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viernes, 26 de junio de 2015

La ópera: Transgresión y argumentos escabrosos.

Debussy era uno de mis compositores predilectos en mi juventud. Cuando uno es joven, tiende a ser rebelde; y, Debussy fue gran un transgresor de normas académicas musicales. Era mi ídolo. Por esas fechas, yo me alisté a un curso de "Teatro Musical" que impartía José Antonio Alcaraz, célebre crítico de la revista "Proceso" en los años noventa del siglo pasado. Ahí me topé de cerca con Monteverdi, quien no sólo fue fuente de inspiración para Debussy, sino él mismo otro gran transgresor de normas académicas, al igual que Berlioz, de quien en ese curso conocí dos obras que me encantaron: "Lelio, o el retorno a la vida de un artista", obra que es un muy buen ejemplo de teatro musical no operístico; y, el monumental "Te Deum". Para mi mayor alegría, me topé con una versión cantada por el tenor mexicano Francisco Araiza dirigida por Claudio Abbado en 1981. Resulta que Debussy se inspiró para crear su nuevo estilo no sólo estudiando el "Boris Godunov" de Moussorgsky, sino varias obras de Monteverdi. El mismo José Antonio Alcaraz estaba obsesionado con "La Coronación de Poppea". Yo, por mi parte, estaba embelesado con el "Don Giovanni" de Mozart, cuyo subtítulo es "ossia: el disoluto punito". Tanto el libreto de "La Coronación de Poppea" como el de "Don Giovanni", me encantaron por el rol que el sexo juega como elemento provocador de fuertes giros de tuerca. ("Plot points", para decirlo en jerga cinematográfica). En la obra de Monteverdi, porque los malos, además de ser "calientes", al final triunfan. En la de Mozart, el malo también es "caliente". Al final no triunfa, pero tampoco se arrepiente; es decir, a mis veintitantos años de edad, ya estaba cansado de los argumentos maniqueos donde el bien triunfa al final de manera automática o el malo se arrepiente. Un malo verdaderamente malo nunca se arrepiente. En la vida las cosas no son tan simples: el mal campea por todas partes y para que el bien triunfe, tiene que luchar con mucha fuerza, astucia e inteligencia. Y el riesgo de que el mal triunfe, es un riesgo constante. Y hay malos simpáticos, como Nerón y Poppea o Don Giovanni. ADemás, lo de "malos y buenos" depende del punto de vista en que se mire: para los gusanos, es muy injusto que los pájaros se los coman; pero, para los pájaros, es perfectamente justo, y los vegetales lo celebran. Tanto en la novela como en la ópera hay personajes esféricos, que no se pueden definir con una simple fórmula, ya que por unos momentos parecen buenos; y, en otros, más bien parecen malos, hasta que al final se definen. Suelen ser los más profundos.
José Antonio Alcaraz nos recomendó la lectura de la biografía de Monteverdi escrita por Henry Prunières, libro que explica muy claramente algunos de los recursos creativos del creador de "La Coronación de Poppea". Gracias a esas lecturas, me impresiaron fuertemente dos arias: "Bocca bocca" y "Pur ti vivo". Décadas después, el Doctor Ricardo Miranda, en la fallida Maestría en Composición Musical de la Universidad Veracruzana (fallida para mí, porque la abandoné tras haber aprobado el 75% de los créditos) nos explicaría que es muy probable que "Pur ti vivo" haya sido creada o modificada por un discípulo joven de Monteverdi. ¿Cómo era posible que un anciano de 70 años o más hubiese escrito un aria tan ardiente y con un estilo tan novedoso para la época? El hecho es que me dejé inspirar por esos recursos creativos y fue cuando compuse "Diferencias sobre el prisionero" para guitarra, mi primer hit. Gracias a esa obra tengo lo que tengo y soy lo que soy, para bien y para mal. Es una composición del siglo XX, pero con fuerte sabor "retro", pues es neo barroca. Pero barroca al estilo Monteverdi, con un pasaje en quintas paralelas por acá, un acorde por cuartas por allá. Transgresión sobre transgresión. Primera transgresión: escribir una obra con acordes mayores y menores en 1975 respetando un centro tonal. Segunda transgresión, escribir con un centro tonal usando acordes mayores y menores, pero permitiendo quintas paralelas y acordes por cuartas, entre otras cosas. Claro que, después de Debussy y Stravinsky, esas transgresiones eran tan novedosas como el redescubrimiento del hilo negro. Para mí lo más importante era crear una obra ergonómica para la guitarra, que además tuviese un contenido emotivo. De alguna manera, iba creando una estética postmoderna para mi estilo. El tiempo me daría la razón: con toda la información que tenemos y con tal cantidad de obras artísticas que están circulando en la actualidad, exigir una música pura es una tontería que sólo pone en peligro la evolución de la música. Y de todo el arte. Néstor Canclini ha escrito un importante libro, que se llama "Culturas híbridas", donde acaba de una buena vez por todas con los argumentos de los puristas. De hacerle caso a los puristas, habría que eliminar del mapa al Canto Gregoriano, a la música de J.S. Bach, W.A. Mozart, Rossini, Puccini, así como al jazz, al folklore español, latinoamericano, etc., etc. Creo que es preferible eliminar a los argumentos de los puristas y quedarnos con todo ese tesoro musical. De hecho, un recurso creativo es la cita, el metatexto, siempre y cuando no llegue al abuso y al plagio. El empleo del metatexto de alguna manera revela la cultura de quien lo emplea y ayuda a conectar con lo colectivo; incluso, con el arquetipo y con el mito. Según la músicóloga Gisélle Brelet, una manera inteligente de crear es tomar los temas más viejos y gastados, los lugares comunes, y darles un ropaje nuevo. El cineasta Alfred Hitchcock y otros coindidirían con ella. Volviendo a citar la clase de Ricardo Miranda, en una sesión también analizamos al "La ci darem la mano" del Don Giovanni. Tras explicarnos su trama cruzada, nos hizo notar que esa pieza se puede catalogar como un "aria de seducción". A Beethoven le encantaba y hasta compuso una serie de variaciones sobre ella. En esa ópera hay otra aria de seducción con Zerlina involucrada: "Batti batti o bel Masetto". Cuando yo estaba componiendo mi ópera "Tropical", siguiendo un consejo de Emilio Carballido, analicé el ritmo de los textos, buscando sobre todo versos de arte mayor ("alejandrinos", pues), me topé con la grata sorpresa de que el ritmo del texto del personaje que yo bauticé como "La Sílfide" coincidía al pie de la letra con el de "Batti batti o bel Masetto". Y, aunque no es un aria de seducción propiamente dicha, el director de escena puede convertirla en aria de seducción: "La Sílfide" va por un papel importante en el casting y Agustín Lara la ha mandado al coro. Les comparto el link de la versión de 2008. Ese momento puede apreciarse a partir del minuto dos con cuarenta segundos en el video cuyo link les comparto: https://www.youtube.com/watch?v=gpjDz0fMsd8

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