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jueves, 10 de octubre de 2013

"Quetzalli", de lo contestatario al Museo Rufino Tamayo

Quetzalli originalmente se llamaba "Variaciones sobre un tema maya", pues está basada en Los Xtoles, la única melodía maya prehispánica que se ha conservado, aunque algunos musicólogos europeos lo ponen en duda. Para los compositores mexicanos y mexicanizados, las opiniones de los musicólogos nos tienen sin cuidado y damos por hecho que la melodía sonaba en algún punto del Mayab antes de que los europeos llegaran a este continente. El primer compositor que oí que la empleaba por primera vez, fue Silvestre Revueltas, en La noche de los mayas. Sé que la han empleado otros colegas como Luis Sandi, Mario Kuri Aldama y Simón Tapia Colman, entre otros, si no me equivoco. Mi versión es de 1981. El Maestro Manuel Enríquez era vecino de mis progenitores, allá en el Distrito Federal, en la colonia Militar Marte. Tal vez por eso me llegó la "vibración" y me puse a escribir como frenético esta obra, sobre dos hojas de papel bond. Me tomó dos días hacerlo. Claro está que yo había analizado un conjunto de composiciones de Manuel Enríquez, Mario Lavista y Manuel de Elías, entre otros, a quienes podría clasificar dentro de un estilo de "cosmopolitismo de vanguardia", muy a la manera de las pinturas de Rufino Tamayo, pero en música; sin embargo, para diferenciarme de ellos, incorporé un elemento que sospechaba que ellos nunca intentarían: una melodía prehispánica pentatónica. Tampoco un ferviente seguidor de la pentafonía se atrevería a explorar los cromatismos que abordé, y mucho menos los ritmos y las estructuras semi-aleatorias que propuse. Esto me permitió crear texturas muy difíciles de lograr con una notación tradicional, pero con sonidos dulces al oído del "hombre de la calle". Y, los cromatismos, para enrarecer el ambiente, generar tensión dramática y contrastar el sabor empalagoso de la pentafonía. En términos culinarios, se podría decir que el resultado es una mezcla agridulce, parecida a los platillos del Lejano Oriente, en especial, los de China.
Cuando decidí estrenarla, grabé un ensayo con Bernardo Dufrane al (oboe) y Rosenda Moreno (flauta), solamente para estudiar los resultados y tratar de mejorar el ensayo del día siguiente. Cual fue mi sorpresa cuando vi a mi joven esposa, muy guapa, con nuestra hija Rosaura sobre las piernas, dándole palmaditas en la espalda para sacarle un aire, pues acababa de ingerir sus alimentos: era una bebita, y, esas palmaditas, iban con ritmo, porque ya estaba concibiendo su coreografía.
Quetzalli es una composición musical para instrumentación abierta y con una concepción formal que permite cambiar el orden de ejecución de las variaciones y el tema de una versión a otra. A la vez, las variaciones están concebidas como un conjunto de ocho matrices con planteamientos técnicos diferentes, que obligan a los músicos a improvisar dentro de unas reglas de juego bien definidas. El producto final es una especie de caleidoscopio musical, donde cada resultado siempre es diferente al de la versión anterior; pero, a la vez, similar. La coreografía de Angélica Ramírez responde a principios parecidos, aplicados a la danza. Fue ella quien asoció esta música al nombre "Quetzalli", que significa "plumas" en Náhuatl. La primera versión sugería un quetzal en la enramada de alguna selva centro americana  y fue estrenada por Patricia Fuentes. La segunda versión estuvo a cargo de Ana Uribe y esta vez el ave era un águila. La versión que Nicté Méndez baila aquí es más parecida a una garza. En la actualidad (octubre de 2013) se está preparando otra, pensando en un búho o una lechuza.
Me parece que Angélica estaba un tanto angustiada ante la idea de que un ave tan bella estuviera en peligro de extinción, y eso es lo que quiso expresar en aquella su primera versión, que estrenamos durante el Primer Festival de Danza Contemporánea de Xalapa, en 1982, creado y gestionado por el que estas líneas escribe. Ese año fue escenario de una de las crisis económicas más turbulentas del siglo pasado, que, en materia de grupos artísticos en Xalapa, significó el cierre y la clausura de muchos organismos culturales oficiales: la Orquesta Filarmónica del Puerto de Veracruz, La Compañía Titular de Danza de la U.V. y una gran cantidad de grupos de teatro, desaparecieron de un plumazo, literalmente. Incluso instituciones de mucho prestigio  como la Orquesta Sinfónica de Xalapa estuvieron amenazados en aquel momento. Y, sin duda, habrían desaparecido, de no ser por un movimiento contestatario, parecido al que sostienen en la actualidad los profesores contra la Reforma