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domingo, 10 de septiembre de 2017

Tiempos apocalipticos

Me he desconectado un rato porque tuve que enfrentar una racha muy difícil, de esas que lanza la vida de vez en cuando: desde abril una poderosa dama de nombre y apellidos Alicia Eguía Casis tuvo a bien excavar un terreno vecino al mío dejando en riesgo de quedar colgadas de la brocha a mi casa y a las de tres vecinos. Como un par de vecinos le exigieron que construyera un muro de contención, la prestigiada dama que dirigía o dirige las finanzas de una prestigiada universidad veracruzana, hizo un berrinche y dejó abandonada la construcción. Tras gestiones desesperadas primero de los vecinos y luego también mías, pasamos de las peticiones orales a las escritas y nada. Pasamos al siguiente nivel: dos demandas civiles, dos demandas de amparo, un periodicazo, algunas balconeadas en las redes sociales y lo único que obtuvimos fue la complicidad de las autoridades con la poderosa dama, tanto municipales como judiciales, a quien apoyaron en su afán de derrumbar nuestras casas con su conducta omisiva y negativa.

Y todo esto en coordinación con el traidor alcalde Américo Zúñiga quien otorgó junto con otras autoridades municiaples (con la sola honrosa excepción del Edil de Movimiento Ciudadano) de manera opaca y apresurada la licencia para construír un cuestionado gasoducto que pasará por zonas densamente habitadas de Xalapa, la ciudad donde habito, rodeando prácticamente el fraccionamiento donde vivo y extendiéndose a otros sitios de interés como son algunas plazas comerciales y la zona universitaria.
Volviendo al caso de la poderosa dama excavadora, como se aproximaba la fecha de la audiencia constitucional del amparo contra el corrupto director de Desarrollo Urbano Municipal y en el barranco creado en el terreno de Alicia Eguía Casis había maquinaria de construcción, obreros, varillas, materiales y la actitud de estar resolviendo el problema tuve a bien desistirme de los juicios de amparo, uno contra la Juez Cuarto de lo Civil y otro contra el Director de Desarrollo Urbano. Y, ¿qué creen? La obra se detuvo, en un nivel de simulación lo bastante notorio como para que se viera que tanto la dueña del terreno como el director de Desarrollo Urbano (porque la Juez 4º no ha hecho nada) ya habían resuelto el problema, pero sin resolverlo, porque las paredes verticales del barranco siguen sin tener un muro de contención.
Me encontré a una vecina que es su amiga y que a menudo me reclama por el mal trato que le hemos dado a esta tan distinguida dama y le comenté que yo me había desistido de las demandas, pero que no estaba conforme con la falta de muros de contención. Me respondió que su amiga sigue empecinada en no construírlos, porque va a vender el terreno ¿Tienen idea Ustedes de cuándo lo va a vender? Tal vez nunca.
Para completar el cuadro, justo saliendo de los Juzgados de Distrito a finales del mes de junio o julio, a mi auto se le descompuso gravemente el sistema de cerraduras y la alarma a tal grado que no lo pudo reparar un simple cerrajero y tuve que ir a la agencia para que le hicieran una reparación a fondo. Estuvo de película: tuve que ir desde los juzgados, pasando por un destacamento de la Fuerza Civil, hasta una conocida plaza comercial, donde los guardias del lugar me miraban nerviosos, acumulando adrenalina en la sangre. Una vez aclarado que yo era el dueño, que había una falla y que iba con el cerrajero, el asunto no pasó a mayores, pero los vigilantes no dejaron de verme con suspicacia. Afortunadamente, la agencia estaba ahí cerca y arribé a ella sin algún incidente que lamentar, salvo el costo de la reparación: se llevó todas las ganacias que obtuve impartiendo el Taller de Creación de Canciones y lo que había ganado como abogado (pues tengo varias profesiones). El desastre ocasionado en Veracruz por Javier Duarte y que aún no acaba de reparar Miguel Ángel Yunes, si bien me ha perjudicado como artista, me ha beneficiado como abogado: amparos, pensiones alimenticias, divorcios y uno que otro caso penal.
