiento. Este hecho reanimó no sólo a Víctor, sino a Julián, a Rosa y a todos los miembros de la brigada. Parecía que al fin estaban rompiendo el hielo que existía entre la clase trabajadora y los estudiantes.

Los de la brigada se reunieron en el parque “Hundido” del Distrito Federal. Era un día luminoso, por la mañana. Las tórtolas enriquecían el ruido ambiental con sus cánticos, que alternaban con el rumor de los neumáticos y las hojas de los árboles mecidas por el aire de la otrora región más transparente del mismo. Bueno, ya está suave, dijo Pedro, vamos a empezar de una vez. Raquel se colocó sus lentes.

–Orden del día –dijo Raquel.

Se entabló una larga polémica, sobre si debía iniciar Raquel, o si ya se estaba burocratizando la brigada, que si había que votar por alguno de los otros «ponentes», que si someter a votación el tema era democrático o una práctica pequeño-burguesa, etc., etc. «Por eso la teoría de la huelga de masas de Rosa Luxemburgo no condujo a nada» pensaba Julián. «No hay duda de que el método vertical de Stalin era mucho más eficiente». Tras de una hora de discutir el tema, se acordó por mayoría de votos que Raquel leyera su orden del día, la cual estaba estructurada en una serie de puntos. Apenas dijo una frase y se detonó otra discusión de largos vuelos. Se debatía cuál debía ser el primer punto. Me parece absurdo discutir eso ahora, interrumpió Emilio el debate. Es un problema epistemológico que lleva discutiéndose hace dos mil años y no creo que puedan resolverlo aquí y ahora. Y aunque la discusión la ganara Pedro ¿Cómo vamos a saber qué es lo general? ¿La huelga de Xalostoc? ¿O el asunto de Vìctor Galán? Por eso creo que es mejor empezar con los asuntos tal y como los trae Raquel, dijo Víctor ¿Pero cómo no vas a saberlo? Dijo Pedro. La información es lo general.

–Oye –le preguntó Rosa a Emilio –¿Cómo dijiste que se llamaba el problema?

Rosa no parecía ser hermana de Raquel. «Rosa» era su alias. Su nombre verdadero, Julián, Mauro y Víctor nunca lo supieron. El seudónimo había sido elegido en honor a Rosa Luxemburgo.

–Epistemológico –Respondió Emilio, con gran autosuficiencia.
–Gi, gí –¡Cada palabra que inventas! –Dijo Rosa–. Pues yo creo que Pedro y Víctor no están de acuerdo con el método, pero veo que están de acuerdo en que se comience por la información.

¿Es necesario seguir boteando en los camiones? Lanzó Raquel la inquietante pregunta. Se informó que Mauro estuvo a punto de ser detenido por la policía: cuando arengaba a los pasajeros de un camión, un agente del orden lo tomó del brazo. El camión del servicio urbano estaba repleto de pasajeros. Era una hora pico. Venga conmigo joven, ¡jálele! Dijo un policía, sujetando con fuerza a Mauro por el brazo ¡Suélteme! Mauro movió el brazo de arriba hacia abajo varias veces hasta zafarse y saltó del camión en plena marcha. El chofer cerró la puerta cuando el policía iba a saltar y no frenó, a pesar de los timbrazos del oficial, hasta que había transcurrido un kilómetro y así abortó la persecución.

Se llegó al acuerdo, dijo Raquel, que los trabajadores debían botear, pues así los estudiantes podremos organizarlos mejor y ponerlos en contacto con otros grupos de obreros en lucha. Es un acto de cobardía pequeño-burguesa que ellos se expongan y que nosotros nos limitemos a dirigirlos, protestó Carlos. «Desgraciadamente», respondió Raquel, «nosotros somos la conciencia de la clase obrera. Ellos están enajenados, no están conscientes de su situación. No podemos darnos el lujo de que la policía nos capture. Pero necesitamos del dinero del boteo para mover la organización».

“Botear” era un verbo acuñado para describir la actividad de realizar una arenga pública contra el sistema y pedir una colaboración económica para poder enfrentar al aparato de Estado. El dinero se depositaba en unas latas de leche en polvo vacías, la tapa tenía una ranura, a modo de alcancía. Los brigadistas a menudo se sorprendían por la cantidad de gente que cooperaba con ellos: ancianas, amas de casa, burócratas, niños, obreros. Era evidente el malestar de la población con el gobierno en turno. A menudo las ancianas les daban unas escasas monedas acompañadas de muchas recomendaciones y apoyo espiritual.

–Cuídense mucho jóvenes, y que la virgen los proteja– dijo una viejecita al otorgar su cooperación, acompañando su donación con una temblorosa persignada. A Emilio le parecía más valioso este gesto que los pocos centavos otorgados por la mujer octogenaria.

Tras otro largo y difícil debate en pro y en contra, donde brillaban discursos tanto de los duros como de los moderados, Raquel avanzó un poco más en su programa. El tercer punto, dijo la muchacha, mirando a todos desde sus lentes de lechuza, se trata de una crítica a una asamblea a la que asistieron Carlos, Julián y Víctor.

Los aludidos, por primera vez, permanecieron quietos, sin debatir. Estaba genial la música de fondo, recordó Carlos, rompiendo el silencio. Sí, dijo Julián. Me parece que era el Bolero de Ravel. El auditorio donde se llevó a cabo esa asamblea era el de un conocido sindicato de electricistas. Estaba alumbrado casi en penumbras, un tanto sucio y abarrotado de todo tipo de proletarios, excepto un señor de lentes de arillo metálico dorado, bien peinado y vestido con una camisa de rayas blancas y azules verticales, planchada con pulcritud; sin duda, era rico y estaba fuera de lugar. La música del célebre compositor francés había sido puesta como un reiterado fondo musical, mientras llegaban a la palestra Valentín Campa, Demetrio Vallejo, los líderes del SNTE y del Sindicato Mexicano de Electricistas. Una bailarina danzaba sobre el escenario. Era una líder estudiantil del 68 excarcelada. Luis Echeverría la liberó al tomar posesión como Presidente de la República. Sus piernas estaban algo rollizas y aclaró que le engordaron durante la prisión, lo cual era un duro castigo para ella. La mujer giraba a modo de que el vestido volara y dejase ver sus muslos. Un orador había recomendado que los espectadores prestaran atención a sus piernas, pues estaban marcadas con las cicatrices que los torturadores le habían provocado.

