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martes, 9 de octubre de 2018

Descanse en paz Fernando Ávila Navarro

Mi hija me comunicó la triste noticia de que el Director de Orquesta veracruzano Fernando Ávila Navarro ya falleció. Descanse en paz. Fernando llenó una época importante de la Orquesta Sifónica de Xalapa durante los catoece años en que estuvo al frente de ella. En ese momento la institución tuvo que enfrentar dificultades económicas, pero Fernando la hizo crecer en varios aspectos. Ávila logró interpretar por primera vez en Xalapa sinfonías de Brahms y pasó a la historia por la puerta grande con una sublime versión de la novena sinfonía de Beethoven en contrapunto con un ballet coreografiado por Xavier Francis. Yo no estuve en ese momento memorable, pero los que asistieron, aún se acuerdan de ese concierto glorioso e irrepetible.
Fernando, además de ser un apasionado músico, también gustaba de jugar al ajedrez a un nivel bastante fuerte, sin dedicarse a él de manera profesional. Otra de sus pasiones eran las computadoras y su aplicación tanto a la música como a las artes plásticas. Por él me enteré de la primera película Terminator. ¿Qué más se puede decir? Se pueden decir muchas cosas más, que Fernando tenía una charla amena y docta pero no caía en la pedantería o que a veces desplegaba un humor picardiento a la veracruzana. Se jubiló como director de la OSX pero no de la música, pues hasta el último momento estuvo dando clase en la Facultad de Música, donde formó a varios jóvenes directores. Sobre todo, Ávila parecía un hombre fuerte que nunca se iba a morir, pero la vida tiene la característica de que todo lo que empieza tiene que terminar. No es que me agrade la idea, pero es mejor tenerlo presente. El cristalino de mi ojo izquierdo también por servir ha dejado de funcionar. No debo estar mucho tiempo frente a la computadora. No me queda más que despedirme con la triste frase "adiós amigo". Estoy esperando que ésta sea una fake news y Fernando me reclame por haberlo dado por muerto. Pero me temo que no lo es.

miércoles, 3 de octubre de 2018

MARÍA LA VOZ

MARÍA LA VOZ

Relato de Francisco González Christen

Mis compañeros de la escuela de teatro me invitaron a un performance en una vieja casona del Paseo de la Reforma, en el Distrito Federal. Todo estaba oscuro, había mucha gente en esa mansión de fines del siglo XIX. Todos intelectuales, artistas, críticos y pousseurs. Al centro de la sala estaba un féretro con la tapa abierta para que se pudiese ver a través de una ventana el rostro de la actriz que ahí representaba su papel.
            –¿No la reconoces? –Me dijo un amigo.
            –No ¿Por qué tendría que conocerla?
            –Quizá es un familiar tuyo.

La observé. Tenía la nariz algo larga, como las de mi madre, mis primas y mis hermanas. Pero no. No la conocía. Estaba demasiado joven para ser una tía lejana. Observé una plaquita explicativa que estaba al pie de la obra, que a modo de título decía «Aquí yace la vanidad». Sentí un escalofrío, porque era tan real la obra que parecía un funeral de verdad. Pero en un ritual así sería de mal gusto colocar semejante leyenda, por respeto a la difunta, salvo que el familiar que la colocó la odiase y estuviese fastidiado con esos arranques de vanidad.

