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miércoles, 13 de junio de 2012

El corruptómetro

Hace muchos años, allá por el milenio pasado, yo era asiduo lector del comics llamado "Asterix". Recuerdo que en un número abordaron el tema de las elecciones. Los irreductibles galos de aquella historieta convocaban a elecciones y, tras de llenar las urnas pacíficamente, en lugar de abrirlas y hacer un conteo para elegir al que tuviera más votos, las tiraban al mar, se peleaban entre ellos y ganaba el más fuerte. Pienso que en México se podría adoptar un sistema similar, adaptado a nuestra idiosincracia, claro está. La primera etapa consistiría en contratar a una o varias compañías de medición de opinión pública. Así se iniciaría el funcionamiento del corruptómetro. Porque, desde luego, el político más corrupto sería el que tuviera más dinero para invertir en las encuestas y salir siempre en primer lugar o, al menos en el segundo y cerca del primero. Así se aparentaría que es un ejercicio honesto. La segunda etapa consistiría en que los políticos calificados en tercer o cuarto lugar (incluso el que va en segundo) se dedicaran a comprobar que el puntero es corrupto, pero de tal manera que el líder también pueda demostrar que ellos son corruptos, pero que se quejan por ardor, no por ser honestos sino porque van perdiendo. Al final, de manera similar a los galos irreductibles, se almacenarían las urnas -sin ser abiertas- en un recinto algo así como el Palacio Legislativo y se les prendería fuego. Acto seguido se proclamaría Presidente Electo al que marcara los índices más altos de corrupción.
Y, como México es un país de corruptos (en su mayoría) nadie protestaria en serio y el asunto quedaría legitimado. El que calla, otorga. No me hagan caso, estoy bromeando.
Lo que sigue sí va en serio: el lunes pasado acudí al Registro Público de la Propiedad de mi ciudad, pues ando tratando de rescatarle alguna propiedad a Jaime Bretón, quien tras las tres sentencias que pesan en su contra y los embargos a su propiedad y a la de su difunta madre, se ha quedado en la ruina,  en el más amplio sentido de la palabra. Al dirigirme a mi automóvil, con la idea de abordarlo, una desconocida me llamó misteriosamente y me dijo:
-Se ve que Usted es bastante decente y por eso me atrevo a comunicarle lo siguiente: había un extraño tomándole fotografías a su coche.
La pregunta obligada es ¿para qué o porqué? ¿por ser abogado de Bretón o por estar analizando en público el proceso electoral? ¿O es nada más un fotógrafo que está sacando fotos artísticas? ¿A mi viejo coche?
Y hoy estoy escribiendo estas líneas desde un internet público, porque mis computadoras, misteriosamente, no pueden encontrar la página de inicio de internet ni página alguna. Esto comenzó hoy a la una de la mañana y le va a tomar a Telmex de 24 a 72 horas para repararlo. ¿Será porque mencioné a Carlos Slim en el escrito anterior y mi comentario no fue del todo halagador? Quizá lo que quise decir y no lo dije bien es que Carlos Slim sabe más de economía que Calderón y su gabinete económico, pero que no me parece buena la idea de aumentar la edad jubilatoria mientras los jóvenes no tengan acceso a trabajos permanentes, es decir, "de planta" o "de base". El caso es que ayer, a medio día, me llegó un ofrecimiento de Telmex para pedir un préstamo, con intereses mucho más bajos que los de los bancos. Y estoy tentado en aceptarlo, toda vez que mi esposa requiere de una operación en el hombro.
Por otra parte, la falla de mi internet casero no es algo grave y ocurre al menos una vez al año. Hay cientos de internets públicos en mi ciudad y me interesa analizar el proceso electoral presidencial mexicano. De hecho, pienso que es un deber ciudadano y una simple falla como esa no me puede detener.
En la nota de ayer se me quedó en el tintero que, si bien la economía es la infraestructura de la sociedad, y lo demás es la superestructura, en el concepto de Carlos Marx, también dentro de su teoría se admite que la superestructura influya sobre la infraestructura. La política es un ejemplo muy notorio: los cuatro candidatos están hablando de temas económicos todo el tiempo: desarrollo sustentable, impuestos, fraudes, quebrantos económicos, etc. Y el que gane le va a imprimr su estilo al rumbo económico de la nación, lo que equivale decir, en todo.
Por eso, lo más cruento de esta guerra gira en torno a los cambios que desea implantar López Obrador: que no le salen las cuentas, que sí le salen, que nos va a endeudar a todos, que nada más le va a bajar el sueldo a la clase política, etc.
Otro tema que podría aparecer en esos debates es que si el modelo comunistófilo de López Obrador va a menoscabar las libertades individuales.
Respecto al tema de la libertad, un antiguo profesor del Conservatorio Nacional de Música me hizo una reflexión muy interesante, quizá tomada de algún pensador importante: "tu libertad termina donde empieza la del otro". Esto vale para cualquier ser humano y buena parte del fundamento de esta aseveración se reforzaría con la tesis de Carlos Marx. Un ejemplo: la libertad de Emilio Azcárraga Jean termina donde empieza la de Carlos Slim y viceversa. Y la de ambos limitan la mía y la mía la de ellos. Solamente que aquí Carlos Marx, si viviera, me diría, "Sí, pero ellos han comprado más cotas de libertad que tú. Ambos tienen más permisos para hacer lo que se les de la gana que tú. Quiero decir, puedes hacer lo que te de la gana, pero lo que ellos hagan siempre va a tener más impacto social que lo que tu hagas o digas, porque tienen más dinero y, por lo tanto, más poder." Claro que Juan Jacobo Rousseau podría replicar "el hombre nace libre, pero se encuentra encadenado por todas partes, el pobre con su pobreza y el rico con su riqueza. Y, finalmente, por estar atendiendo sus negocios, quizá ambos magnates no están haciendo lo que tú haces y les gustaría gozar de tu libertad para dedicarse al arte o a la filosofía". Einstein agregaría "¡Exacto! Todo en este universo es relativo y la libertad no es la excepción". No se porque me metí a estas reflexiones, quizá quería escribir otra cosa, pero en el trayecto de la casa al internet público se me revolvieron las ideas.
