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sábado, 28 de septiembre de 2013

Recuerdos y reflexiones.

Mi tío Manolo tenía dos leyendas que aún recuerdo, porque me parecen profundas. La primera colgaba del poste que unía el espejo retrovisor de su camioneta pick-up con el parabrisas, y decía "El optimista es un tonto que ve una luz donde no la hay, y el pesimista es un necio que la apaga". Reflexione Usted, amable lector, en todas las posibilidades de esta frase. En resumen, a mí me parece que en esta vida hay que ser el tonto que ve la luz donde no la hay, pero que a menudo hay que ser realistas, más no convertirse en el necio que apaga la luz. Pues, finalmente, el optimista está generando una luz donde antes no la había.  Quiero decir, que es mejor ser el tonto que ve una luz donde no la hay, que el necio que apaga una luz que ya existe.
Y, la otra, estaba en una especie de mosaico de arte popular o de carácter artesanal (dejo a los expertos la clasificación), colgado de un mecate y un clavo pegado a la pared adyacente a la puerta de entrada a su casa. Y decía "El que vino a este mundo y no toma vino ¿A que chingos vino?" Me parece que es un equivalente gallego o mexicano al carpae diem de Whalt Whitman o al govinette che face l'amore, non lasciate che pase l'etá del Don Giovanni de Mozart-Lorenzo da Ponte. Es decir, si venimos a este valle de lágrimas a sólo llorar o a estar encerrados en una torre de marfil sin gozar de la vida, de los amigos, de las mujeres (o de los hombres, en su caso) ¿A qué venimos? Sólo se vive una vez.

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