Carlos tomó la palabra, para informarnos de lo que le hacían los malvados patrones a los pobrecitos obreros y dijo que el primer orador se la pasó tres horas hablando, que no propuso ningún medio de lucha y que por eso la asamblea se desmanteló. De por sí, ya estaban aburridos de oír el Bolero de Ravel una y otra vez. Es una lástima, pues ahí se iba a concertar una alianza entre camioneros, ferrocarrileros, una tendencia democrática del SNTE, los electricistas independientes, los estudiantes y los obreros concientizados; por cierto, el otro error fue dejar hablar al líder de los maestros antes que a Valentín Campa, pues lo único que hizo fue darse golpes de pecho y ya no quedó nadie. La sala se vació. Es verdad, dijo Víctor. Ninguno de los brigadistas oyó a Campa. Tuvimos que retirarnos, aburridos de tanto sentimentalismo. Cuando Julián me estaba sugiriendo que nos retiráramos una voz gritó «¡Un policía! ¡Un policía!» Alguno de los oradores identificó al hombre de la camisa de rayas azules como un soplón del gobierno y se armó un tumulto. En eso, dijo Julián al oírse aludido, uno de los líderes tomó la palabra y pidió calma. Dijo que se trataba de un acto de sabotaje. Otra voz pidió linchar al supuesto delator.

–¡Es un provocador! –Arengaba un orador– ¡No caigamos en la tentación de maltratarlo! ¡Eso es lo que están esperando para entrar a reprimirnos!

Campa hizo que se suspendiera la asamblea hasta que se calmaran los ánimos, dijo Julián. Como nos pusieron de nuevo el Bolero, y el intermedio se hacía cada vez más largo, les dije que nos fuéramos. Víctor quería seguir oyendo el Bolero y tuvimos que esperarnos hasta que se acabó. Ya ni la friega. Sí manito, ya ni la chingas, dijo Carlos, dándole un pequeño golpe a Víctor.

–Ja, ja, ja –Rieron a coro todos los brigadistas.

El penúltimo punto de Raquel giraba en torno a Monleón, un chofer que no sabían si era de los suyos o un infiltrado. No lo podemos «cortar» pues es dice ser nuestro más fiel seguidor, dijo. Al menos, en apariencia ¿Qué hacemos con él? Yo pienso que nos está saboteando, intervino Julián ¡No hay tiempo para pensar! Dijo Raquel, afligida porque llevaba varias horas exponiendo los puntos de su orden del día. Bueno, ahora pasemos al tema de la Comisión de Seguridad ¡Pero ya, porque ya me quiero ir! ¿Comisión de seguridad de qué? ¡Hay que analizar! Dijo Pedro. Si analizamos nunca vamos a salir de aquí, protestó Raquel.

La comisión es para los seudónimos, dijo Víctor. Para que no nos reconozcan «los tiras» y para la coartada si nos agarran ¡Exacto! Dijo Raquel ¿Alguno ha pensado qué nos pasará si caemos en manos de la policía? N’ombre ¡Quién se va a fijar en nosotros! Si estuvieramos haciendo guerrilla, estaría de acuerdo, dijo Pedro.

La sesión concluyó. Nadie se resistió a preguntarle a Pedro porqué hablaba como cubano si era de Sonora. La explicación que dió es que estuvo como voluntario en Cuba cortando caña por más de dos años. Y se le pegó el acento. Los brigadistas de los niveles inferiores estaban deslumbrados. Al principio de los setenta eso deba mucho prestigio; algunos, incluso hasta secuestraban aviones para poder asilarse en la isla caribeña.

Víctor, por su parte, quería meditar más y más sobre lo que ahí había pasado. Sentía que se estaba quedando al margen de los acontecimientos. Se despidieron. Él, Mauro y Julián se fueron en grupo a visitar a la profesora Ruth. Fue en el departamento de ella donde se conocieron Julián y Víctor. Ambos buscaban afiliarse a un movimiento socialista hasta que Ruth los citó a una reunión, por la noche. Era un sábado de 1971 y fue en ese lugar que conocieron a Iñaki, a Josefina, a Max y a Lolita.

Josefina y Víctor ya se conocían desde la infancia. Pero sólo fueron amigos durante un año. Josefina se fue a vivir a otra ciudad. La soledad invadía a Víctor, quien creyó que al reencontrarse con su antigua amiga podría encontrar el amor. Hacía unos meses atrás que la había visitado, con el pretexto de ir en busca del movimiento socialista. El reencuentro fue bastante descorazonador para Víctor. Josefina era la pareja de Iñaki; al menos, éste parecía ser su novio, pues aunque ni se abrazaban, ni se besaban, ni se tomaban de la mano, sí dormían juntos, lo cual no dejaba lugar a dudas respecto al nivel de relación íntima que sostenían. Iñaki era un poco pedante, pero deslumbraba a todos narrando un cuento, fruto de su inspiración. La historia iba bien, hasta que de pronto, decayó su calidad y Max estalló en risas.

–Ahí estaba la puta, frente al bidé, abierta de piernas –decía Iñaki, sin poder concluir su relato, a causa de las risas.

La señora Ruth, en cambio, no sonreía, y con la lengua, hacía ruidos de reprobación. Iñaki no pudo concluir su relato porque estaba muerto de la risa. A ruego de Josefina, narraron, o más bien, actuaron un chiste que duró media hora. A pesar de su larga duración, el relato no dejaba distraerse a nadie, y hacía reír todo el tiempo a la concurrencia.