Mis padres siempre han sido ateos y cientificistas, de modo que nunca me dieron una explicación satisfactoria sobre algunos eventos de mi vida que me parecían extraños y se salían de lo cotidiano. Como, por ejemplo, cuando en mi pubertad me llevaban al Puerto de Veracruz, hacia 1962. A menudo descansábamos en el Parque Zamora, donde había un kiosco donde vendían nieves y había una rocola donde salía la voz de María La Voz, también conocida como «La Voz de Ébano». Esta mujer cantaba una melodía cuyo texto era una arenga contra el racismo. Yo, de genes europeos, quedé impactado por la verdad de aquel discurso. Un hombre moreno, al ver que mis padres no respondían satisfactoriamente mis preguntas, se acercó a mí y con el permiso de ellos me empezó a explicar el porqué de esa canción. En seguida el cajero de la nevería se nos acercó y les dijo que no lo dejaran hablar, que María La Voz era una bruja y absorbía los éxitos futuros de sus víctimas para emplearlos en provecho propio, porque era una cantante mediocre. A mí no me pareció tal cosa. Todo lo contrario: me di cuenta que «La Voz de Ébano» era una voz profunda, sensual y entre más oscura, más fascinante.

            –Al niño le gustó la música, ¿Por qué no le dicen la verdad? –Dijo el hombre de piel morena.
            –No le gustó –Dijo el cajero.
            –Sí me gustó –Dije.
            –¡Váyanse de aquí y háganle una limpia a su hijo! –Dijo el cajero.

Mis padres pagaron la cuenta y nos retiramos del lugar. A ellos les divertía el suceso, tratando a los dos tipos como a un par de locos. Por supuesto que no me llevaron con algún  brujo de Catemaco para que me hiciese la limpia. Pasó el tiempo y “La voz de Ébano” dejó de sonar por la radio. Tampoco aparecía en la televisión. En su lugar entró la «Ola inglesa», con los Beatles por delante, seguidos de los Rolling Stones, los Kinks, The Herman Hermits y muchos más, seguidos por otros rockeros norteamericanos hasta llegar a Alice Cooper, Led Zeppelin, Jimmy Hendrix, Chicago y Pink Floyd, entre otros, quienes borraron del mapa a los músicos «vernáculos» mexicanos. Ya nadie quería escuchar música cantada en español.

Todo lo anterior no tendría importancia, de no ser porque, varias décadas después del perfomance-funeral me encontré con una convocatoria en el periódico donde daban un premio al productor que llevase a escena una obra basada en la vida de María La Voz. Las últimas tres obras que yo había producido fueron un desastre financiero. Me urgía el dinero para pagar las deudas adquiridas y si ganaba ese premio las cubriría todas. Cuando empecé a convocar a mi crew no faltaba quien me hiciese bullying a causa de ser un blanco intelectualoide rindiéndole homenaje a una negra de extracción popular. Pero esos dardos en vez de desanimarme me convencían más de la necesidad de mi proyecto, pues ya no se trataba solamente de ganar dinero: cada vez que uno de esos comentarios me hería, yo confirmaba la verdad de los versos de la canción que escuché al final de mi infancia en la rockola. La lucha contra el racismo cultural me dio una fuerza insospechada y mi proyecto pasó por encima de los demás. Después me enteré que tuve oponentes muy fuertes, apoyados por Doctores en Antropología. Pero, al hacer la investigación, cuando entrevistaba a los familiares de María La Voz, ellos me prefirieron. Incluso me pareció escuchar que desde otra habitación dos de ellos discurrían y decían “es él, es el elegido”.

El proyecto marchaba muy bien. Tras de haber ganado el premio inicial, conseguí un segundo apoyo gubernamental y  gané unos niveles de audiencia en los medios de comunicación que le permitieron a mi proyecto eclipsar la fama de Luis de Tavira por una larga temporada. Parte de la fuerza de mi proyecto es que logré convencer al mejor dramaturgo de América Latina que me escribiese el libreto para la obra. Y ¡O maravilla! No me cobró ni un centavo. Me dijo entre gitanos no nos vamos a leer la mano. Pero cuando tenga un excedente de regalías, lo invito a que se acuerde de mí.

