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lunes, 18 de noviembre de 2013

La gratuidad de la cultura y el buen fin

Los temas de los que hablaré requieren de un estudio muy profundo y una gran documentación. Respecto al nivel de audiencia que alcanzaré, no me hago muchas ilusiones, porque sé que la mayoría de los lectores son flojos y sólo quieren leer cosas divertidas. Y, de por sí, solamente tengo de cuatro a diecisiete lectores asiduos. Pero no me importa y procedo a escribirlo. Me gustaría profundizar como un profesional, pero, dados mis proyectos personales y la complejidad de la vida moderna, que imponen un ritmo lento a lo que uno sueña, me impiden ir más allá de la opinión, la sospecha y la emoción. No obstante, los estudios y la experiencia personal, de alguna manera me ayudarán a documentar algo de lo que diré e ir un poco más allá en lo que voy a exponer. En resumen, me propongo plantear una situación y una serie de preguntas sin respuesta, para que sea Ud., amable lector, quien reflexione y busque la solución. Porque yo la busco afanosamente todos los días, sin encontrarla. Por ejemplo, en la vida real me enfrento a un monstruo mayor que a los programas cibernéticos en el ajedrez.  El Fritz, el RYBKA o el Houdini en cualquiera de sus versiones, son monstruos de silicón prácticamente imposibles de vencer en el ajedrez por un simple mortal como usted o yo. Aunque me jacto de haber acabado algunas partidas contra ellos en empate. Una de cada quinientos juegos. En la vida real, uno no sólo se enfrenta a gigantescas bases de datos, sino a gobiernos y corporaciones, armados con poderosas computadoras y dueños de dos factores poderosisimos: el dinero y la política, con los cuales, los otros elementos, como la publicidad y la educación, están a su servicio. ¿De dónde parte todo el mal? Un sitio muy probable son las cámaras legislativas: diputados, senadores y similares, en equipo con los poderes ejecutivos. Por ejemplo, en México, un diputado tiene sueldos mayores a $150 000 pesos mensuales, más prestaciones, aguinaldos, viáticos y servicios médicos, con los cuales fácilmente triplica su sueldo. Esto produce que los legisladores padezcan una miopía ante los verdaderos problemas del pueblo a quien tienen la obligación de representar y defender: es como si tuvieran un billete en los ojos, a modo de venda, que les impide percibir otra realidad que no sea la de ese billete. La cuestión es que ellos, en coordinación con el titular del poder ejecutivo, son los que hacen las leyes y las ponen en acción. Y, desde tiempos del expresidente Ernesto Zedillo, el Poder Judicial de la nación está supeditado al Poder Ejecutivo. De modo que está roto el equilibrio de poderes que tanto recomendaba Montesquieu. Claro, ahora dirán, Montesquieu era un pensador de hace varios siglos que no tenía ni la más remota idea de lo que está pasando ahora. Y, en parte, tal vez tengan algo de razón. Antes, durante el periodo hegemónico del PRI, el equilibrio estaba roto de otra manera: era el Poder Legislativo el que estaba supeditado. Ahora no es tan claro ese sometimiento. El hecho es que el Poder Judicial es prácticamente inútil para enmendar los abusos y errores de los otros dos poderes. Y, el Legislativo, está más preocupado por mantener cotos de poder partidarios que de resolver lo que realmente urge a la nación. Esto está ampliamente documentado y no me tomaré la molestia de hacerlo.