–Me caes muy bien –le dijo Julián a Iñaki, cuando éste terminó su relato–. Deberíamos reunirnos más seguido.
–Me parece buena idea –respondió Iñaki– ¿Qué te parece si intercambiamos direcciones?

De esta manera, los nuevos amigos iniciaron una serie de visitas a la señora Ruth, todos los sábados, por la noche. Junto a las creaciones literarias de ese curioso par, sonaba la cuarta sinfonía de Mahler y la profesora los agasajaba con varios litros de té de jazmín.

Iñaki encontró a un gran amigo en Julián y aceptó ingresar a la brigada. Asistió a las reuniones de «praxis política» y escuchó a Monleón, un chofer. Las relaciones de la brigada con los trabajadores le dejaron una sensación de insatisfacción. Puso el dedo en la llaga: insistió en que la brigada debía prepararse en el campo de la teoría. Esto trajo consigo ríspidas discusiones con Raquel, quien tenía una mentalidad pragmática. Para sorpresa de Víctor, Emilio entró a la discusión apoyando a Raquel. Porque Emilio estaba consciente de las carencias teóricas de los demás brigadistas y a menudo hacía hincapié en la necesidad de hacer ciertas lecturas, como los libros de Althusser. El debate fue uno de los más reñidos en la historia de la brigada. Pasaron las horas y la balanza no se inclinaba por ningún lado, hasta que Emilio decidió tomar una decisión draconiana.

–De seguir así –dijo, enojado–, la brigada tendrá que dividirse en un grupo teórico y en otro práctico.

Como Julián estaba deslumbrado por Iñaki, lo obedecía cada vez más y dejaba de asistir a la brigada, para sorpresa de Mauro y de Víctor, los brigadistas más afines a él. Llegó el momento en que la madre de Julián le prohibió a su hijo salir a cualquier lugar que no fuese la escuela. Estaba becado y le faltaba un año para ingresar a la universidad. Trató de seguir como becario, pero desobedeció las duras reglas impuestas por su madre, quien, en un arrebato de ira y para castigarlo, logró que le quitaran el estipendio, pero no consiguió doblegarlo: Julián se fue a dormir al departamento de Iñaki mientras que éste hacía cada vez más atractivas las reuniones en casa de la profesora Ruth; ella, con su hospitalidad, contribuía a que las sesiones se alargaran hasta la media noche: les servía café colombiano, té de jazmín, galletas y una multitud de platillos deliciosos, servidos en vajilla de porcelana china.

En uno de los muros de la pequeña sala, había un poster que tenía un eslogan: «Los setenta, ¡qué suerte de vivirlos!» Contrastaba la belleza de la frase con la imagen de un soldado norteamericano encañonando por la sien a una anciana vietnamita y llorosa. Fue cuando Víctor conoció a Lolita, la hermana menor de Max. No se parecía en nada a la Lolita de Nabokov, salvo en que era rubia y menor de edad. Ella era casi enana, tenía cuerpo de niña y vestía a la usanza hippie, casi como Janis Joplin; su hermano, en cambio, vestía de saco sport de pana y fumaba pipa con tabaco aromático. Lolita se moría de ganas por ir al festival de rock de Avándaro y todos la trataban con indiferencia. Sin pensarlo mucho, invitó a Víctor, pensando que él sería su cómplice en tal aventura.

–Oye maextro –dijo Lolita –¿Te pasa el rock?
–Bueno, sí. Me gusta –respondió Víctor, con toda la diplomacia que pudo proyectar.

La verdad es que los gustos rockeros de Víctor eran anticuados. El último acetato que había oído con interés era el primer disco de los Doors. Ni siquiera había escuchado con atención las producciones posteriores de este afamado grupo. La música de Janis Joplin, Led Zeppelin o de Jimmy Hendrix le parecía una verdadera tortura auditiva. Tal vez la estancia en la facultad le había modificado los gustos.
–Los toquines de Hendrix son verdaderas manifestaciones contra Ronald Reagan, maextro –le decía Lolita a Víctor.
–Vámonos a Avándaro –decía Lolita–. Además del festival de rock va haber una carrera de motos, es buena onda.

“La mesa está servida” pensó Víctor. “No puede ser verdad tanta dicha. Esta chava está liberada y me está invitando sin cohibirse a la aventura. Puedo llegar muy lejos. Lo que no me gusta es su estatura. Se me hace que es una niña y si es así, me voy a meter en muchos líos si le sigo la corriente”. Órale, llégale maextro y nos vamos aunque sea tú y yo solos. Pero… es que apenas te acabo de conocer y no sé ni qué onda. Ya vas, te vas a arrepentir. Ella se ofendió, pero Víctor no le dio mayor importancia al incidente.

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domingo, 27 de enero de 2019

Veneno de nauyaca capítulo I

Hola, les comparto el primer capítulo de mi novela "Veneno de nauyaca", que puede comprarse completa en https://www.amazon.com/VENENO-NAUYACA-objetivo-justicia-resultado-ebook/dp/B07MXQ6BLP/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1549427514&sr=8-1&keywords=veneno+de+nauyaca+Francisco

Ojalá y sea de su agrado.

 

CAPÍTULO I


Jorge Paterson Lara, experto en resolver acertijos legales, buscaba hallar la verdad del caso de Roberto Stein Pérez, el difunto Procurador de Justicia de la Nación. La oficina de Paterson estaba ubicada en un viejo edificio de la colonia Roma, en el Distrito Federal. El esmog de la Avenida Insurgentes imprimía un tono gris no sólo a la construcción, sino a los añejos ventanales, y una tonalidad anaranjada al horizonte. Jorge Paterson leía un periódico, apoyado en un escritorio de madera Art Decò, heredado de su abuelo, Míster George Paterson Senior. Al escritorio ya le faltaba el barniz en algunas áreas.