Aproveché para darle un chance a mi hija, quien estaba a punto de egresar de la carrera de teatro. Desde mi punto de vista era una oportunidad de oro: iba a debutar llevando el papel principal de una obra escrita por el Shakespeare mexicano, producida con harto dinero y en la cresta de la ola de un tsunami de noticias culturales y del espectáculo. Ya quisiera yo que mis padres me hubiesen dado una oportunidad así. Por el contrario, siempre se burlaron de mis aspiraciones y me obligaron a estudiar para laboratorista, hasta que me revelé, me fui del hogar paterno al Distrito Federal, trabajé como empleado en una franquicia norteamericana productora de hamburguesas y en mis tiempos libres estudié Producción Teatral, hasta que pude ganar dinero como extra tanto en obras de cine como de teatro. Eso me ayudó a entrar en el ambiente, pero me costó un gran esfuerzo y me tomó mucho tiempo para lograrlo. De hecho, el proyecto de María La Voz era también para mí la gran oportunidad. Así como lo fue para el compositor Ignacio Piñeiro y La Voz de Ébano al principio de la década de los treinta del siglo XX: triunfaron en un teatro ante tres mil espectadores. Las ondas vibratorias de los aplausos hacían que se agitaran los pesados telones del teatro. De eso trató la obra del Shakespeare mexicano: desde el momento en que se conocieron hasta aquel triunfo contundente. Aquí si cabe un adjetivo terminado en “ente” aunque haga rima con “tridente” o “tu diente”. ¿Por qué con tu diente? Más bien fue con el mío. No sé por qué, desde los ensayos, mi hija se la pasaba mirándose al espejo o tomándose selfies con su celular. Llegaba tarde a los ensayos. Parecía desdeñar profundamente la obra. Parecía haber escuchado los comentarios de los intelecuales que me hacían bullying cuando inicié el proyecto. A mi me gusta que en los ensayos estén presentes todos los actores y listos para trabajar desde cinco minutos antes. Mi hija ponía un mal ejemplo peligrosísimo.

El Shakespeare mexicano se basó en mi investigación y en hechos de primera mano, pues cuando él era niño presenció una escena entre Ignacio Piñeiro y María La Voz. Esa escena fue el clímax de la obra Con sabor a trópico, la obra que nos sacaría del anonimato y de la pobreza. Ambos artistas tuvieron una discusión en torno al vestuario de La Voz de Ébano, que culminaba con una renuncia de la protagonista unas horas antes del estreno. Siempre me llamó la atención el hecho de que la fecha de nacimiento del Shakespeare mexicano era el 17 de junio de 1925 y la mía del 17 de junio de 1952. Si se dan cuenta, las cifras del año son las mismas, con una permutación. Pero más impresionante es que los dos somos Geminis y del mismo día.

Claro está que el Shakespeare mexicano no incluyó todo lo que averigüé en torno a la vida de María la Voz. Sólo me sirven tres momentos: cuando ella estaba en la pobreza, cuando él la oye cantar y la invita a participar, y cuando ella va al Distrito Federal y él no se acuerda que la invitó. El final lo voy a armar con mi anécdota, me dijo. Al principio me entristeció saber que muchos hechos quedarían fuera. Por ejemplo el suceso de cuando un hijo se le suicidó por estar borracho con una puta en un hotel de mala muerte ¿Para qué? El valor de mi obra es que María La Voz es una Cenicienta Negra que arriesga su sueño más anhelado por defender sus valores. No caben momentos trágicos. Mi obra no tiene un final feliz tipo Deus Ex Machina porque tiene un final orgánico, inevitable. ¿Tuvieron relaciones sexuales Ignacio Piñeiro y María La Voz?, me preguntó. No, le dije, ella era como una hija para él.

