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domingo, 30 de noviembre de 2014

Las contradicciones sistémicas

Por un lado, se habla en mi país, de una nueva ley o propuesta de ley que establece como pena de prisión por dos años a quien se sorprenda grabando a elementos de la Secretaría de Seguridad Pública y por otro se proyectan películas como Juegos del Hambre, La Dictadura Perfecta o Sinsajo.
La noticia provino de un sitio llamado hechosmeridiano.com, el que según otro sitio, http://www.sopitas.com/site/399900-por-si-te-quedaba-duda-grabar-a-un-policia-si-es-legal/
el primer portal es algo parecido al deforma.com.
Según hechosmeridiano,

“Luego de la enorme cantidad de videos subidos a las redes sociales en donde se deja ver a elementos policiacos de las diferentes corporaciones y  Estados, mientras protagonizan actos vergonzosos y que ponen en evidencia la terrible corrupción vivida en nuestro País, la cámara de Diputados y Legisladores (sic) han aprobado la iniciativa de Ley, que propusiera pena purgativa de prisión para las personas que graben videos de policías durante el ejercicio de su función”.


Me parece muy interesante que esta broma se tomase en serio: poca gente dudó que nuestras autoridades legisladoras fuesen capaces de crear y legalizar tamaña injusticia, la cual, tendría la supuesta finalidad de tapar actos de brutalidad y corrupción autoritarias. Como si en México se estuviese viviendo una situación como la descrita en las películas arriba citadas. ¿Pues a poco no?, me dirán. A los que vivimos el México 1968, nos parece que lo mejor es no responder la pregunta y, al igual que en Sinsajo 1, refugiarnos en un búnker. Ya saben: Matanza de Rio Blanco; Huelga de Cananea; la decena trágica (elipsis); México 68, 10 de junio de 1971; los asesinatos de Maquío, más de 300 perredistas, Colossio y Ruiz Massieu, matanzas ocurridas durante el mandato de Salinas; Aguas Blancas; Ayotzinapa y otras más recientes, por citar sólo algunas. Una ley así dejaría en claro que el gobierno que la emitiese sería una tiranía como la de El Capitolio comandado por Snow, en Juegos del Hambre. Y en siglos pasados, un clérigo llamado El Padre Victoria dijo que "el tiranicidio estaba justificado". Afortunadamente, lo del castigo por filmar a nuestros policías en acción, se trató sólo de una broma. O de una pesadilla.
Pero más interesante me parece que, mientras la televisión comercial mexicana está señalada por su apoyo incondicional a las estructuras de poder verticales que nos han gobernado en las últimas siete u ocho décadas, con un apoyo que es poderoso y eficiente, el cine emerge como un contra peso casi subversivo. Leyendo a Marshall Mc Luhann no daremos cuenta de que este fenómeno no es nuevo: los medios de comunicación compiten entre sí, a veces al nivel de una especie de guerra fría (o caliente, pero sin balas, según el medio): el caso de la película The Citizen Kane de Orson Wells es un ejemplo clásico de la lucha entre el cine y la prensa para ver que medio es más poderoso. Y lo ganó el cine. Cuando Mc Luhann escribe Understanding Media. The Extensions of Man corre la mitad de la primera década de los años sesenta del siglo pasado. Aún no ha ocurrido la masacre del dos de octubre del 68, pero Estados Unidos ya se ha embarcado en la Guerra de Vietnam. Mc Luhann pisó cayos y apenas hasta la década de los noventas se empezó a sospechar de que tal vez tenía razón en algunos puntos. Lo tengo en mente porque en este libro, Mc Luhann señala que el cine y la televisión compiten por las audiencias y marcan diferentes estilos de vida. El cine hollywoodense, en su opinión, es tremendamente subversivo cuando muestra a los países subdesarrollados cómo vive un norteamericano de clase media: el American Way of Life es un sueño dorado y quimérico que hasta la fecha provoca grandes emigraciones de gente que vive de nuestro lado del Río Bravo hacia el norte: mexicanos y centro americanos arriesgan la vida por llegar como sea a esta tierra de promisión, donde (teóricamente) les darán esos derechos que les han sido arrebatados en su país (pues esos derechos salen de la pantalla cinematográfica y contrastan con la dura realidad de sus países de origen). Cito textualmente a Mc Luhann:

“…la cámara de cine se encuentra en su elemento en el reluciente y cromado mundo de los clubes nocturnos y de los lujosos establecimientos de una metrópoli… La televisión está vapulenado a la comunidad cinematográfica que, desconcertada e irritada, fustiga a diestro y siniestro”.

El asunto está que en México la televisión ya no produce una ideología tipo beatnik como la que producía la televisión norteamericana de la primera mitad de los años sesenta. Pero sí impacta en muchos hogares de clase media para abajo; sin embargo, el cine, sea de Hollywood, francés o mexicano, a menudo dejan ir películas que van a contrapelo con la ideología dominante y pareciese que promueven el tiranicidio: Los miserables con Russel Crowd; El llanero solitario, con Johnny Deep; Potiche, las mujeres al poder (Francia); Todo el Poder, La Ley de Herodes y La Dictadura Perfecta (México), son algunas muestras de cómo el cine cuestiona el status quo que la televisión trata de mantener a sangre y fuego. Solamente que hay un medio cuyo impacto actual no pudo medir Mc Luhann en los sesenta: el internet, las redes sociales, los teléfonos móviles. Quizá una subversiva película sobre Robin Hood hoy no le haga ni cosquillas al sistema, porque los espectadores reunidos en la sala de proyección, en vez de mirar la pantalla enorme de la película, prefieren ver la pantallita de su dispositivo electrónico (llámese celular, móvil, tablet o i-phone) y no se enteran del contenido de la película. El estar en la sala, es para dar constancia de que se fue a mirar la película y decretar en la red social en turno "que la película es una porquería tremendamente aburrida". Todo esto me parecen maravillosas contradicciones del sistema capitalista moderno, que podrían sustentar una tesis de titulación a cualquier nivel y de muchas disciplinas: comunicación, sociología, antropología, ciencias políticas, etcétera.
Parte de las contradicciones de este sistema, es que una mentira creíble como la de la ley que prohibe filmar a un policía macaneando manifestantes, tenga un gran rating en los medios y que, un artículo como este que estoy escribiendo, tendrá un like y cero comentarios. Porque la gente pensante, aunque existe (bajo la premisa de Descartes), es invisible porque es peligrosa. Cuanto más pensante, más peligrosa. Y el sistema, por esa razón, la filtra. Como a un virus peligroso que hay que aislar en tanto se le encuentra el antídoto. Salud. Lo que no saben es que el asunto de la ley para castigar a quien filme a los policías en su ejercicio del deber es una pantalla de humo para distraer la atención de la opinión pública, porque la verdadera iniciativa de ley es una reforma al artículo primero constitucional, a fin de que la esclavitud sea de nueva cuenta una forma viable de contratación laboral, a fin de que México pueda ser un país competitivo y pueda ofrecer mejores precios que los de países donde este sistema aún es legal. No me hagan caso. Yo también estoy bromeando, ja ja.





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