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domingo, 6 de abril de 2014

Para entender el horario de verano reloaded.

(Artículo publicado en El Diario de Xalapa, “Cultura”, el domingo 15 de abril de 2007)
Seguramente Usted, amable lector, al igual que su servidor, estará renegando del mal llamado horario de verano, mismo que  comienza apenas iniciada la primavera y nos priva de disfrutar de la misma, y termina bien avanzado el otoño. Y es que durante este horario, el cuerpo y la mente, en un esfuerzo sobrehumano, tratan en vano de despertarse cuando apenas sale la luz del sol y el horizonte todavía está teñido de rojo.
Pero, al ver el reloj, le da un sobresalto y salta de la cama: “ya son las nueve de la mañana con veinte minutos”, piensa, mortificado. Pasado el susto, no sólo siente la sensación de estar dormido, sino desvelado, porque, al acostarse biológicamente una hora antes, el cuerpo y la mente no se pueden dormir: los momentos en que está uno en la cama sin sueño, el cuerpo se tensa y la mente se desespera. En fin, se produce insomnio.
Cuando viene el recibo de la luz, Usted no sólo no ve el ahorro, sino que le ha llegado un incremento en la cuota a pagar y piensa que alguien lo está estafando. Claro, lo que pasa es que Usted no entiende en qué consisten los beneficios de tal horario. Lo que pasa es que Usted y yo somos simples mortales que tenemos una inteligencia y unos conocimientos limitados. Los beneficios, al parecer, los conocen muy bien los tiburones de Wall Street y sus hijos obedientes, los gobernantes de todos los países del mundo.
Por ejemplo, estos genios de las finanzas saben que existe una cosa que son los intangibles. El tiempo es uno de ellos. Si obligan a la humanidad de todo el planeta a perder por lo menos una hora diaria de sus vidas durante siete meses, eso va a generar sin duda una fuerte presión en la economía: va a provocar una crisis de improductividad. Pero los grandes capitalistas, donde los simples mortales como Usted y yo vemos amenazas, ellos ven oportunidades: va a aumentar el consumo de café y de relojes despertadores, así como de energía eléctrica, aunque, paradójicamente, se hable de ahorrarla. Esto es importante, ya que no en todos los países las plantas productoras de luz son del Estado. Al no poder los escolares estudiar en la mañana por esa hora que perdieron a causa del horario de verano, lo tendrán que hacer en la noche. Al estar prendidos los focos más tiempo va a aumentar la temperatura global del planeta. Y se va a acelerar el derretimiento de los casquetes polares.
Así, al destruirse el hábitat de las focas, los grandes tiburones canadienses del diseño de la moda podrán cazarlas con mayor facilidad e incluso encontrarán una justificación para sacrificarlas: de todas maneras se iban a morir, simplemente “se les abrevió su sufrimiento”. O, al derretirse  los hielos de Groenlandia, quedarán vastas porciones de tierra descubiertas que podrán ser lotificadas para hacer fraccionamientos residenciales en un nuevo continente con potenciales económicos insospechados.
Que va a subir el nivel del mar y se tragará a países como Irak, bueno, es un daño colateral. Pero, comparada la superficie de Groenlandia con la de Irak, es obvio que la ganancia es mayor a la pérdida. Además, al ahogarse los iraquíes y los americanos que se encuentran ahí, se acabará para siempre la costosa problemática de Irak. Que también se tragará el mar a la mitad de China, pues tampoco será malo para los grandes capitalistas: los chinos son comunistas. Además, son formidables competidores en la economía. Que el mar de igual forma devastará Florida. Lástima, le tenían cariño a esa bella península. No se puede tener todo, a veces hay que sacrificar algo para hacer una inversión. A cambio, las industrias de fabricantes de balsas de goma, lanchas, yates y buques e incluso cámaras para llantas de coche recibirán un nuevo impulso. Son alarmistas aquellos que creen que el mar se tragará todo y que las olas serán tan grandes que esos artefactos serán inútiles para salvar la vida.
Los grandes corredores de bolsa saben que “al que madruga Dios le ayuda”. Para reducir el riesgo de madruguetes en las bolsas de valores de todo el mundo es muy importante mantener este horario durante el mayor tiempo posible. Incluso, sería conveniente ampliarlo desde marzo hasta noviembre y hacer un doble horario de verano de mayo a septiembre, adelantando otra hora los relojes.
La industria alimentaria también tendrá un repunte: como el cuerpo de los humanos estará acostumbrado a comer de acuerdo con el horario anterior, ahora comerá a las horas en que le toca comer de acuerdo al nuevo horario y sentirá hambre a las horas en que le tocaba comer según el horario anterior. Por consiguiente, la demanda de alimentos chatarra se incrementará en un cien por ciento. Y debido a que los individuos como Usted y yo vamos a comer seis veces al día en vez de tres, aumentaremos de peso. Crecerá la demanda de ropa super size, de productos dietéticos, de gimnasios y de aparatos para reducir tallas. Varias personas, muchas, con el sobrepeso y el estrés contraerán enfermedades, algunas de ellas mortales. De esta manera se reactivarán los sectores hospitalarios, farmacéuticos y funerarios.
¿Lo ve Usted? Son más los beneficios que acarrea este horario que los daños, así que ya deje de quejarse, estimado lector. Cuando se acueste, ponga el televisor en un canal aburrido, para que le ayude a tener dulces sueños y así pueda levantarse más temprano para ir a trabajar al día siguiente. Y agradézcale a los grandes señores del capital que todavía tiene trabajo.
Hasta aquí el relato del 2007. ¿Todavía duda Usted de los beneficios de este horario? ¿Qué no está claro?

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