Yo pensaba que todo ese mundo de santería que estaba subyacente en la vida de María La Voz y sus familiares era fascinante. Incluso, un día, mientras elaboraba el proyecto oyendo viejas grabaciones de La Voz de Ébano, cuando estaba inmerso en una página web relativa a los Orishas, me llevé un susto marca diablo: estoy seguro de que había una presencia en mi estudio, una especie de ser humano vestido con una armadura entre medieval y futurista, metálica, gris, redondeada, que venía a pactar conmigo. El Cristo que estaba en el muro de mi estudio parecía invitarme a rechazarlo. El espectro exigía que le sacrificara una gallina negra en ese momento. Pero, ni la tenía a la mano, ni quería ensuciar con su sangre mi estudio ni me parecía ético sacrificar a otro ser para lograr mi triunfo. En la pantalla de mi computadora apareció un dato sobre uno de los Orishas, decía que si no le cumples con el sacrificio, éste se venga tomando vidas humanas. Odio cuando las coincidencias de la vida parecen justificar la existencia de la superstición. La verdad es que a los pocos días se murió el papá de una de las actrices y al día siguiente del estreno de la obra asesinaron a mi asesor de mercadotecnia. Y antes de que reestrenásemos la obra, al año siguiente, se murió el Shakespeare mexicano.

Tampoco tenía sentido decir que María La Voz tenía un cuerpo sensual en su juventud, pero que contrajo la diabetes y engordó hasta morir de esa enfermedad. Antes de casarme con la madre de mi hija, estuve casado con otra mujer. Un día íbamos de regreso a casa en mi Volkswagen por la Nueva Santa María del Distrito Federal y se nos cruzó un Dodge Darte verde con toldo color crema. Mi esposa de aquel entonces se puso furiosa. Tuvo una escena de celos ¿Qué no viste? ¡No te hagas! ¡Ibas en ese coche con otra mujer y una niña! ¡Esa niña es tu hija! No mames. Yo estoy aquí, contigo. Acabamos de pasar por un portal del tiempo ¿De cuál fumaste?

A mi ex le gustaba la brujería. Pero era una principiante y nunca fue buena con aquello de los portales del tiempo, según me dijo un concuño, muchos años después, el día de su funeral. Me acuerdo que en otra ocasión tiró las cartas del Tarot y de nuevo tuvo una escena de celos porque aparecía yo en el futuro con una amante rubia. La verdad es que la madre de mi hija es de piel morena. Pero sí, ya casado con mi segunda esposa tuve una amante rubia. La última vez que hablé con mi primera esposa ella se echó una carcajada: creí que me ibas a engañar con la rubia y en realidad a quien engañaste fue a la mamá de tu hija. Y mi amante rubia, a su vez, me dijo que yo no me había casado con Esmeralda, sino con María La Voz. Que ella me había embrujado. Yo sabía que ella estaba aplicándome el psicoanálisis, pero a nivel principiante: nunca encontré parecido entre Esmeralda y María La Voz, aunque ambas tuviesen la piel morena. O todas ellas eran brujas o todo esto era un cúmulo de supersticiones femeninas inaceptables e increíbles. Lo que más me irritaba eran las escenas de celos por hechos imaginarios.

Lo que sí fue verdad es que la noche anterior al estreno de la obra sobre María La Voz mi hija, por no haber ensayado como era debido, tenía problemas con algunos pasajes de la obra y estaba tan presionada que, hacia las doce de la noche, estalló en llantos y renunció a la obra. Sentí que la tierra me tragaba. Entre toda la compañía hubo un silencio espectral hasta que una de las actrices secundarias me dijo: no se preocupe maestro, si quiere yo hago su papel. Me sé la obra de memoria. Todos voltearon la mirada hacia ella, quien sintió el reproche colectivo a causa de su oportunismo, oportunismo que a mí me sabía a gloria en ese momento. El pianista nos invitó a serenarnos, a respirar unos minutos y a comprender la presión que afligía a mi hija. Así lo hicimos Y me hija regresó al proyecto. Terminamos el ensayo general y la obra se estrenó  varias horas después. Pues ya había entrado la madrugada cuando esto sucedió.

Logramos estrenar la obra. Pero el escenógrafo se emborrachó y no terminó su trabajo. La escenografía era exuberante y costó un dineral. Pero nunca llegó y tuvimos que estrenar la obra sin ella. Su ausencia me hacía sentir que me acribillaban de puñaladas por la espalda. El sonido tampoco funcionó: a causa de la escenografía, no colocamos una concha acústica y el teatro se tragaba la voz de los actores, proyectándola hacia el estacionamiento, pero en las gradas no se oía nada.

