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miércoles, 11 de marzo de 2015

La música, las drogas, las armas, el sexo, la violencia y yo.

He dejado de escribir acá con frecuencia, pues me apliqué a obtener una nueva Maestría. Esta vez, en Producción Artística y Marketing Cultural de la que ya soy pasante, si es que se puede hablar de una pasantía a ese nivel. Mi proyecto de titulación es llevar de nuevo a escena mi ópera "Tropical". Además de estos estudios, también me he estado preparando para ser un mejor escritor: primero estudiando en la SOGEM con Irving Ramírez; y, de un tiempo acá, con Héctor D'Alessandre, primero en Realia y después en Katarsis.Centro de Artes, donde impartió un diplomado para escritores, cuya segunda edición iniciará hoy en punto de las 18 horas. Todavía quedan algunos lugares, para quien desee inscribirse.
El asunto es que me voy a titular produciendo la primera primera ópera veracruzana del milenio 2000 d.C. Porque es la primera, pese a quien le pese: no hay documentos que prueben que se escribió, produjo y estrenó otra ópera veracruzana entre los años 2000 d.C. y el 2007 d.C., si bien aparecerán algunas escritas (real o supuestamente) por veracruzanos en otros países o estrenadas en el Estado de Veracruz varios años después del 2007. ¿Estamos?
¿Porqué el tono de guerra? Porque hay gente interesada en arrebatarme estos méritos. ¿Porqué tanto odio? (Parafraseando a Beethoven al inicio del cuarto movimiento de su Novena Sinfonía) "No se puede vivir con tanto veneno" (Cito ahora a Shakira).
La verdad es que tengo un reto bastante difícil: mi ópera rompió paradigmas. Pues no es una ópera belcantista pese a estar en deuda (hasta cierto punto) con Verdi y, sobre todo, con Puccini, cuyas vidas y procedimientos estudié antes de diseñar mi proyecto de creación. También está en deuda con Mozart y Rossini; y, en menor escala, con otros como Lully, Hindemith, Bellini, Alban Berg, y John Adams.
Pero ninguno de ellos aborda el problema de la negritud y de la discriminación de género. Porque Toña la Negra, el personaje principal de mi ópera, nació en el Puerto de Veracruz en 1912 y era descendiente de un Haitiano de raza negra. Seguramente descendientes de esclavos que conquistaron la libertad a raíz de la Revolución Francesa y la independencia de las colonias europeas americanas (incluidos los Estados Unidos de Norte América). Ser mujer, negra y veracruzana a principios del siglo XX sólo implicaba una cosa: ser pobre y discriminada. Pero también era tener la oportunidad de salir de ese abismo con su talento, con su voz. Pues México ya era independiente, y, hacia 1910 se había iniciado un movimiento revolucionario que trajo como consecuencia mayores libertades para los mexicanos, incluidas las mujeres y la gente de piel morena.
Claro que ese movimiento tuvo sus limitaciones. Como dice Adolfo Gilly en La Revolución Interrumpida, la Revolución Mexicana terminó en "empate". De ahí la fragilidad de las conquistas populares y la paranoia de las clases dominantes. Ambas clases, están recelosas ante la vida a causa de su falta de hegemonía. De ahí que no se olvide el 2 de octubre de 1968, como tampoco se van a olvidar los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Pero tampoco se siente que el pueblo haya tomado el poder, aunque, teóricamente, el pueblo ya lo ha tomado, pues la Constitución de 1917 a la fecha dice que "la Soberanía de La Nación recae en el Pueblo". En fin, que me estoy yendo por otro lado. Aparentemente. Pues el contexto en el que he de reestrenar mi ópera es el actual: un mercado globalizado en un país empobrecido cuyas clases dominantes consumen dos tipos de música: la cultura mainstream (al igual que el pueblo empobrecido) o la música hecha con paradigmas antiguos eurocentristas. En el caso de la ópera, los paradigmas son, en primer lugar, Verdi y Puccini. Seguidos de Mozart y Rossini.
Un aspecto de la situación global es que no se está viviendo una crisis económica. Las crisis son temporales y no duran tanto. Lo que estamos viviendo actualmente, es un proceso de descomposición social. Este proceso es más grave. Ojalá estuviésemos viviendo una crisis económica cíclica, pues eso significaría que en un año o dos ya estaríamos fuera. ¿Cómo afecta este proceso de descomposición social a la ópera y a mi país? No es un secreto que la ópera está en crisis, porque grandes instituciones como el Teatro de La Scala de Milan o el Metropolitan de Nueva York han tenido serios conflictos económicos y laborales. Pues se habla de cantidades millonarias de dólares que ya son impagables. Por otra parte, también se dice que la ópera es un género que "se ha acartonado", que ha perdido mucho público. En tiempos recientes, en México se hizo una gigantesca investigación de públicos para determinar los hábitos de consumo cultural de los mexicanos y la ópera salió muy mal posicionada. Le gusta sólo a una muy, pero muy pequeña élite.