–No me creo la teoría de la falla mecánica –le comentó al abogado Alejandro Holbein, su colaborador.
–Todo indica que así fue –respondió Holbein.
–Más bien, todo indica que el autor intelectual del asesinato va a ser nombrado nuevo Procurador de Justicia de la Nación.
–Hay tres candidatos: Joaquín Weber, el doctor Basilio y Sergio Cabianca.
–Sería terrible que Cabianca fuese el sucesor de Roberto Stein.
–¿Para nosotros o para la nación? –preguntó su colaborador, preocupado.
–Para el mundo entero, mi estimado Holbein –respondió Paterson, lacónico, mientras recorría con la mirada las sucias cortinas del lugar.

La mente de Alejandro Holbein le permitía entender los razonamientos de Paterson antes que el resto de los mortales. Pero su agudeza de ingenio palidecía al lado de la de Paterson Lara y tampoco podía competir con la del Doctor Joaquín Weber Barrios, el candidato para dirigir la Procuraduría de Justicia de la Nación, y militante del Partido Conservador Nacional, el PCN.

Weber estaba dotado de un gran poder de mando, el cual ejercía con una innegable autoridad. Sus ojos fríos y azules intimidaban a todo aquel que lo viese, sentado en una especie de trono, tras de un enorme y barroco escritorio, desde donde señalaba algo con dedo índice acusador e imperativo cada vez que emitía una orden.

–La verdad –rompió Paterson el silencio– no hay a cuál irle. El Doctor Basilio es un incompetente. Y Weber es peor que Cabianca.
–Pero Weber –intervino Holbein, tratando de tranquilizar a Paterson– al menos es honrado. Tiene un expediente intachable.
–No sé. Tengo la corazonada de que tras esa fachada inmaculada, se esconde algo siniestro.
–Usted siempre ha desconfiado de los conservadores.
–En efecto.
–Y sin fundamento.
–Ah ¿Sí? ¿Quién crees que mandó a matar a Stein?
–Fue un accidente.
–Stein era de izquierdas. No era del agrado del Presidente de la República.
–¿Y?
–Weber encaja ideológicamente a la perfección en el gabinete presidencial.
–Si fue un crimen de Estado, ¿tiene usted elementos suficientes para demostrarlo?
–Aún no.

Paterson, la mayor parte del tiempo estaba agazapado y pensativo. Como si olfateara algo en el suelo. Tuvo un par de amoríos en el pasado. A veces los recuerdos lo excitaban. Ahora no tenía a nadie, estaba resignado al celibato sin ser religioso. Le fascinaban las mujeres de 30 a 40 años de edad. Sus fracasos sentimentales lo marcaron con un profundo temor a la vida en pareja, lo que aunado a su timidez frente a las mujeres, le dificultaba entablar una relación amorosa seria. Padecía una cierta bipolaridad, era tenaz ante los intrincados problemas judiciales, estaba resignado a vivir en la soledad, sin hijos, privado del calor de hogar y de las caricias de una esposa. Estas razones eran unas de las principales frustraciones que le había dejado la vida, tan profundas y dolorosas como cuando no pudo evitar la sentencia de un inocente que fue condenado a una larga estancia en prisión.

–Weber es la mejor opción, ¿no cree? –interrumpió Holbein los pensamientos de Paterson, quien hacía un profundo análisis de situación–. Cabianca es un corrupto y es nuestro principal competidor. Su bufete por poco y nos gana el último pleito.

Holbein se refería a un disputado caso en materia penal, el cual se había politizado demasiado. Las corruptelas de Cabianca, unidas a la incompetencia del Doctor Basilio, el médico forense más importante de la Procuraduría, estuvieron a punto de lograr la liberación de un peligroso homicida.

Cerca de allí, en el interior de una patrulla de policía que hacía su rondín de rutina, Pablo Andrés Pérez Marcelino, el conductor, y su jefe inmediato, el agente Rodolfo Girardón Valadés, trataban de entablar una conversación para matar el aburrimiento. Iban rodeados de tres camionetas pick-up, con ametralladoras de torreta saturadas de policías militarizados, vestidos de negro y embozados. Se parecían a Darth Vader muriéndose de calor, a causa del chaleco antibalas y la sobreexposición al sol durante muchas horas. Uno de ellos portaba una bolsa de plástico llena de un líquido color naranja y una pajilla, con lo que se delataba el origen y las necesidades humanas de aquel temible y sediento espectro.

–¿Cómo ves la terna, Marcelino? –rompió el agente Rodolfo el silencio.
Pos’ bien –respondió Pablo Andrés.
–Está de la chingada –corrigió el agente Rodolfo.
–El Doctor Basilio y Sergio Cabianca son un peligro para la patria –comentó Pablo Andrés, casi como robot –pero el jefe Weber es lo que el país necesita; además, nos va a contratar como guardaespaldas personales.
–¿Y tú cómo sabes eso?
–Psss, Oooo.
–Vamos pareja, di la verdad. Tú sabes que a ti yo nunca te traicionaría.
–Weber es lo mejor para la patria.
–¡Huy! ¿Desde cuándo te interesa la nación?
–Desde siempre. Yo daría mi vida por ella.
–¿Y matarías por salvarla?
–Si es preciso, sí. Es un deber matar o morir por la patria –respondió Pablo Andrés, con cierta fogosidad. Se moría de ganas por entrar en acción y vaciarle la AK 47 al primero que se cruzara en su camino.
–No te hagas el héroe. Estamos aquí por la misma razón: en el fondo tienes miedo y por eso justificas los medios para conseguir poder y auto protegerte.

El agente Rodolfo Girardón sentía un terror profundo, un recelo sustentado en el conocimiento del entorno, de la situación: la mayoría de los jefes policiales eran corruptos y lo mejor para sobrevivir, era tapar las rapacerías de los superiores. Le frustraba no tener otro oficio y no poder escapar de esa red pervertida. Era pesimista y muy negativo. En ocasiones tenía arranques de ira que ponían a temblar a sus subalternos; ante la vida, estaba derrotado una y otra vez.

Pablo Andrés, por su parte, irradiaba un espíritu militante y luchador. En ocasiones se mostraba inflexible a causa de una gran rectitud personal y profesional. Estas fortalezas, sin embargo, a menudo se mermaban debido a su complejo de inferioridad: daría cualquier cosa por cambiar su origen indígena y ser rubio y poderoso como Weber. El agente Rodolfo Girardón, más que abjurar de sus ancestros, sólo envidiaba la posición económica y social del Procurador.