Otra cosa que el Shakespeare mexicano no tomó de mi investigación es que María La Voz tenía muchas enemigas. Ya saben, en el mundo del teatro y de la farándula las envidias están al por mayor. Hay una adivinanza en broma que plantea el número de actores que se requieren para cambiar un foco. La respuesta es cien, uno para que lo cambie y noventa y nueve para que digan que ellos lo podían hacer mejor. María La Voz  antes de salir a actuar bañaba el escenario con un perfume de marca Siete Machos que compraba en el mercado de Sonora del Distrito Federal o en algún lugar del Puerto de Veracruz, según donde le tocase la ocasión. Esto era para alejar las envidias, cosa que yo no hice. Un crítico de una revista de circulación nacional destrozó a mi obra, aprovechando estos fallos de la producción. Años después, la volví a estrenar, esta vez no hubo errores de producción y la campaña publicitaria, pese a algunos problemas, fue muy fuerte aún. Ahora el fracaso fue en la taquilla. Y mi hija volvió a estallar en nervios durante el último ensayo general, a las doce de la noche. Se peleó a muerte con el director de escena y me exigía que lo corriera a él o ella no saldría a actuar.

 Mi hija ha estado engordando y engordando. El doctor ya le recetó pastillas de metformina. Mi primera mujer ya murió. Varios días después apareció frente a la puerta de mi garaje un polvo parecido a cenizas humanas que no era fácil de limpiar porque se había adherido al suelo, como si estuviese sujeto a él con un pegamento industrial. Una de las canciones más populares de María La Voz era Cenizas. «Tan sólo cenizas, hallarás de todo lo que fue mi amor». Mi cuñada no sabía abrir y cerrar portales con precisión. Era una principiante, por eso es que echó sobre nuestra familia todo este cúmulo de desgracias y ella fue la más dañada. Mi concuño suena convincente cuando dice eso y parece ser un experto en la materia, pero yo conocí a mi primera mujer después del día en que asistí al performance de El Paseo de la Reforma. Nunca estuve seguro de si aquello era una representación teatral, una exposición de artes plásticas o un verdadero funeral. La verdad es que la figura humana que estaba dentro del ataúd se parecía a mi hija en el momento en que empezamos a ensayar la obra Con sabor a trópico. Todo eso son pamplinas y coincidencias, salvo que Einstein, Borges y Marshall Mcluhan tengan razón y el tiempo no sea lineal, como creemos la mayoría de los seres humanos.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Próximo estreno de obra profética

Hola. Les comunico que "El amor en tiempos apocalítpicos" está programada para estrenarse el primero de diciembre de 2018. ¿Por qué la anuncio como una obra profética? Porque está basada en hechos reales que fueron trascendidos por la fantasía pero el final de la obra tiene semejanzas con lo ocurrido en México en años recientes.
La novedad de esta obra es que yo escribí el libreto. Entre la experiencia de "Tropical", mi primera ópera, donde aprendí lo que pude de Emilio Carballido y lo que adquirí a través de la investigación gané un buen background para hacerlo. El asunto no se quedó ahí: en 2011 asistí a un Diplomado en Cinematografía que se impartió en la Escuela Veracruzana de Cine "Luis Buñuel" donde estudié guionismo con Gisele Amezcua; y en tiempos más recientes, llevé un seminario de Shakespeare, otro de guionismo cinematográfico, dos de poesía y uno de dramaturgia en la Escuela para Escritores y Cinematografía "Sergio Galindo" de la SOGEM.
También realicé una Maestría en Producción Artística y Marketing Cultural en el Instituto Realia para la Cultura y las Artes, entre 2014 y 2016.

