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domingo, 8 de febrero de 2015

No Hay Festival Xalapa

Grecia "Ya no aceptará más ordenes", según Alexis Tsipras y continuó diciendo "Cumpliremos con las normas, pero la austeridad sin fin llegará a su fin" (La Jornada, viernes 6 de febrero de 2015). Ni aguantan nada los griegos, deberían echarle un ojo al modelo mexicano. Por ejemplo, en Xalapa "Cae hasta 80% venta en comercios por bloqueos; ambulantes, los ganones" (Diario de Xalapa, "General", p. 3a, sábado 7 de febrero de 2015). Más adelante dice este artículo que "sin embargo, hubo algunos ambulantes que aseguraron que las ventas durante los bloqueos de la zona centro pasan sin beneficios para ellos", lo cual quiere decir que las manifestaciones, no sólo perjudican al comercio formal, sino que ni siquiera ayudan a todo el comercio informal. Y quienes se benefician, son vendedores ambulantes de golosinas y comida chatarra. Podría pensarse que provocar manifestaciones es una manera de incentivar el turismo político contestatario, con su consecuente derrama económica al sector restaurantero y hotelero. Pero no es así, porque los manifestantes hacen tiendas de campaña y escatiman bastantes recursos a la hora de comer. Si bien provocan que algunas personas que trabajan en el centro, ante la imposibilidad de retornar a tiempo a su casa, se queden a comer en fondas y restaurantes baratos. Y el otro turismo, el que sí trae dinero, se asusta ante la actitud enojada de los manifestantes y prefiere irse a otro lado. Cité el caso de Grecia al inicio de este ensayo porque las políticas económicas que se han querido implantar en Veracruz parecen tener como modelo las que se implantaron en Grecia, de ahí la cantidad de manifestaciones que han ocurrido en nuestra localidad. Tantas que ya son endémicas. Los xalapeños tenemos que vivir con ellas. Sabemos que tenemos que estacionar nuestros automóviles en el límite de la periferia y el centro, y avanzar caminando hacia el sitio donde arreglaremos algún asunto que sólo se resuelve en el corazón de Xalapa. O hacerlo en bicicleta o bajarse del autobús del Servicio Urbano en un punto donde sabemos que llegaremos más rápido caminando. Los sectores que deciden la política macroeconómica deberían calcular con exactitud si es mejor incentivar al turismo político contestatario en lugar del turismo formal. Los comerciantes del centro de Xalapa piensan que no es buena idea fomentar al primero, pues la gente ya ni se acerca al centro (so pena de perder una jornada de trabajo por tratar de avanzar 200 metros de calles bloqueadas). Hay periodistas que piensan que las manifestaciones son provocadas por tal o cual funcionario corrupto que se enriquece indebidamente a costa del erario público o de autorizar megafraudes a costillas de la comunidad y en favor de un puñado de individuos deshonestos. Y como respuesta, algunos reciben la muerte. De ahí que las autoridades del Hay Festival Xalapa consideraron que lo mejor es "cambiarle de formato al festival" y hacerlo para "todo México", aprovechando las plataformas de la tecnología moderna y grabar los eventos en un estudio, para transmitirlos en forma de vídeos a través de las redes sociales. Genial. Como dirían los doctores Jorge Veraza y Manuel Lavaniegos, dos amigos míos a quienes tiene ya décadas que  no visito, "ver el Hay Festival desde la pantalla de una computadora es como coger con condón". No es lo mismo. Faltará algo para llegar a la plenitud del éxtasis místico y estético que nos produce la presencia viviente de los artistas, escritores y conferenciantes. Y, como reza un viejo tango, "hoy nos fue de la patada, pero mañana, ¿mañana?,  ¡macana!, ¡mañana será un nuevo día!". Tal vez mañana algún gobernante jarocho diga "Veracruz ya no aceptará más órdenes. Cumpliremos con las normas, pero la austeridad sin fin llegará a su fin. Y la corrupción también".

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