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domingo, 16 de abril de 2017

Las vueltas que da la vida

Hace un año el poderío de Javier Duarte se antojaba como una pesada losa que no podíamos sacudirnos de las espaldas los veracruzanos. Los jubilados y pensionados le veíamos "alitas" a nuestras pensiones, muchos de ellos macaneados y maltratados con descargas emitidas con bastones eléctricos.
El Estado de Veracruz llegó a estar bastante inmovilizado a causa de las constantes manifestaciones de protesta y los bloqueos de las vías de circulación. "Duarte, ¡no tienes llenadera!" era una de las consignas que gritaban los manifestantes.

86 años de priísmo veracruzano hacían impensable sacudirse tamaña losa. Poco a poco las cosas fueron cambiando. No fue fácil: a la vez que la ciudadanía denunciaba a duarte y su camarilla, duarte denunciaba a Yunes Linares, el candidato opositor. Repentinamente, entraron en acción la Auditoría Superior de la Federación, el SAT, llegó el 5 de junio y las votaciones y ¡Sorpresa! La ciudadanía emitió su voto y no hubo operación carrousel, ni taquito, ni embarazo de urnas, ni mapachadas u otras lindezas que pudiesen detener el hundimiento del Pritanic veracruzano. Algunos optamos por acudir a los jueces federales, otros a las manifestaciones callejeras y a las denuncias ante tribunales veracruzanos. Algunos, afortunadamente la minoría, optó por agachar la cabeza una vez más.

El PRI trató de tapar el pozo después del niño ahogado expulsando a duarte de sus filas, pero nadie se la creyó. Se comparaba a duarte y sus principales colaboradores con el nopal y la sábila, pues todos los días se les encontraban nuevas propiedades.

Tomó posesión Miguel Ángel Yunes Linares y las noticias que iban a cimbrar a México parece que no lo hicieron tanto; sin embargo, poco a poco fueron cayendo algunos duartistas: Bermúdez, Secretario de Seguridad Pública; Flavino Rios Alvarado, Secretario de Gobierno, Gobernador Interino y artifice de la fuga de Javidú; Audirac, ex secretario de SEFIPLAN. Algunos siguen arropados por el fuero, como el otro Secretario de la SEFIPLAN, Tarek Abdalá.

Parecía que nunca atraparían a Javidú y se planteaban muchas hipótesis: que sabía demasiado y no lo iban a atrapar hasta pasadas las elecciones, que nunca lo iban a atrapar, que lo iban a atrapar cuando estuviese próximo tal o cual periodo de elecciones y presumir su captura o que ya estaba muerto.

Pues bien, no andaba muerto, andaba de parranda. De parranda larga, pero lo agarraron. Ahora las hipótiesis son: que van a integrar mal la solicitud de extradición, que lo van a soltar al cabo de dos años de prisión sin incautarle nada, que lo van a soltar por falta de evidencias, etc..

La verdad es que la codicia es un pecado muy grave y javidú la practicó sin recato hasta que probablemente sí se le rompió el saco: un parámetro para medir la bondad o maldad de los funcioarios priístas es su capacidad para robar. De los que no son tan malos se dice "se echó el clavado, pero salpicó". Por clavado se entiende el robo, el desvío de recursos públicos y por "salpicar" una especie de repartición a lo Robin Hood: robó pero lo repartió entre los pobres. Pero javidú es de aquellos clavadistas que entran al agua sin hacer olas. No tiene nada que lo compense, dentro de esta óptica. Para muchos nos será difícil olvidar el estrés que nos ocasionó su gobierno, en especial durante los últimos dos años.

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