Educativa-Laboral en estas fechas. Este movimiento se denominó "Frente Pro Defensa del Arte". Curiosamente, el gobernador en turno era Don Agustín Acosta Lagunes. Durante las manifestaciones, había performances al aire libre en el Parque Juarez, frente al Palacio Municipal. Ahí, mi esposa, con una sencilla grabadora Panasonic de 1979 u 80 al piso, hacía bailar a la joven Patricia Fuentes, en tanto que la Banda Sinfónica del Estado, apostada en los bajos del Palacio Municipal, trataba de acallar nuestras voces con sus fanfarrias estrepitosas. Lo más divertido de todo aquel barullo es que el gobierno del Estado de Veracruz, firmó un convenio de intercambio cultural con la hoy desaparecida U.R.S.S. y, en una ceremonia, Quetzalli se bailó en presencia de Don Agustín y el embajador soviético, Don Rostislav Sergueiev. Al final del evento, estreché las manos de ambos y brindamos con sendas copas de vino blanco. Y todos quedamos como amigos. Un par de años, Quetzalli vibró en el Distrito Federal, en un evento denominado "mentes creativas", organizado por la Dirección General del Derecho de Autor, precursora del actual Instituto Nacional del Derecho de Autor.  Aquella vez, fueron dos músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional cuyos nombres no recuerdo. Solamente me viene a la memoria que uno tocaba clarinete y el otro fagot.
Varios años después, durante otra reconciliación, esta vez con el Maestro Manuel Enríquez, Quetzalli fue programada en el primer festival nacional de jóvenes compositores "Alicia Urreta", ni más ni menos que en el museo Rufino Tamayo de la ciudad de México, D.F. Ahí me tocó alternar con Arturo Márquez, Graciela Agudelo, Gabriela Ortiz y Horacio Franco. Mi obra la tocó el quinteto de alientos Adomian, el mejor de América Latina en su momento, al decir de Manuel Enríquez. Pero no me gustó como interpretaron la variación cuatro. Lo hicieron de una manera muy mecánica, sin aprovechar todas las posibilidades que les ofrecía la matriz. En cambio, Horacio Franco se lució tocando un solo de Gabriela Ortiz llamado Huitzil (colibrí), en una especie de flauta barroca de madera. Él se convirtió en un colibrí. Yo hubiera preferido a Horacio Franco en mi obra, pero así es la vida. Cuando celebré mis 30 años de haber debutado como compositor en el café-teatro Tierra-Luna de Xalapa, conté con dos excelentes músicos de la Orquesta Sinfónica de Xalapa: Erika Hernández (flauta) y Manuel Solis (clarinete). Si los hubiera tenido en aquel festival "Alicia Urreta", yo me habría sentido más satisfecho con el resultado de mi composición. En el vídeo que acompaña a este artículo, les presento la versión que bailó Nicté Méndez durante mi 30 aniversario en el Tierra-Luna. Ese fue un momento feliz: como se trataba de festejar, logré convencer a Marisol que la entrada fuera libre. Y, contra mi costumbre, hice un evento gratuito. Quizá Agustín Acosta Lagunes y yo nos entendimos por ser algo partidarios de la escuela económica de los Chicago Boys. A mí me tocó la época en que el estatismo cultural estaba agotado y la única opción para abrirse paso era la autogestión. Lo cual implicaba valerse de sus propios recursos y cobrar la entrada. Ese día, mucha gente aprovechó para entrara uno de mis eventos sin tener que comprar un boleto en la taquilla. Y, la verdad es que a Marisol, la administradora del Tierra-Luna, le fue bien esa vez: aquel sitio se llenó con tantos espectadores, que tuvieron que cerrar las puertas, pues ya no cabían más. De esto me dio cuenta mi amigo el cardiólogo y ajedrecista Eduardo Cortéz Nadal, quien por no darle jaque mate a su oponente en pocas jugadas, se presentó en mi concierto con algo de retraso y tuvo que oírlo desde afuera, pues no lo dejaron pasar. Él me afirmó que sí pudo escucharlo, a pesar de la situación tan incómoda.
En la actualidad, el cuarteto de cuerdas Plenilunio, Angélica Ramírez y Nicté Mendez están preparando otra versión. Esta vez, como el evento se llama "Lunas de Octubre" y es de carácter nocturno, el ave de la coreografía será un búho o una lechuza. Ya ardo en deseos por ver el resultado. Ésta es una de las obras que se presentarán el 27 de octubre a las 19 horas, en la sala Dagoberto Guillaumín, del Teatro del Estado.

2 comentarios:

  1. Lo recuerdo perfectamente. No fui el único, fuimos tres o cuatro ajedrecistas entre los que recuerdo a Ariel Velasco. Es sorprendente un éxito tan grande en un evento personal. Espero poder estar cuando sean tus festejos de oro.

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  2. Ojalá. Y eso significaría que llegamos vivos y en buenas condiciones al 2025. Saludos.

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