Quizá lo único que quería decir es que el equipo de Josefina insiste en repuntar en base a acusaciones y descalificaiones, en vez de hacerlo a través de propuestas. Viendo el programa de Carmen Aristegui, el día de hoy, se me estaba ocurriendo el guión para una comedia política donde Agripina Velázquez Mota trataba de hacerle un Watergate a Enrique Roca Nixon, en base a acusaciones falsas, en tanto que Enríque trataba de demostrar que las cuentas no le salían a MALO (Manuel Andrés López Orador) y que iba a endeudar al país. MALO, a su vez,  amenazaba con finaciar su programa de gobierno con los sueldos de Enríque y Agripina. Los tres, por su parte, basaban sus razonamientos en una serie de documentos falsos que compartían pero interpretaban a su antojo. Es todo por hoy. El factor económico me obliga a hacer más breve este escrito, so pena de que salga un cuentononón en el internet público.
P.D. Ya me acordé de otro tema que quería abordar hoy, otro ejemplo de cómo opera la tesis de Marx. Retomando la cuestión, quedamos en que la economía es la infraestructura
(es decir el cimiento) de la sociedad. La política y el Arte son la superestructura. La política equivaldría a las cadenas y los castillos, quizá hasta los muros. El Arte serían los plafones, los decorados, el repello, la pintura, las alfombras, las cortinas, etc. Pues bien, yo escribí "Escritos dispersos" (se pueden comprar en http://escritosdispersos.soopbook.es/ ) con la idea de allegarme unos cuantos euros bien para pasearme en Europa, bien para pagar mis deudas o para financiar otro proyecto artístico. Les puse precio, un euro, que debe andar entre 15 y 20 pesos mexicanos, según la fluctuación cambiaria. Pensé en la norma "Véndele al Rey y vive como pobre o véndele al pobre y vive como Rey". Por lo tanto, elegí un precio accesible. No creo que nadie sufra un gran menoscabo por invertir un euro en entretenimiento, diversión o goce estético. En mis cuentos traté de provocar toda clase de emociones y, de vez en cuando, deslizar una que otra idea o crítica política o económica. Eso es inevitable, cada quien tiene sus ideas. Pero mis cuentos no son panfletos de ninguna idea, solamente apuntan a la ficción, a la fantasía, al humor y a diversas emociones. El siguiente paso fue publicarlos por itnernet. Mi primer intento fue promoverlos de manera gratuita. Para eso le doy a este blog y el facebook o al twitter. Como sólo he obtenido 5 ventas en dos meses, contraté publicidad pagada en facebook. Tanto la publicidad gratuita como la pagada produjeron muchas visitas a mis cuentos, en primer lugar de México, en segundo lugar de Argentina y en tercero de España. Y me llevé una desagradable sorpresa cuando una de mis hermanas me dijo que "tus cuentos son muy malos" y que me lo podía comprobar, porque ya los tenía impresos todos. Como la única venta en México que he tenido es la que yo hice para comprobar que estaba funcionando mi cuenta paypal y explicarle a otros usuarios cómo hacerlo, me dí cuenta de que mi hermana entró a mis cuentos sin pagar. Eso explica porque tengo tantas visitas y tan pocas ventas.
La gente, con tal de ahorrarse un euro, aprovecha esta falla del sistema, para leer mis cuentos sin pagarme. Yo me deprimo, me doy cuenta de que es inútil y de que no voy a recuperar lo que gasté en publicar ni lo que gasté en publicidad. Por lo tanto, no voy a renovar las campañas publicitarias ni a volver a publicar el libro de cuentos. Y, como estoy irritado por la escasez económica, me voy a dedicar a escribir panfletos politicos gratuitos contra el sistema en vez de hacer literatura apolítica. Pues a mi me gusta hacer obras "de el arte por el arte". Aunque quizá alguien los publicó por otro lado y se forró de euros con mis escritos. Esto me lleva a enfrentar de nuevo mi realidad económica: ahora estoy peor que antes, pues perdí el dinero que invertí durante mi aventura artística. Esto, aunado al caso Bretón, del cual cada vez voy descubriendo más secretos (pues ahora soy su abogado) y me llevo cada sorpresa. Sobretodo, porque a menudo voy con la idea de combatir algo, cuando, en realidad, lo que está ocurriendo es algo muy diferente, pues Bretón no ha entendido que, después de la esposa y dconfesor, al abogado hay que decirle toda la verdad. Pierdo mi tiempo. El tiempo es dinero. Y, algunos trámites que pago para echarle la mano, también son dinero tirado a la basura, pues, al llevar la información incorrecta, pierdo el caso.
Supongo que como su servidor, hay muchos otros seres en el planeta, quienes intentan de todo por allegarse una ganacia económica, para, al final del día, darse cuenta de que todo fue inútil y que, no sólo no ganaron dinero, sino que perdieron su tiempo y quedaron más endeudados.
 Ese es el sistema económico moderno. La pregunta es: si la mayoría de la humanidad trabaja recibiendo a cambio sólo pérdidas, ¿hasta cuándo podrá sostenerse este sistema?

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