Lejos de ahí, en la mansión de los Weber, Soledad y su hija Themis celebraban la noticia:

–Es muy probable que tu padre sea el nuevo Procurador de Justicia de la Nación –dijo Soledad.
–Y vas a mover tus influencias para que así sea –respondió Themis, en tono altanero.
–Hija ¡Respétanos! Tu padre es el mejor.
–Sí, ya lo sé. Y ahora no me vayas a recitar la monserga de siempre: antes de casarse contigo por lo civil, primero pidió permiso a la Iglesia ¡Ya me tienes harta!
–¡Basta! ¿Cómo puedes ser tan egoísta? ¡Tu padre y yo te hemos dado lo mejor de lo mejor! –dijo Soledad, en tono de reclamo, antes de romper en llanto.

La rebeldía de Themis Weber Burgoa iba más allá de lo normal; de hecho, ya no era una adolescente, pero se comportaba como si lo fuese. No podía perdonarle a su padre el haberle negado dinero para inscribirse en la escuela de música. La prohibición no era por razones económicas, pues el sueldo de Joaquín Weber ya andaba por los $95000 mensuales. Se trataba de dejar muy en claro que Themis debía estudiar leyes, como él. Cuando Soledad lloraba a causa de estos arranques de rebeldía, Themis se sentía como una chinche infectada con el virus de la culpabilidad, porque si alguien le había brindado apoyo emocional en los momentos más duros de la vida, era su madre. Por otra parte, Soledad Burgoa Garrido, manipulaba con facilidad los sentimientos de culpa de su hija pero no sabía qué hacer con la propia, la cual era una gran culpa, debida a motivos religiosos: todo lo que hacía era pecado y uno de los más graves era la imperdonable y fabulosa riqueza económica que poseía. Esto la llevaba a obsesionarse con la limpieza y el orden moral. Pese a ser católica, creía en la predestinación de la vida. La sangre le horrorizaba, incluso la sangre de Cristo pintada en los crucifijos.

Los Weber vivían en una enorme y oscura mansión de gusto afrancesado, típica de finales del siglo XIX. Estaba ubicada en el Paseo de la Reforma; los muros grises, en la base, rezumaban bastante humedad, al grado de mostrar un color verde musgo intenso. La gran cantidad de habitaciones de este sitio se mantenía en orden gracias a la servidumbre; en especial, debido a los diligentes servicios de Martina Guzmán, el ama de llaves, cuyo carácter extrovertido parecía contrarrestar el frío permanente de aquella vieja construcción. A ella le gustaba entretener a los demás. Frente a la vida, tenía una fuerte dosis de resignación, que no era impedimento para tener ambiciones ocultas. Con frecuencia, era inconstante en sus labores y dejaba escapar actitudes malhumoradas: llegaba a ser algo grosera, terca y chantajista. Deseaba volver a ser campesina, ambicionaba tener dinero para comprar una finca en Chiapas. Pero su principal deseo era sentirse segura. Sus padres murieron víctimas de los disturbios del 97.
El trabajo de los Weber le proporcionaba esa tranquilidad; y, aunque con el sueldo más lo que había ahorrado ya podría comprar el terreno, los fantasmas del pasado le impedían dar aquel salto cualitativo; por estas razones, le era leal a los Weber.

Cerca de la Ciudad Universitaria, José Uruzel Gallardo y Ángel Bustos tomaban café y unos bocadillos en un sitio, mientras charlaban. Ambos eran profesores universitarios. Ángel impartía Sociología, José Uruzel era profesor de inglés. Por las tardes le daba clases particulares a Themis Weber, a domicilio.

A José Uruzel le gustaban los hombres y también disfrutaba de ser travesti; en cambio, Ángel era casi de clóset pero sabía que ante los ojos del Dios de Israel, era un alma perdida y sin remedio. Para mayores complicaciones, sus ideas izquierdistas lo alejaron del grupo familiar. El patriarca de la familia de Ángel era un judío ortodoxo, con gran desarrollo intelectual pero profundamente conservador y dueño de un gran poder adquisitivo, al igual que la madre. Mas al saber que su hijo predilecto era gay y comunista, tras desheredarlo, la salud de los dos se quebrantó; casi de inmediato, el padre tuvo un infarto cardíaco; en tanto que a la madre, los riñones le fueron insuficientes y tras de una breve agonía, murió. Como consecuencia, el resto del grupo familiar le retiró hasta el saludo; Ángel trabajaba en la Facultad de Sociología de la Universidad de Estudios Superiores de México (la UESM), estaba afiliado al sindicato de profesores y ganaba el salario mínimo intelectual; es decir, menos del 10% del sueldo de Joaquín Weber. Con este trabajo obtenía los satisfactores vitales mínimos y algunas prestaciones. Pero su cátedra de Sociología, en realidad era un subempleo que lo mantenía irritado, pues sabía que estaba capacitado para enfrentar retos mayores a los que le asignaba la universidad. Ésta era una de las principales razones de su rebeldía contra el sistema capitalista. Y para exacerbar estas frustraciones, tenía la profunda convicción de que se le subestimaba laboralmente bajo todas las formas de la discriminación a causa de sus genes judíos e ideas socialistas. Tenía un nivel de estudios alto: Doctor en Sociología, egresado siempre de universidades públicas, pero sin haber disfrutado de beca alguna a pesar de tener promedios altos.