Pero la ópera fue el primer género multidisciplinario exitoso y podría seguir siendo tan popular como ahora lo es el cine. He incluso, la ópera se puede aliar con el cine. Lo que necesita la ópera es renovarse. Mi paisana Gabriela Ortiz se acaba de anotar un éxito con su ópera "Camelia la Tejana", basada en una profunda y seria investigación que tomó como punto de partida una conocida canción de "Los Tigres del Norte", grupo de auténtica música folklórica mexicana. Pero de un género que no sólo ha logrado sobrevivir, sino que compite con éxito contra la música mainstream. (¿O acaso ya es un género mainstream?)
Parte del éxito de esta ópera es que aborda temas candentes y dolorosos. Donde hay mariguana, hay narcotráfico, drogas, sexo y violencia. Temas que nos duelen a los mexicanos. Esta temática unida a la calidad artística, le valió haber obtenido un Grammy Latino. Con lo cual, Gabriela Ortiz nos ha dado una lección a los otros compositores que pretendemos ser "de culto": se puede ser un compositor "culto" y a la vez obtener un Grammy Latino. Pero hay que fajarse los pantalones (o las enaguas, en caso de ser de otro género) y romper paradigmas.
Mi ópera también rompió paradigmas y Toña la Negra es un punto de partida para la música afro latina. Es un ícono, es un mito. Mi ópera tiene ciertas dosis de agresión. Pero no llega al tema de las drogas, del sexo y de las armas. Pese a las figuras de Agustín Lara y Toña la Negra, es muy probable que yo nunca gane el Grammy Latino. Pues mi ópera ni obedece a los paradigmas "clásicos" de la ópera (Verdi-Puccini por un lado, Mozart-Rossini por otro o Schoenberg-Berg por otro más), ni obedece a los patrones "mainstream"; pues mi ópera, como la calificó Eduardo Soto Millán, "Tampoco es entretenida". Es decir, no es ni tradicional ni un espectáculo de entretenimiento. Es solamente, un nuevo paradigma. ¿Debo por ello claudicar?
Para concluir, quiero agregar que la mayor parte del libreto la escribió Emilio Carballido, el más grande dramaturgo veracruzano del siglo XX. Pero es una obra de madurez que fue concluida después de que Emilio sufriera el derrame cerebral que lo incapacitó gravemente al final de su vida; sin embargo, el 80 o 90% del libreto ya estaba terminado antes de este lamentable suceso. Yo he visto la ópera en acción y sé que el libreto, pese a todo lo que se diga en su detrimento, funciona. Es Emilio Carballido, un Carballido con mucha experiencia. Lo que sí debe quedar claro es que esta nueva puesta en escena significa un gran esfuerzo para mí. Es una cuestión de honor que ya raya en la necedad. Pero no soy tan terco como parece. Esta puesta en escena quizá será la última oportunidad que yo le daré a mi ópera, la cual considero que forma parte del patrimonio cultural veracruzano (y, por ende, de México y de toda la humanidad). Fundo esta pretensión (de aspecto bastante pretencioso) en mi preparación como compositor: estuve en el Taller de Carlos Chávez, estudié en una fallida Licenciatura en Composición Musical de la Unviersidad Veracruzana con Maestros polacos, hice otra Licenciatura en Composición Musical en el Conservatorio de las Rosas, hice el 75% de una Maestría en Composición Musical en la U.V. y concluí dos Maestrías de Mercadotecnia: la primera en la Anáhuac de Xalapa, la segunda, en Producción Artística y Mercadotecnia Cultural, en Realia Instituto Universitario para la Cultura y las Artes. Al final de la presentación, evaluaré el grado de aceptación de la ópera "Tropical". Si de todo este proceso resulta que tanto al respetable público como a la crítica especializada les parece que la obra no es buena,  ahí la dejaré y aplicaré el resto de mis energías a otros proyectos. Y, probablemente, esta ópera se perderá para siempre, devorada por las polillas. Pero éste no es el escenario futuro que imagino. Yo sé que el libreto funciona, que la música es de lo mejor que he escrito. Que el público volverá a escuchar música. El valor principal de esta ópera es que Toña la Negra, tras haber vivido una vida de pobreza y discriminación, tiene que enfrentar a quien le está dando la oportunidad de salir de ese mundo por defender un valor. Un valor aparentemente tonto: se niega a salir a cantar semidesnuda, porque ella siempre canta vestida de jarocha. Tras todo lo que he dicho en este ensayo, este valor no es nada tonto: es también mi grito de guerra: es preferible morirse de hambre que traicionar nuestros valores. Que hay que darse a respetar como artista: hay que exigir al público que nos oiga por nuestra calidad musical. Hay que negarse a desnudarse o a cambiar de sexo (por el prurito de ser famoso, y no por gusto), hay que negarse a hacer apología de las drogas o de las armas con tal de estar en el escaparate si lo único que queremos es hacer buena música y que nos escuchen. No estoy diciendo que haya que evadir estos temas cuando lo que queremos es enfrentarlos y denunciarlos, como lo hizo valientemente Gabriela Ortiz. Celebro que ella haya tenido la valentía de hacer algo así. A lo que me refiero es a la negativa a prostituirse, a tener que enseñar las nalgas en escena y simular eyaculaciones o a acabarse prematuramente la vida consumiendo alcohol y drogas con tal de que millones de espectadores nos consideren buenos músicos. O se hace buena música, o se hace escatología. Yo prefiero hacer lo primero y morir en el intento.

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