Lo anterior responde a la pregunta de si estuve más preparado en la actualidad para componer mi segunda ópera que cuando compuse la primera: Aunque sea una verdad de perogrullo, esto demuestra que sí, que para hacer la segunda estuve mucho más preparado que para hacer la primera.

Pero lo anterior no responde la cuestión de por qué es una obra profética. Bien. Buena parte del libreto está basada en hechos reales, surgidos de mi "diario de un escritor" que llevo desde que tomé clase con Gisele Amezcua pero que lo sigo llevando gracias a las enseñanzas de Irving Ramírez (Escuela Sergio Galindo). Como parte del argumento está la caída de un sistema geopolítico que conduce a una crisis espantosa, como la que hemos padecido en México desde el 2008. Y, al final se resuelve por una acción que los jóvenes de todo el mundo emprenden (con apoyo de las redes sociales), quienes logran que se reestablezca la paz, la prosperidad, la cultura y las artes. Claro que ésta es una de las historias de la ópera, la otra no se las voy a decir, a fin de no "espoliarles" la función.

Lo dicho líneas arriba lo puedo comprobar con el certificado de derechos de autor; pues, como envié incompleta la obra a concurso, tomé la precaución de registrarla en 2016 antes de inscribirla. La obra también fue propuesta en un foro veracruzano, donde fue indignamente rechazada, lo cual favorecerá el eslogan "la obra que la mafia del poder no quería que vieras". Porque es una obra crítica, adversaria del sistema socioeconómico que ha sufrido grandes derrotas en los periodos electorales e incluso jurídicos de México desde 2016 hasta la fecha. Se podría decir que esta derrota también la ha sufrido en otros países; como, por ejemplo, España. Así que los invito que asistan a su estreno, en el teatro J.J. Herrera de la cidad de Xalapa, Veracruz, México, a las 20 horas. El teatro es pequeño, así que les sugiero que una vez que estén a la venta los boletos, los adquieran con la suficiente anticipación. Sirva esta obra para inagurar La Cuarta Transformación de México en el terreno de lo artístico.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ni perdón, ni olvido.

Hace tiempo que no escribo aquí. Mi silencio en parte era el de los poetas, y en parte porque las exigencias de la vida me apartaron de este lugar. No obstante, hoy me llegó la inspiración y les compartiré un poema. Un poema posmodernista, no traten de encasillarlo en moldes antiguos, pues aunque no los ignoro, tampoco los busco. Si tiene rimas, es por casualidad. Si tiene endecasílabos, también, lo mismo que si no los tiene.

Lo único que quiero es que contemplen la belleza de la maldición. Ya que la venganza es un privilegio de los dioses, quede para los humanos al menos la esperanza de una justicia divina.

Respecto a la ley del talión, yo ya estoy tuerto. Voy por el ojo de los corruptos y de los tiranos.



NI PERDÓN NI OLVIDO.

Yo te maldigo, sátrapa corrupto.
Yo no soy poeta.
Por eso no callaré ante tus atrocidades,
Y afilaré mis palabras,
Para que las escuches con toda claridad:

Quiero que todo el mal que has engendrado
caiga sobre tu cabeza mil veces amplificado.

Deseo que tu estirpe sea estéril
Y que tus propios hijos te maldigan.

Deseo que exista el infierno
Para que habites en él
Y te pudras ahí por toda una eternidad.
Y yo prefiero irme al infierno
Antes que perdonar tu iniquidad.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Sigo en la jugada

Hola, me he desconectado un poco de este blog, por razones poderosas pero atractivas: si Dios no dispone otra cosa, el 5 de septiembre presentaré mi exámen de tesis de Maestría, en tanto que el primero de diciembre estrenaré mi segunda ópera, "El amor en tiempos apocalípticos". Eso, aunado a mis deberes como alumno del Diplomado para Escritores y Cinematografía de la Escuela Sergio Galindo, más un montón de asuntos de la cotidianeidad, me ha apartado de aquí. 
Afortunadamente, no he tenido que recurrir a este blog para luchar por La Patria, como tuve que hacerlo hasta el primero de julio del presente año, pues parece que todo va bien y nos encaminamos a una valiosa cuarta transformación.
Otra razón es que, como estoy subiendo de nivel como escritor, prefiero publicar con menor frecuencia, pero mayor índice de revisiones.

