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jueves, 2 de julio de 2015

#operatropical

¿La música tropical en una ópera? ¿Porqué no? Tal vez el Bolero de Ravel no sea un bolero como los de Guty Cárdenas, pero Granada de Agustín Lara ha sido cantada por excelentes voces operísticas. Y Agustín Lara es el maestro por excelencia del bolero mexicano, así como Toña la Negra su mejor intérprete. No digo que Granada sea un bolero, sino que las canciones de Agustín Lara son dignas de ser cantadas por las mejores voces del mundo. Volviendo al tema de música sinfónica con sabor a trópico, la de Heitor Villalobos está inspirada en el folklore de Brasil, mezclándolo ingeniosamente  con recursos típicos de J.S. Bach en sus famosas Bachianas Brasileiras. El jazz, de alguna manera es bastante "tropical": Nueva Orleans pertenece al ámbito geográfico del Golfo de México y es un lugar muy importante en la historia de jazz. En el siglo pasado, muchos combos norteamericanos tenían percusionistas cubanos, para darles "el toque latino".  Amor sin barreras de Leonard Bernstein se nutre ampliamente de la música Puerto Riqueña. Las famosas Habaneras de Pablo de Sarasate inspiraron a grandes compositores europeos del siglo XIX y XX: Bizet, Lalo, Satie, Ravel. La célebre Habanera de la ópera Carmen le ha dado la vuelta al mundo. Recientemente, cuando ya se daba por muerto al nacionalismo mexicano, el compositor Arturo Márquez logró conectar su célebre Danzón número 2. Y tras de esa obra, una larga serie de danzones sinfónicos. Algunos más lo siguieron,  con otro tipo de músicas "Tropicales", como, por ejemplo, el mambo en manos de Eugenio Toussaint. O los poemas de Jaime Sabines "Aguamarina" y "A su Merced" cantados por Eugenia León. Considero que mi ópera Tropical es bastante independiente de los danzones de Márquez. Pero, al ubicarse dentro de las músicas inspiradas por la música de raices afroantillanas, tendrá algunas cosas que son comunes a toda esa cultura. Por ejemplo, cierto tipo de síncopas que Alejo Carpentier llama "cinquillos". No son exclusivos del danzón, aparecen en muchos géneros de música afrolatina. Yo los conocía desde antes de ingresar al Conservatorio Nacional de Música, allá por 1970, a raíz de la lectura de La música en Cuba de Alejo Carpentier y un libro similar del brasileño Oneida Alvarenga, publicados por el Fondo de Cultura Económica. Algo que caracteriza a mi ópera, es el empleo recurrente de una base rítmica llamada la "Clave de rumba". Aunque hay muchos siglos de por medio entre su época y la mía, creo que G. Zarlino tuvo gran razón al decir que, en materia de arte, no importa tanto el tema, sino lo que haces con él. Y pone por ejemplo a los pintores del Renacimiento, quienes hicieron miles de representaciones de La Natividad. Incluso un mismo pintor pudo haber creado varias versiones diferentes de esa escena; claro, algunas son mejores que otras; pero, en la variedad está el gusto. Lo interesante de que varios artistas tomen el mismo tema para hacer sus creaciones, es que contribuyen a generar una especie de "inconsciente colectivo". Y, si algo tienen las músicas con influencia "afro", es un fuerte inconsciente colectivo que las unifica y las hace formar parte de la vida de muchos seres humanos. A diferencia de otros estilos musicales, cuyos compositores viven encerrados en torres de marfil y con fuertes disonancias psicológicas causadas por su aislamiento social.

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