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miércoles, 25 de mayo de 2016

Obedecer leyes ¿Es de tontos?

En un país donde reina la impunidad y la corrupción ¿Es sensato tener cultura y obedecer las leyes? Hoy en día los egresados de las universidades pueden tener la certeza de que estarán desempleados. Que, ante sus hijos, quedarán como los tontos que perdieron su tiempo en una escuela para adquirir un oficio que no sólo no les da para comer, sino que no les alcanzará ni para comprar un arma y delinquir. Por eso muchos jóvenes mexicanos aspiran a ser criminales organizados; o, en su defecto, políticos. ¡Qué cosa más absurda que ser compositor de música "de concierto" (Sinfónica o de la mal llamada "clásica") ¡Qué absurdo ser un comerciante que acabará pagando un derecho de piso! Según los parámetros mexicanos actuales, el tonto no es el que chocó porque entró al crucero en sentido contrario creyendose muy listo, sino el que confió en las leyes y la civilidad y pasó cuando era su turno. Como ambos voltearon a mirar a la avenida transversal, no se vieron de frente y chocaron espetacularmente. El que entró en sentido contrario giró dando trompos  y se hizo la víctima. Quizá su pasaje quedó lesionado. Pero ¿Qué otra cosa puede pensar la gente si quien el que más está obligado a ser el garante del cumplimiento de la ley es el primero que la viola para enriquecerse desmedidamente? Los tontos son los jubilados que trabajaron dando lo mejor de su vida laboral, los universitarios, los normalistas, los empresarios, los profesores, los choferes que no se pasan el alto, los campesinos, los obreros, los médicos. En fin, todo aquel tonto que pretende vivir honestamente de su trabajo.
Las leyes se pensaron para que la especie humana pudiera vivir en sociedad de manera armoniosa y que pudiese dirimir sus conflictos de interés de manera pacífica y equitativa. Incluso para aplacar al grandote abusivo que se quiere pasar de la raya. Por eso se inventó al organismo que se denomina "Estado". Desde hace varios siglos al Estado se le conoce como el "Leviatán"; es decir, un animal del tamaño de una ballena contra el cual el más grande y abusivo fortachon perdería la batalla. El problema es cuando el Estado se convierte en un elefante blanco o en el abusivo y corrupto fortachón ante el cual nada se puede hacer. Desde luego que las personas cultas y respetuosas de la ley serían una bendición para la sociedad si estuviesen en todos los ámbitos: desde el taxista que no maneja en sentido contrario ni se pasa los altos, hasta el jefe de los más altos mandatarios gubernamentales.

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