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viernes, 19 de febrero de 2016

Carta a Donald Trump y otros republicanos


Primero permítame presentarme: soy un compositor de música sinfónica y ópera que ha tenido que estudiar leyes, mercadotecnia y comunicación para poder sobrevivir bajo el mandato de gobiernos mexicanos aliados del gobierno de su país, los Estados Unidos de Norteamérica (en lo sucesivo, los E.U.A.). Yo no he votado por esos gobiernos; y, en especial, no veo la manera de sacudirme al actual gobernante del estado donde vivo: Veracruz, autoridad que ha afectado gravemente el bienestar social de los mexicanos que vivimos en esta entidad federativa. Además, soy un mal católico, pues no voy a misa todos los domingos, de modo que tampoco estoy a las órdenes del Papa Francisco, aunque concuerdo con muchas de sus observaciones.
Usted habla de que nuestros políticos son sumamente astutos y corruptos.  Lo que es notorio, no necesita probarse y es imposible de refutar. Respecto a lo otro, tal vez Usted incurre en un contrasentido: mis compatriotas piensan que nuestro presidente no es lo suficientemente inteligente. Usted dice que el Papa Francisco es "un peón del gobierno mexicano" (¿?) porque le ha señalado una falta de misericordia al proponer la construcción de muros en lugar de puentes. Y, por consiguiente, ha puesto en duda su cristianidad. Yo agregaría que tampoco es cristiano el proponer hacer pagar a justos por pecadores. Porque no todos los mexicanos somos criminales ni políticos. No cuestiono el derecho de los E.U.A. a defenderse, como Usted tampoco puede cuestionar el mío a defenderme y defender al menos a mi familia. Y por esta razón es que le escribo esta carta. Porque su discurso es amenazador. Yo sé que Usted lo hace porque cree que así va a ganar votos de un amplio sector de norteamericanos. Esa estrategia es un arma de dos filos; pues, como ya dije, está Usted proponiendo castigar a justos por pecadores. Y la injusticia tarde o temprano provocará efectos colaterales e indeseables. La injusticia es una forma de violencia y la violencia sólo engendrará más violencia.
Si realmente lo que Usted desea es la seguridad de su país, debe proponer estrategias más inteligentes, estrategias que no se basen en el sufrimiento de los inocentes. Deben ser estrategias que combatan eficazmente a la pobreza que hay no sólo en México, sino en toda Centro América. Porque no todos los emigrantes que cruzan la frontera México-Estados Unidos son mexicanos. ¿Porqué muchos norteamericanos consumen drogas? Porque quieren evadirse de la realidad que les tocó vivir, porque consideran que esa realidad y sus vidas son una mierda. ¿Porqué hay tantos narcotraficantes mexicanos y colombianos? Porque la realidad acá también es una mierda y esa actividad es prácticamente la única opción para hacerse rico de la noche a la mañana. Y porque hay norteamericanos que compran drogas y su gobierno no hace nada por remediar la situación. De modo que no toda la culpa es de los gobernantes mexicanos: también los gobernantes de su país tienen una responsabilidad igual o mayor que la de los nuestros. Pues México paga con sangre la lucha contra el narcotráfico.
Recuerde Usted que su nación se hizo grande precisamente por los inmigrantes. ¿Quiere acabar con la delincuencia? Combata Usted eficazmente las asimetrías sociales. Abogue Usted por una más justa repartición de la riqueza dentro y fuera de su país. Verá cómo al reducirse las desigualdades sociales, la criminalidad se reducirá mágicamente en la misma proporción. Al abatir la pobreza, se abatirán los delitos contra el patrimonio, la emigración forzada, el tráfico de seres humanos, los secuestros y hasta el terrorismo. Cuando el hombre de la calle de su país y del mío puedan ganarse la vida honradamente y vivir dignamente con el fruto de su esfuerzo, no habrá necesidad de consumir, fabricar o vender tantas drogas. Ni de traficar con órganos, armas o inmigrantes. Piénselo bien, por favor.
El Papa Francisco, líder de una institución que ya tiene más de 1500 años de edad, es un profundo conocedor de la Historia y sabe que en la época del Imperio Romano, por cada cristiano que era devorado por las fieras en el Circo Romano o en El Coliseo, salían ocho nuevos cristianos de las gradas para los espectadores; es decir, la injusticia como medio de intimidación,  no sólo no sirvió como medio para combatir al cristianismo, sino que fomentó su propagación por todo el imperio hasta que éste se convirtió al Cristianismo. Revise Usted la historia de los emperadores Galerio, Diocleciano y Constantino.
No creo que la idea de usted sea sacrificar mexicanos inocentes hasta tal punto en que llegue un día en que el presidente de los E.U.A. sea un descendiente de mexicanos. Pero combatir la injusticia creando nuevas injusticias podrá tener ese resultado.
Y ya que Usted planea gastar nuestro dinero construyendo un muro tres veces más alto que el actual, ¿porqué no lo gasta de una manera más inteligente? Porque todo mundo sabe que la droga entra a su país por túneles, cuando no lo hace por las aduanas. ¿Para qué construír hacia arriba cuando el problema está por abajo?
Aún es tiempo para cambiar su discurso y su plan de acción. Y de hacerlo con sinceridad y compromiso. Por compromiso me refiero a cumplir como gobierno lo que ofreció como candidato. Abraham Lincoln fue un republicano ejemplar que dió la vida por sus ideales y contribuyó a disminuír las asimetrías sociales en los E.U.A.; en especial, abolió la esclavitud. ¿Porqué no sigue Usted su ejemplo en lugar de proponer un discurso de odio racial?

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