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sábado, 18 de octubre de 2014

La filosofía de la mierda

En este artículo, trataré de estar a la altura de Emmanuel Kant o de Hegel. Tarea difícil de emprender armado con el escaso talento que Dios me ha dado. Lo mismo decía J.S. Bach, pero él sí tenía talento.
La mierda es algo inherente a la experiencia vital: todos los días cagamos. Y si no lo hacemos, estamos en peligro. El problema también puede ser cuando cagamos más de cinco veces al día, porque nos podemos morir. De ahí que sea muy importante aplicar la filosofía de Aristóteles y ubicarnos en el justo medio: debemos rezar porque todos los días hagamos una caca justa; es decir, ni tan aguada que nos mate de deshidratación, ni tan dura que nos provoque una hemorragia o un estallamiento de vísceras. Pues se pierde tanto tiempo en el escusado atendiendo una diarrea severa que un estreñimiento tenaz.
A mí me ponen a temblar las gentes del ámbito de las artes escénicas cuando voy a participar en un concierto, función o concurso cuando de todo corazón me desean "que haya mucha mierda". Yo sé que lo dicen con una intención positiva, pues la causa de cagar mucha mierda es haber comido bien. Y para comer así, se requiere tener un buen poder adquisitivo, el cual es el resultado de un desempeño exitoso en el concierto, la función o el concurso. Pero también tiene una connotación negativa: "que despiertes mucha envidia". Porque la envidia, al ser un sentimiento negativo, es mierda, simple y llanamente. Además, puede ocurrir que Dios, los Astros, el Universo o la divinidad que corresponda interprete literalmente el deseo, de tal suerte que tras la función o el concurso, yo me encuentre con que mis mascotas se cagaron fuera de la charola. Y lo peor es cuando cagan aguado. Esto me trae a la mente un refrán, que es una perla de la filosofía popular: "tanto pedo, para cagar aguado". Puede ser el resultado de la participación en un concurso. Y, hablando de mierda, en los concursos pueden ocurrir tres cosas: a) que el concurso está "tamaleado" (y, por lo tanto es una mierda); b) que el concurso era honesto, pero que uno la cagó en el momento más importante; o c) que además de estar tamaleado el concurso, uno la cagó en el momento más álgido de la contienda. Y, para completar el cuadro, al regresar a tu casa con la cola entre las piernas (tras de haber gastado una buena lana si el concurso fue en otra ciudad), te encuentres con que se metió a tu casa un tlacuache con diarrea y dejó un rastro desde la sala hasta el comedor. No es lo mismo "cagar" que "cagarla". Esto me trae a la mente las filosofías de Sócrates y de Descartes, pues no es lo mismo "cago, luego existo" que "solo sé que la cagué". Pero como diría Sócrates, "estoy consciente de que la cagué y de que lo hice con más elegancia que otros que creen que no la cagan". Esto es muy importante: saber cuando uno "la cagó" y admitirlo con toda humildad. He dicho.
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