A lo que voy es a lo siguiente: la gratuidad de la cultura ¿Es benéfica o es una bomba de tiempo que estallará con efectos más perjudiciales que los del 11-s? Nadie duda que los libros de texto gratuito tienen una gran utilidad para nuestra nación. También es cierto que al entrar en vigor, muchas editoriales tuvieron que cambiar de giro o quebrar. Me parece que la gratuidad de la cultura aplicada de manera generalizada es como colocarle una gasa pegada con cinta adhesiva a alguien con una herida tan grave como, por decir, una pierna cercenada. Esto es como los precios de garantía de décadas pasadas: como los sueldos de la mayoría de los mexicanos eran bajos, en vez de permitir que el poder adquisitivo de la mayoría se elevara, se impuso sobre los productores agrícolas la prohibición de cobrar lo justo, obligándolos a vender por debajo del coste de producción. Los que lograron tener un subsidio gubernamental, sobrevivieron. Los que trataron de enfrentar dicha situación, tuvieron que vérselas por un lado contra los nacionales subsidiados, y por otro contra las importaciones que, de alguna manera, también competían con precios por debajo del coste de producción. A prácticas similares, los economistas las bautizaron con el vocablo anglosajón doomping, que significa "sentencia de muerte". Hasta ahí todo va muy bien: los subsidiados felices, los que compraron y vendieron productos extranjeros por debajo del coste de producción, también. Pero, ¿qué pasó con algunos de los que no obtuvieron subsidio ni franquicias extranjeras, pero se negaron a morir? Algunos se dedicaron al narcotráfico y al crimen organizado. Ya en la década de 1986 se percibía la gravedad del asunto: a los productores nacionales, como no les convenía cultivar maíz, frijol, café, etc., etc., les dio por cultivar mariguana, opio y otros vegetales más rentables para ellos. En el ámbito de la música ocurrió lo mismo: la mayoría de los compositores mexicanos quedaron fuera del mercado, fueran "cultos" o "populares" (hoy en día no hay diferencia, según las nuevas teorías, pero antes sí la había y a esa me remito, pues no es lo mismo el compositor de Vicente Fernández que Arturo Márquez, aunque el mejor hit de éste sea un danzón). Para 1994 ocurrió el nefasto "error de diciembre". En el sexenio pasado, alguien habría dicho que "era un catarrito", es decir, una pulmonía que significó la quiebra de aproximadamente el 80% de los empresarios mexicanos. Cosilla de nada, ¿verdad? Hubo un levantamiento armado. Pero, no pasó nada. Quiero decir, los sublevados no tomaron el poder y todo siguió igual. Salvo el incremento del narcotráfico y la depauperación de las clases medias para abajo.
Es muy sencillo, si la crisis y el desempleo se vuelven endémicos y eternos ¿Cómo se van a ganar la  vida los que no están subsidiados? Piénsenle tantito, yo ya me cansé de hacerlo. Ahora, si los productores independientes tienen que mantener a un Estado aparatoso, lleno de Legisladores, Ejecutivos, Magistrados, líderes y toda clase de burócratas que cobran altísimos sueldos, más una serie de académicos y artistas que también están subsidiados y todos ellos fomentan y/o practican actividades gratuitas faraónicas, con dineros de un pueblo que no puede recibir lo justo por el producto de su esfuerzo, debido a que todo mundo regala su trabajo o lo vende muy por debajo del coste de producción, ¿cuánto tiempo podrán seguir ejerciendo su oficio? Y, cuando quiebren, ¿de dónde sacará el gobierno dinero a través de los impuestos? La gratuidad de la cultura, tiene que ver con concepciones tales como los Estados Socialistas y la economía "de bienestar" (también conocida como "Estado Benefactor" o "Estado Providencia"). Y estaría más o menos bien si toda la humanidad viviera en un Estado de Bienestar Universal: las máquinas haciendo el trabajo "feo" de los humanos y éstos dedicados al Arte, al Deporte, la Filosofía, la Ciencia o la Religión: lo cual podría ser el ideal acariciado  por muchos utópicos, sean marxistas, anarquistas, cristianos, islámicos, etc., etcétera. Pero el socialismo "real" fue un remedio que salió peor que la enfermedad, y, a partir de 1989, cayó estrepitosamente, para gran desesperación de quienes teníamos esperanza