José Uruzel también estaba en el sindicato de profesores, pero nunca fue un líder activo, para eso tenía a Ángel. Era profesor de tiempo completo, disfrutaba de un contrato vitalicio, cumplía con los horarios de trabajo y con los objetivos escolares; por eso, los compañeros de trabajo lo odiaban y todo el tiempo intrigaban en contra de él; pero Ángel, de carácter fuerte y amargado, desbarataba con facilidad todas aquellas labores de pasillo. En cierta manera, esas intrigas le daban la oportunidad de mostrarle a los otros universitarios quien era el más listo. Ángel tenía como fortaleza una gran capacidad de análisis pero no era imaginativo, salvo cuando tenía celos; en las demás situaciones, era rutinario y simple epígono de modelos intelectuales clásicos; sin embargo, era persuasivo, observador y muy buen psicólogo; por esta razón, los directivos del  Comité de Lucha de la Facultad de Derecho, acudieron a él para que diseñara una serie de actos de protesta en contra de la sospechosa muerte de Roberto Stein Pérez, el más reciente funcionario federal fallecido en circunstancias misteriosas. Los muchachos tampoco se creían la teoría de la falla mecánica. Pues el automóvil que transportaba al ex Procurador era un modelo de años recientes y debía estar en excelentes condiciones. Más aún si se ponía en consideración la alta investidura del funcionario. Por estas razones, Ángel había invitado a José Uruzel al café más cercano a la Universidad, para discutir un plan de acción. Pero su amigo tenía en mente otro programa.

–Me aburro tremendamente –le dijo a Ángel, a rajatabla. –Quiero tener una aventura esta noche.
–¿Cómo puedes ser tan frívolo? –respondió Ángel, molesto.
–¿Qué? ¿Estás celoso?
–¿Yo? ¿Celoso de qué?
–De que voy a salir de cacería esta noche.
–Tú no cazarías ni a un perro drogado.

En el fondo, Ángel sí estaba celoso. Quería a José Uruzel para sí mismo y no le agradaba compartirlo con nadie; por este motivo, hacía hincapié en la supuesta incapacidad de atracción de José, subrayándole el fracaso obtenido en la última correría. A José Uruzel, de carácter extrovertido y narcisista, le gustaban los hombres rudos; y, si algo le fastidiaba, era el hecho de no poder seducir a algún fulano.

–Te apuesto a que hoy conquisto a un hombre en el bar –lanzó José Uruzel el reto, herido en su orgullo.
–De acuerdo. Pero si pierdes, te vas a comprometer a nunca más intentarlo.
–Trato hecho.

José Uruzel buscaba la expresión personal y tenía una gran necesidad de belleza; en resumen, era la expresión más pura del decadentismo. Ante la vida estaba dispuesto a exhibir su condición gay a la menor provocación y se creía muy atractivo; en realidad, lo era; y, con su capacidad histriónica natural, aunada a sus habilidades para maquillarse, bailar y vestir como mujer, había engañado a muchos hombres, lo cual le producía una extraña excitación. A diferencia de Ángel, era imaginativo.

El bar al que asistieron, el Dyonisio’s, era un lugar caro. A Ángel le dolió el precio de las copas, era orgulloso y se negaba a que José Uruzel las pagase. Lo que más le aburrió fue ver a los demás comensales bailar salsa cubana: aquello podría durar hasta el amanecer mientras él esperaría impasible a que todo eso terminara, al tiempo que él prolongaría al infinito el contenido de una lata de cerveza barata. José Uruzel iba vestido de mujer. Ambos parecían una pareja heterosexual.

–¿Ves a ese hombre que está frente a ti, al otro lado del bar? –dijo Uruzel.
–¿Qué haces? ¡Ese hombre es el nuevo candidato a dirigir la Procuraduría de la Nación!
–Te apuesto tu sueldo contra el mío a que me lo llevo a la cama.
–Que conste –respondió Ángel, confiado: aquel hombre tan bragado, conservador, casado y padre de familia, no se fijaría en una especie de mujerzuela de bar. Ángel sabía de la militancia política de Joaquín Weber y ahora tenía la oportunidad de imponerle una prohibición duradera.

Joaquín Weber estaba al otro extremo del bar, rodeado de Pablo Andrés Pérez Marcelino y el agente Rodolfo Girardón Valadés, a quienes había contratado como guardaespaldas, conocedor de sus brillantes expedientes policiales. En ese momento, la pareja policial estaba vestida de civil, con unos trajes grises que les daban un no sé qué de James Bond.

–Jefe –dijo el agente Rodolfo –¿Ya vio a la rubia de aquella mesa?
–Sí –respondió Weber.
–Parece que quiere con usted –continuó agente Rodolfo, con cierta picardía.
–No está de mal ver –observó Weber, en voz alta.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Cerebros creativos tras de El Amor en Tiempos Apocalípticos

Tras bambalinas hay una gran actividad, cuyos actores no saldrán a escena, pero su obra es indispensable para el buen desempeño de esta naciente obra: Don Dusc (Derek Uriel Zárate Constela), E Namorado (Elena Namorado) y Lazlo Loza (Eduardo Ernesto Mier Hughes).

Don Dusc es el diseñador del cartel y de las imagenes, salvo las variaciones que aparecieron en este blog. E-Namorado se encargará del vestuario y el maquillaje, en tanto que Eduardo Mier de la iluminación y el diseño de la escenografía, cuya maquilación está a cargo de Florentino Santiago Córdova.

 


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Derek Uriel Sánchez Constela AKA Dusc
Fecha de nacimiento: 16 de enero 1985

Nivel de Estudios: Ingeniero en Sistemas Computacionales, gen. 2008
Sitio web: fb.com/MisterDusc
            mrdusc.deviantart.com
Residencia profesional: Diseño de software didáctico lúdico
Diseño de carteles, volantes, boletos, etc., para el evento Lunas de Octubre, para Katarsis centro de artes.
Diseño de carteles, volantes, boletos, banners, etc., para Tropical: La Ópera Veracruzana, para Katarsis centro de artes.
Diseño de carteles, volantes, banners, stickers, etc., para performers Fishfirika (en La Plata, Argentina), Libélula en (Quito, Ecuador)
Diseño de carteles, volantes, banners, etc., para performista Diseño independiente de imagen corporativa, sitio web y redes sociales para Bindi Herbolaria, Sanante, Restaurante Prehispánico Tecalli, Katarsis, entre otros.
Diseño de publicidad y patrocinio de la Feria del Pan de Muerto Tecalco 2017
Diseño y venta independiente de artesanías propias.
Diseño y venta independiente de máscaras artesanales.
Ilustrador independiente.
Caricaturista para el sitio Buzón Xalapa.
Crítico de cine para el sitio Séptimo Arte Xalapa
Manufactura de props para obras de danza, cosplay y cortometrajes.
 