Pero la cereza del pastel fue que, al poco, mi padre, que ya casi cumplía 90 años a la fecha, como padece arritmia cardiaca y le gustaba realizar caminatas alrededor de su casa, sufrió una parálisis en una pierna, se cayó, se golpeó la cabeza contra la banqueta, seguramente perdió el conocimiento un rato, despertó en el suelo, ensangrentado, pidió auxilio y un par de vecinos lo rescataron. Todo esto, en la Ciudad de México. La amenaza era que tuviese una hemorragia interna en el cerebro. Afortunadamente, no. Pero mi madre (que ya tiene 88 años cumplidos) se afligió tanto que empezó a vomitar hasta que se deshidrató y, para colmo, ella y una hermana que es minusválida pescaron una infección que se movía de un órgano a otro, pero básicamente hacia los pulmones, hasta que acabaron en terapia intermedia y ahí sí me hablaron los parientes del ex-defectuoso para solicitarme auxilio.
Estuve unos cinco días ahí, apoyándolos como Dios me dió a entender (No me confían lo difícil porque dicen que soy muy coyón. No es cierto, hago gestos pero enfrento los problemas con mucha valentía).
Regresé a Xalapa y yo mismo pesqué otra infección en las vías respiratorias; pero, como escenario, tras las vacaciones y el inicio de la temporada escolar, como es habitual en Xalapa, mis negocios se fueron a la baja, pues los afligidos padres de familia, tras empeñar el televisor y otros enseres en el Monte de Piedad y otros agiotistas para pagar lo que se gastaron en las vacaciones, ahora tenían que pagar las colegiaturas, los uniformes y los útiles escolares. Además, algunos juzgados seguían de vacaciones.
La infección me sacó de la jugada. Ya la libré, pero fué muy molesta. Y, como la cereza del pastel, nuestra gatita más antigua, quien ya tiene 16 años (o sea, en términos humanos ya rebasaría los ochenta) también pescó una pulmonía. Le encanta jugar a I singing in the rain cuando llueve. Pero a causa de su edad ya no está para esos trotes. Así que pescó una tos que cuando estornudaba, se oía como el rechinido de un mueble arrastrado por alguna superficie. Así que también la tuvimos que mandar a terapia y parece que la está librando.
Estaba contento porque uno de los huracanes le cayó a los tejanos y no a nosotros "es un castigo divino, el Tajín (el Dios del Huracán entre los Totonacas) quiere que los norteamericanos sacrifiquen a Donald Trump, por racista y antiecologista". El problema es que el huracán Katia se desvió hacia mi ciudad. Para colmo, hace unas horas, apenas empezada la media noche, estando yo en pijama amarrando el sueño, oí gritos en la planta baja de mi casa "¡¡Está temblando!!". En esos casos, siempre dirijo la mirada a los cuadros o a algún objeto colgante y sí, en efecto, estaba temblando. Yo cometí el error de ponerme en el quicio de la puerta. Me acabo de enterar que si se cae la edificación, si cae de una manera y estás ahí, te apachurra. Y si cae de la otra manera, te parte en dos. Un piadoso amigo me envió la información después del terremoto. Yo pensé que gracias a las intensas lluvias y el barranco de la señora Alicia Eguía estaban ocurriendo deslaves en mi terreno y mi casa estaba como un mexicano en esquís sobre Los Alpes. Después me enteré que no, que el terremoto se sintió en todo el país, que tuvo una intensidad de 8.1 en la escala de Richter y después se aclaró que era de 8.4. Afortunadamente, fue un terremoto oscilante y no trepidatorio. En mi celular apareció un meme que decía "Terremotos, huracanes, lluvias, el mensaje es claro, los Dioses exigen el sacrificio de Peña Nieto". Me dió mucha risa, porque en la ópera Oedipus Rex de Stravisnsky, al inicio hay una gran escena apocalítptica y cuando consultan al oráculo, éste revela que los dioses exigen el sacrificio del Rey Edipo.
La verdad es que a los italianos un terremoto de 5.6 les tira todo. Que incluso los terremotos de años recientes en Haití y Chile fueron de menor intensidad que el que acabamos de padecer en México. Los mexicanos tenemos que agradecer a Dios (perdón si a los chairos y los ateos esta frase les molesta) que los daños fueron mínimos. En lo personal, yo agradezco que mi casa no haya acabado en el terreno de la dama excavadora. Pues durante los dos minutos de sacudida, en lo único que pensaba era "Dios mío. No pude vencer a los corruptos, pero tú sabes que luché con todo y de buena fé, no permitas que mi casa se derrumbe". Pues creí que Dios me castigaba por haberme desistido de los amparos y de no haber iniciado un nuevo juicio para resolver el problema de una vez por todas. Dios oyó mis plegarías. Alabado sea Dios y que me dé más fuerza e inteligencia para seguir combatiendo a los corruptos y a la impunidad.

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