en la humanidad y un mundo mejor. Ahora, en China y lo que quedó de la U.R.S.S., se practica un capitalismo bastante salvaje. Y, dentro de las trasnacionales, se maneja algo parecido a un totalitarismo que llenaría de orgullo a Stalin. Vivimos, pues, en una especie de economía mixta, donde hay grandes asimetrías y unos cuantos son inmensamente ricos y la mayoría estamos más o menos mal. Ejemplo, acá en México, desde un tiempo a la fecha, por el mes de noviembre, se practica algo que se llama "El Buen Fin". ¿Reactiva a la economía este programa? Si y no. Como dijo Luis Echeverría, hace algunas décadas, "ni nos beneficia ni nos perjudica, sino todo lo contrario". Es decir, beneficia a unos y perjudica a otros: como la mayoría de la población tiene tarjetas de crédito, acude a los grandes almacenes y a las tiendas departamentales, las cuales en su mayoría son franquicias. Compra pantallas de televisión y alimentos a crédito sin considerar que le va a tomar varios años pagar esa deuda, dados los altísimos intereses bancarios. ¿A quién beneficia que la gente compre un kilo de arroz con tarjeta de crédito y le tome más de dos años pagar esa deuda? En el Diario de Xalapa del lunes 18 de noviembre de 2013 salieron algunas noticias: "Wall Street cerró con otra alza histórica", "España e Irlanda no pedirán más ayuda a la UE" (pues ya salieron de su bache económico, en el que habría que preguntarse ¿Cómo fue que cayeron en él?). Estas noticias, salieron en la primera plana de la sección F, de Negocios. En la 4-f, es decir, en un sitio menos preponderante, hay otro encabezado interesante "Pequeños comerciantes sólo vieron pasar el Buen Fin". Es decir, no les trajo ningún beneficio "al contrario, hizo que sus ventas cayeran más en lo que va de este complicado año... el año ha sido malo en cuanto a las ventas porque se derrumbaron en los últimos meses ...este programa sólo beneficia a los grandes comercios porque les permite hacer ventas a largo plazo con las tarjetas y sin bajarle mucho a la mercancía".
Pero, volviendo a la cultura, en el sitio web http://www.conaculta.gob.mx/OIC/calendario-presupuesto-autorizadoSEP2013-DOF.pdf se puede ver lo que le tocó a CONACULTA. Es decir, su presupuesto se redujo drásticamente, así como el de otras instancias del subsector cultura. Si ya era escaso el subsidio a la cultura otorgado por el expresidente Felipe Calderón, en el actual se estima que el de CONACULTA cayó en un 40% y el de otros sectores culturales un 24% (con la excepción del INAH). Y se prevée que el de CONACULTA caerá un 42% en dos años. (Ver http://www.jornada.unam.mx/2013/11/15/politica/008n1pol)
Sabemos que el gobierno de Peña Nieto ha emprendido audaces reformas estructurales para allegarse de fondos, pues el país acabó en muy malas condiciones. No me pronuncio ni a favor ni en contra de ellas. Sólo sé que han provocado numerosas protestas y que algunas de ellas han impactado en fuertes pérdidas económicas para sectores ajenos a las contiendas, pero que por los bloqueos e incluso actos de vandalismo, han perdido millones de pesos. Lo cual se ha traducido en una bola de nieve, como suele suceder en todas las crisis económicas: si alguien deja de ganar dinero permanentemente, le deja de comprar a otro de manera permanente y éste, a su vez o deja de comprarle a un tercero o despide a x número de empleados, los que a su vez hacen cosas similares hasta que el sistema económico se sobre calienta. En 1929 pasó algo por el estilo: como a muchos comerciantes les dio por hacerle doomping al de enfrente, se dedicaron a hacer "ofertas" y más "ofertas" hasta que acabaron vendiendo su mercancía por debajo del coste de producción. Y llegó el momento en que no pudieron vender nada. Esto aunado a ciertas industrias como la del cine, que dado un avance tecnológico, podían sustituir el trabajo humano por el de una máquina, despidiendo a mucho personal. Ejemplo, el advenimiento del cine sonoro provocó que los músicos que tocaban en vivo para amenizar las películas de cine mudo y los editores que les proporcionaban las partituras, se quedaran sin trabajo de manera permanente (excepto los que tenían la fortuna de ser contratados para sonorizar la película, es decir, una gran minoría).