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Eduardo Ernesto Mier Hughes (Dirección de escena e iluminación)

Licenciado en Escenografía - Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Maestro en Artes Escénicas - Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana.
Especialista en diseños para espectáculos de Danza Contemporánea. Fue diseñador residente de
la compañía de danza Barro Rojo por más de 10 años. Ha diseñado escenografía e iluminación
para coreografías de Serafín Aponte, Bill de Young (EEUU), Sondra Loring (EEUU), Alejandro
Roncería (Canadá), Ángeles Díaz, Cecilia Zárate, Alejandro Schwartz, Bernardo Benítez y
Lidya Romero, entre otros. En 1992, para “Barro Rojo”, escribió el guión original de la obra
Para la Guerra Nacieron los Dioses y los Hombres, producción especial del Festival
Internacional de la Ciudad de México.
Diseños para obras de teatro dirigidas por María Pankova, Martín Zapata, Carlos Converso,
Mauricio Jiménez, Marco Antonio Pétriz, Armando García, Alejandro Ricaño, Brian Richmond,
Giles Hogya y Warwick Dobson (Canadá), además de montajes de ópera y zarzuela. En 1990
recibió el Premio Manolo Fábregas a la mejor Escenografía, en el Concurso de Teatro
Independiente Virginia Fábregas, por la obra Vamos Cuentiando. Becario del programa Jóvenes
Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en el período 1994-95 y del Fondo
Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila, 2006-2007. En 2010 colaboró con el Theater Ten
Ten de Nueva York, con el Victoria Theatre Guild y con la Universidad de Victoria (Canadá).
Jurado Calificador en la 1a y 2a edición del Premio a la Creación Coreográfica Guillermina
Bravo; Xalapa (1999 y 2000). Asesor de Iluminación en el Festival Caribe Veracruz 2000.
Desde febrero de 2003 hasta mayo de 2005 formó parte de la Comisión de Planeación del
Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Veracruz.
Actualmente es responsable del Laboratorio de Producción de la Facultad de Teatro de la
Universidad Veracruzana y catedrático de la misma institución. Ha impartido cursos de
Escenografía e Iluminación para el Centro Estatal de Bellas Artes de Yucatán (1989);
Asociación Nacional de Profesionales de las Artes Escénicas (1993); Sociedad Mexicana de
Maestros de Danza (1998); Centro Nacional de las Artes y la ENDCC (1998); Instituto Estatal
de la Cultura de Guanajuato (1999); Instituto Veracruzano de Cultura (1999); 1° Encuentro
Nacional de Estudiantes de Teatro Xalapa 2001; Centro Veracruzano de las Artes (2007-2008) y
para la Facultad de Danza de la UV (2016)
En 2014 publicó el libro: Iluminación escénica: del Barroco a McCandless, - Libros de Godot.
Entre sus principales actividades, destacan:
TEATRO
Vamos Cuentiando (1990) (Escenografía, Iluminación y Vestuario) - Espectáculo de Armando
Garcia; Grupo El Fauno
(Premio "Manolo Fábregas” a la mejor Escenografía, en el Concurso de Teatro “Virginia
Fábregas”)
La Gaviota (1999) (Iluminación) de Anton Chejov - Dir. María Pankova Organización Teatral
de la Universidad Veracruzana
Hamlet (2002) (Escenografía e Iluminación) de William Shakespeare - Espectáculo de Carlos
Converso. Fac. de Teatro de la UV
El Insólito Caso del Sr. Morton (2003) (Iluminación) - Espectáculo de Martín Zapata
Fac. de Teatro de la UV
Lágrimas Crueles (2006) (Iluminación) - Espectáculo de Brian Richmond
Fac. de Teatro de la UV
Amigo’s Blue Guitar (2007) (Iluminación) - Espectáculo de Giles Hogya
Fac.de Teatro de la UV
Orquídeas para un segundo funeral (2008) (Iluminación) de Martín Zapata
Fac.de Teatro de la UV
Esperando a Godot (2008) - (Iluminación) de Samuel Beckett - Espectáculo de Giles Hogya.
Fac.de Teatro de la UV
Encrucijada (Las brujas de Salem) (2011) (Iluminación) Texto de Arthur Miller. - Dir. de
Mauricio Jiménez. Fac.de Teatro de la UV
El siniestro plan de Vintila Radulezku (2011) (Iluminación) de Martín Zapata.
Foro Fernando Torre Lapham, Fac. de Teatro de la UV
El zoológico de cristal (2014) (Iluminación) - de Tennessee Williams. Dir. Giles Hogya. Fac. De
Teatro de la UV
Soneto para dos Almas en Vilo (2012) - (Iluminación) Espectáculo de Martín Zapata
Foro Fernando Torre Lapham, Fac. de Teatro de la UV
Roma al final de la vía (2013) - (Dirección Escénica) de Daniel Serrano; Grupo Teatro Vía
Sylvia (2014) - (Dirección Escénica, escenografía e iluminación) de A.R. Gurney
Grupo Gato de Paseo
Frida Kahlo ¡Viva la vida! (2016) - (Dir. escénica) de Humberto Robles; Grupo Teatro Vía
2 monólogos (2017) - (Dir. escénica) de Franca Rame y Darío Fo; Grupo Gato de Paseo Teatro
DANZA
Pechiche (1985) - (Iluminación) Espectáculo de Luis E. Mueckay
Grupo Barro Rojo
Babilonia’s Dancing Club (1987) - (Iluminación) Espectáculo de Luis E. Mueckay
Grupo Contradanza
Tierno Abril Nocturno (1991) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
Mujeres en Luna Creciente (1992) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
De Judas, Diablos, Alebrijes y otros Bichos... (1994) (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
Grupo Barro Rojo
El Universo visto por el ojo de una cerradura (1991) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
Espectáculo de Serafín Aponte. Grupo Barro Rojo
Para la Guerra Nacieron los Dioses y los Hombres (1992)
Guión Original, Escenografía, Iluminación y Vestuario
Producción especial de Barro Rojo para el Gran Festival Ciudad de México
Retrato de Inocencio X (1994) - (Escenografía e Iluminación) Coreografía de Serafín Aponte.
Compañía Serafín Aponte
Adiós a la Filosofía (1998) - (Iluminación) Coreografía de Bill de Young
Escuela Nal. de Danza Clásica y Contemporánea
Golpe de Gracia (2001) - (Iluminación) Coreografía de Lydia Romero
Escuela Nal. de Danza Clásica y Contemporánea
Sueño de Aramara (2000) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
Isla de Sacrificios (2000) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
En el Río de las Mariposas (2002) - (Escenografía, Iluminación y Vestuario)
La Catedral Sumergida (2005) - (Iluminación y Vestuario)
Espectáculos de Ángeles Díaz. Grupo Arrecife
Esperas (2002) - (Escenografía e Iluminación) Espectáculo de Alejandro Schwartz.
Grupo Módulo
OTROS DISEÑOS
Cantos de Sol y Resolana (1996) - (Iluminación)
Concierto de Marilú Treviño. Dir. Artística: Mtro. José Luis Sagredo Monterrey 400
Santuarios (2001) - (Escenografía e Iluminación) Espectáculo de Serafín Aponte
Guadalupe Cultural Arts Center. San Antonio, Texas.
Luisa Fernanda (2003) - (Iluminación)
Zarzuela dirigida por el Mtro. Armando Mora. Dir. Musical Mtro. Antonio Tornero Orquesta
Sinfónica Juvenil y Coro de la UV
Frida, un canto a la vida (2007) - (Iluminación) Espectáculo musical de Marcos Lifshitz
Dirección: Octavio Salazar
Twelfth Night de William Shakespeare (2010) - (Escenografía e Iluminación) Dirección de
Judith Jarosz
Theater Ten Ten, Nueva York
Yerma de Federico García Lorca (2010) - (Diseño de Iluminación) Dirección de Warwick
Dobson
Faculty of Fine Arts, University of Victoria, B.C. Canadá.
Puebla y Veracruz (2012) – Iluminación
Producciones de la Escuela Superior de Danza Folklórica Mexicana C’Acatl. Puebla, Pue.
Coreografías del Mtro. Vidal Calvario Tepox.
La Traviata (2015) de Giuseppe Verdi (Iluminación)
A Tempo Productora de Ópera
Payasos (2016) de R. Leoncavallo (iluminación) Ópera dirigida por Armando Mora