viernes, 6 de julio de 2018

Faltan 8 para llegar a las cien mil páginas vistas

Hola, estimados lectores, les agradezco una vez más su preferencia y les informo que, en el momento en que estoy escribiendo estas líneas, este sitio está con 99992 páginas vistas y es muy probable que en el transcurso de esta noche se alcance o rebase la cifra de 100 000.
Dato que se empaña por el bloqueo que acaba de sufrir  mi cuenta principal de Facebook, tras haber compartido una vez desde mi celular el día de hoy la entrada que anuncia el evento "Mujer oráculo" y estar seleccionando unos diez amigos para compartirles el mensaje. Que se me hace que los de Facebook son como el jugador brasileño de futbol conocido como "Neymar", al cuál apenas lo miras y se tira al suelo fingiendo retorcerse de dolor con la idea de criminalizarte. Por otra parte, meterle dinero a Facebook para promover un evento, sea chico o sea grande, es la cosa más inútil de este planeta, pues sus bots hacen que tengas 180000 visitas en un instante, 90000 likes y cero clientes en tu evento. De modo que es mejor compartir tu mensaje con un par de amigos que abultar la deuda de tu tarjeta de crédito. Facebook con estas prácticas se está dando balazos en los pies, pues no es eficaz cuando paga uno el anuncio, pero inmediatamente bloquea tu cuenta cuando compartes tu mensaje con ocho amigos. De seguir como van, van a acabar como hotmail, como un sitio fantasma donde los dueños del sitio fingen que uno lo usa, pero en realidad a nadie le interesa visitarlo, ni siquiera al dueño de la cuenta. Y en cuanto los patrocinadores se den cuenta de esta inutilidad, ciao. Al tiempo.