Continúo con mi planteamiento ¿Porqué dejó Calderón al país hecho una desgracia? Amén de que dejó de invertir en cultura e investigación para el desarrollo, la salud, las artes, etc, etc., lo hizo porque tomó la decisión de enfrentar al crimen organizado. ¿De qué tamaño era el enemigo? ¿Del tamaño de los precios de garantía de 1986 y del error de diciembre de 1994 y otros errores? El hecho es que en la actualidad, la violencia le cuesta al país entre el 8% y el 15% del PIB. En un país en el que a los gobiernos les duele invertir el 5% de este indicador a la cultura, la violencia tiene este costo, si no es que más. Pues, a menudo, las cifras oficiales sólo muestran la punta del iceberg. ¿Qué sucederá con los artistas independientes en este entorno? Si continúan regalando alegremente su trabajo, acabarán haciéndose el harakiri. Eso sí, morirán con mucho honor. Pues quien no come, se muere. Y, de seguir las cosas como van, si los subsidiados continúan regalando alegremente su trabajo, avasallando y aniquilando a los independientes sobrecargando el gasto económico de las empobrecidas instituciones culturales, ¿qué irá a pasar?
Además, muchos de los que saben de negocios, publicidad y marketing, saben que es mejor hacer un buen producto o servicio y venderlo caro, que andar haciendo cosas de calidad dudosa y vendiéndolas a precios de oferta. O, peor aún, regalándolas. El hecho de vender sistemáticamente por debajo del coste de producción o incluso regalar a perpetuidad un bien o servicio, fija en la mente del destinatario que tal cosa o servicio no tiene valor. O, aún cuando la valore, el día que se la cobren, va a hacer un gran berrinche. Pues, como dice el refrán "el que da y quita, con el diablo se desquita". Más ¿Porqué muchos artistas y productores culturales regalan su trabajo? Porque están haciendo puntos para recibir un pago adicional, una beca o un subsidio. Es lo que en otro tiempo llamábamos "el reparto de tortibonos". Sin importar que el pago sea lo justo o esté por debajo de lo previsto, el acumular más o menos tortibonos se traduce en cotos de poder y de cierto prestigio social. Por eso es que muchos, subsidiados o independientes, se dedican como enajenados a malbaratar su trabajo a cambio de los mentados tortibonos. El problema de una sociedad competitiva, es que solamente uno gana y los demás pierden. Las autoridades culturales, por su parte, están felices de que la oferta desborde a la demanda. Sin embargo, cualquier economista les diría: cuando hay un desequilibrio entre la oferta y la demanda, la gravedad del problema es del tamaño de la asimetría que existe entre  una y otra. Quizá algunos intelectuales están felices de que esto ocurra, pues así vendrá una crisis económica del tamaño de la de 1929 o peor y creen que automáticamente el capitalismo se derrumbará y el socialismo retomará el poder. Y por eso le echan más lumbre a la candela. En fin. Pero ¿Porqué existen esos programas de tortibonos culturales y artísticos? ¿Porque existieron los precios de garantía? ¿Porque a un grupo de legisladores se les ocurrió la genial idea, avalada y ejecutada por los otros dos poderes y no hubo ser humano que los pudiera detener?. ¿Consideraron que era mejor pasarse entre las piernas a grandes sectores productivos de la nación antes que permitir que un simple mortal pueda vivir decorosamente del producto de su trabajo?. Como dijo Bob Dylan: the answer is blowing in the wind.

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