Teresita, Sirena y Dalila en El Amor en Tiempos Apocalípticos

Dalila es la amiga del alma de Citlali. Apenas acaba de adquirir la mayoría de edad. Ella baila danzas árabes y es una chica muy espiritual. Es fanática de las culturas árabes preislámicas e incluso anteriores a La Biblia, razón por la cual le propone a Rosario, empresaria teatral, que le ayude a llevar a escena su evento "Ofrenda para Isis". Al principio tienen éxito y logran llevarla incluso al sur de España, hasta que las castigan con un atentado terrorista. Cuando los moros reconquistan el sur de España, encarcelan a Dalila y planean decapitarla. César Gaona, padre de Citlali y marido de Rosario, es un litigante que aboga por ella "a la mexicana". Pero ¿Los sobornos funcionan ante un juez árabe?


Teresita Jimenez encarnará a Dalila y las coreografías de dánza árabe serán de la autoría de Diana Barrón "Sirena". Diana Barrón "Sirena". Antropologa y bailarina. Mención honorífica en los Premios INAH 2011 por la tesis "Estética de la Danza Flamenca en México". Ha realizado etnografìa con grupos gitanos de Veracruz y México, rastreando principalmente su danza. Su trabajo se encuentra en la constante búsqueda integral de la Antropología de la danza y su carácter terapéutico, sanador y poético. Ha tomado clases y continúa su formación maestros nacionales y árabes en lo que es su mayor interés: el folclor del mundo y las danza popular"

Angélica Ramírez y El grupo Katarsis Danza en El Amor en Tiempos Apocalípticos




Originalmente no se había planeado que El Amor en Tiempos Apocalípticos fuese una ópera "a la francesa"; esto es, con danza; no obstante y pese a lo reducido del espacio escénico disponible, la coreógrafa Angélica Ramírez está creando una coreografía apocalíptica diseñada para que el público se compenetre más con la situación que impera en la historia de la obra entre los actos uno y dos. 


 Angélica Ramírez Ruiz. (1945), coreógrafa. Profesora normalista y Licenciada en Artes, opción Danza, por la Universidad Veracruzana (la U.V.). Tomó clases con destacados maestros como David Wood, Tulio de la Rosa, Guillermina Bravo, Takako Asakawa y otros. Cuenta con más de cuarenta años de permanencia en el ambiente dancístico. Impartió ballet clásico durante 15 años en la Facultad de Danza de la U.V. y expresión Corporal para cantantes en la Facultad de Música de la misma universidad. Es fundadora y directora del grupo Katarsis, Danza, grupo que obtuvo una beca para Grupos Artísticos por parte del IVEC. En 2002 Angélica recibió un Estímulo para Creadores con Trayectoria otorgado por el FOESCA del IVEC. En la actualidad se dedica a la enseñanza en el Centro de Artes Katarsis.

En esta ocasión el grupo Katarsis Danza estará integrado por Ivonne Godínez, Rafael Domínguez, Julia Tapia e Isabel Zárate, quienes interpretarán a los cuatro jinetes del apocalipsis. El grupo Katarsis Danza obtuvo un estímulo para grupos artísticos por parte del FOESCA-IVEC hacia el año 2003.