lunes, 2 de julio de 2018

Escribiendo la Historia con un giro de tuerca

¡Por fin llegó el día de las elecciones! Aunque hay partidarios de vivir en la incertidumbre, yo creo que lo más sano es tener momentos de calma, de resolución de conflictos, de ahuyentar temores (o confirmarlos, según el caso).
La jornada de ayer fue exitosa desde el punto de vista de la participación ciudadana. En algunas casillas, como la que me tocó observar, la afluencia de votantes desbordó con mucho al número de papeletas asignadas y provocó situaciones ríspidas que por ningún motivo son deseables, pero que, afortunadamente, no pasaron a mayores; quiero decir, que no hubo enfrentamientos violentos ni hechos de sangre.
Me salvé de ser funcionario de casilla, pues se me había invitado a ser RC de Morena, razón por la cual decliné. Y luego apareció que por nuevas disposiciones del INE no me aceptaron. Eso me hacía temer la presencia de un megafraude; pues, si en 2015 había sido presidente de casilla y en 2016 RC de Morena y se me había invitado de nueva cuenta a ser tanto funcionario como RC ¿Por qué ahora se violentaban mis derechos ciudadanos? Me explicó mi coordinar de Representantes de Casilla que tal vez una secretaria capturó mal mi nombre y eso provocó mi rechazo. No obstante, me invitó a ser observador ciudadano en la casilla 2035 y por eso es que pude estar dando cuenta a través tanto de mi Whatsapp como de mi Facebook de algunos incidentes ríspidos. Los cuales empezaron a aparecer desde las once de la mañana, pues para esa hora ya se estaba avisando a los electores que se habían acabado las papeletas. La tensión fue subiendo de nivel conforme el tiempo avanzaba. La casilla 2035 es la casilla especial que estaba ubicada en el Palacio Municipal de Xalapa. La fila para los votantes menores de sesenta años salía de la entrada de dicho recinto, avanzaba unos cien o doscientos metros hacia la calle de Rojas, subía por toda la calle, hasta llegar a la calle Revolución; y, según me informaron diversas fuentes, continuaba hasta la glorieta de el árbol. Y pude constatar que esta fila realmente era una fila de tres o cuatro personas a lo ancho. Sin temor a equivocarme, creo que era una fila de uno o dos kilómetros de largo. Habría que consultar una fuente más precisa para corroborarlo. Además, fue una mañana asoleada. La pobre gente que estaba ahí, en un momento, se cambió de acera, a fin de estar del lado de la sombra. 
De vez en cuando llegaban a mi celular algunos memes: del despistado que acudió a una tortillería que estaba junto a una casilla y estuvo media hora formado en la fila equivocada, de la mujer que le dió un infarto porque se enteró que el billete con el que le compraron el voto era falso, etc., etc..
Todavía me quedé unas horas esperando que colocaran la sábana con los resultados y me fuí a cenar al café La Parroquia que está en la calle Enríquez, una milanesa con papas y un café negro "a la veracruzana". Los televisores estaban encendidos, pero el barullo de los comensales hacía difícil escuchar lo que decían los comunicadores. De repente, apareció la imagen de José Antonio Meade de quién alcancé a oír la frase "la votación no nos favoreció" y algo así como "voy a actuar con responsabilidad". Un mesero gritó "ya valió el Duvalín". Después apareció el coordinador nacional del PRI. No pude escuchar qué decía. Ya cuando terminé de cenar, pasé cerca de un televisor cuando era el turno de Ricardo Anaya, quien, a su vez, reconocía su derrota y eso sí lo percibí con toda claridad. Por la calle Enríquez ya se oían los claxonazos "ta ta tá, ta ta tá" (Obrador, Obrador), como si hubiese ganado la selección mexicana de futbol un partido importante. Llegando a casa, corroboré que los conteos favorecían a López Obrador y a su partido por un amplio margen. Que los otros candidatos habían declinado. ¡En hora buena! Interrumpo para ir a ver el partido vs Brasil.
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Acabo de ver el primer tiempo, hasta ahora, bien por México, empezó atacando bien; sin embargo, los brasileños se embalaron hacia la parte final del primer tiempo y nos pusieron algunos sustos. Pero hay portero. Memo Ochoa, ¡excelente!. Espero que Osorio los reconcentre y los conduzca hacia la victoria.
Entre tanto, mi hija navegaba por el Twitter y se encontró con un hastag #AmloNoEsMiPresidente donde proponía la babosada de dividir al país en norte y sur, en sentido contrario a lo declarado tanto por Andrés Manuel como por sus competidores. México lo que menos necesita es continuar dividido y menos ahora que se pretende hacer una limpieza y recobrar el bienestar y la economía de la mayoría de la población. Pobres de esos cuates: AMLO no es su presidente, pero sí de la mayoría de los mexicanos. Ya hasta Donald Trump felicitó a Andrés Manuel y el tono fue muy cordial. Fue un triunfo de la democracia y ahora hay que rezar por que cumpla lo prometido en campaña y regrese la prosperidad y la paz a las familias mexicanas. Los discursos de Andrés Manuel son de reconciliación nacional: no van a haber expropiaciones ni confiscaciones, etc.
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No se pudo. Afortunadamente, no se pudo nada más en materia de fútbol. Nos ganaron 2-0, pero en materia de democracia ganamos. Y, ¿qué es más importante? ¿El mundial de futbol o el resultado de las elecciones? ¡Qué importa el mundial! ¡En México ganó la democracia! Invito a mis amigos derechairos a que se serenen, a que se tomen unas cervezas y asimilen las derrotas, pues ellos sí acabaron dos a cero. Los chairos acabamos uno a uno: perdió la Selección Mexicana de Fútbol, pero ganamos las elecciones. #AmloSíEsMiPresidente.