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jueves, 10 de marzo de 2016

¿Quieres paz? ¡Prepárate para la guerra!

¿Quieres paz? ¡Prepárate para la guerra! Eso solía decir mi suegro Don Prisciliano Ramírez, profesor de primaria de esos de antes, hombre honrado, luchador, de ingresos moderados, amante de la paz y estudioso del Derecho. Esa sentencia quizá la dijo algún romano de la antigüedad. Y, lamentablemente, tiene razón. La paz es un bien deseable, pero siempre hay gente abusiva, que, por su tamaño y fuerza se cree con derecho a pisotear a los demás. Como es el caso del precandidato republicano Donald Trump. Ya está hablando de hacerle la guerra a México otra vez. Habla de que los mexicanos saqueamos a su país, pero los mexicanos por ningún lado vemos esa riqueza, pues nos estamos ahogando en la pobreza. Y cada vez más pobres, como es el caso de los que vivimos en el Estado de Veracruz. Así que, viendo bien las cosas, el señor Trump, no conforme con el saqueo al que hemos sido sometidos los veracruzanos, ahora nos amenaza con venir a hacernos la guerra, basado en un discurso de odio, lleno de falacias y de ignorancia. Desde luego que no queremos la guerra contra E.U.A. y yo creo que muchos norteamericanos tampoco la quieren, porque México y E.U.A. son países con lazos de consanguineidad. Yo mismo, soy descendiente de un norteamericano, Don Joseph Christen, casado con mi abuela Esther, mexicana. Mi bisabuelo Christen, también norteamericano se casó con otra mexicana, con mi bisabuela Sara. Mi esposa tiene una sobrina que se casará con un norteamericano, en tanto que mi hijo menor fue novio de una chica con nacionalidad americana y genes sajones. La madre de esta chica, también está casada con un ciudadano norteamericano y vive allá. Y eso tan sólo en mi familia. Les aseguro que hay millones de familias con miembros de una y otra nacionalidad. La guerra que propone Trump es monstruosa y fratricida. No solo dañará a los mexicanos, también a los norteamericanos.
El asunto es que la Biblia, libro que Trump dice haber leído, reza:  "el que a hierro mata, a hierro muere". Y si lo dice la Biblia, es una ley tan antigua y certera como las leyes de Newton. Ya lo he dicho en varias ocasiones y la historia está llena de ejemplos: todos los violentos emperadores romanos murieron a causa de la lucha por el poder: unos envenenados, otros acuchillados. Abraham Lincoln, republicano que luchaba por una causa justa pero que fue lider de un bando en la Guerra Civil norteamericana de 1868, murió balaceado, al igual que nuestros revolucionarios Álvaro Obregón, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Venustiano Carranza. De hecho, los samurais japoneses consideraban que era justo que muriesen así, pues ellos, a su vez, habían privado de la vida a otros.
La violencia sólo engendra más violencia y el odio destruye también al que odia.
¿Qué pasa con Donald Trump? Su patrón es Carlos Slim, mexicano con genes libaneses, por lo tanto, con genes semitas. Yo entiendo que esté enojado con él, porque todos odiamos a nuestros jefes. Eso también es una ley como lo son las de Newton. "Gran jefe no caca" decía un antiguo chiste, que aún no olvido. Se trataba de un indio apache que iba a ver al médico del pueblo. El médico le recetaba un laxante, y días después, el indio regresaba y le volvía a decir "Gran jefe no caca". Entonces el médico le recetaba un laxante más fuerte. Pero días después regresaba el indio y volvía a decir "Gran jefe no caca" y así, el ciclo se repitió por varias semanas, hasta que el galeno decidió darle al indio un laxante para caballos, el más fuerte que tenía. El indio regresó y le dijo, tras saludarlo, "gran caca, no jefe". Desde entonces se asocia la imagen de la caca con los jefes. Es normal. Además, el apellido Slim se asemeja a la palabra sajona "muslim". Por eso también Trump le tiene fobia a los musulmanes. Pero, como los musulmanes son semitas y muchos libaneses son aliados de los judíos, pues lo mejor para el enojado y ofuscado cerebro de Trump es adoptar una retórica nazi, como la de Goebbels, el comunicólogo de Hitler. Para este tipo de retórica, de plano, lo mejor es fundir a todos en una sola categoría: mexicanos, musulmanes y judíos. Y ya encarrerado, pues también a los negros ¿Porqué no? Y como los irlandeses fueron aliados de los mexicanos 1847 y tanto ellos como los polacos son católicos, pues ya de una vez también los fundirá con el objetivo negativo de su nefasta retórica. Y como los polacos son eslavos y en norteamerica hay muchos judíos de origen ruso, pues seguramente los rusos también pasarán a formar parte del nuevo eje del mal, el que está diseñando el ofuscado y diminuto cerebro de Donald Trump. Por supuesto que en esta lista también están los centroamericanos y los sudamericanos. Si gana Trump ¿Estados Unidos se lanzará a una Tercera Guerra Mundial contra el resto del mundo? uups. México se ha distinguido por respetar el derecho de otras naciones. Seguramente México tiene simpatizantes en muchos lugares del mundo, más de los que se imagina Trump. Quizá algunos hoolligans whitetrasheros de algunas partes del mundo estén de su lado. Pero creo que serán más los que estarán del nuestro.
Bueno, pues los judíos y los negros nos han dado lecciones a los mexicanos ante el racismo. Empiezo por los judíos: se tardaron en reaccionar al discurso de Hitler y les costó cientos de miles de vidas no haberlo enfrentado con valentía desde un principio. Al menos en Europa oriental, hubo judíos que decidieron tomar las armas y unirse a los partisanos.Y, aunque en inferioridad de armamento, el valor y, sobretodo, el ánimo de cobrarse la revancha, hicieron que los partisanos tuviesen muchas victorias frente a los nazis, buenos para masacrar gente indefensa, pero insuficientes para enfrentar a hombres armados con sed de justicia.
Los negros, nos han dado lecciones recientes de cómo tratar a los racistas blancos. ¿Que unos policías blancos tunden a golpes a un pobre negro por motivos raciales? Pues todos los negros salen a romperle el espinazo a cuanto blanco se encuentren al alcance, sin ver si es culpable o no. Porque, como el odio opera sobre bases irracionales, una manera muy efectiva para combatirlo es respondiéndole con la misma brutalidad.
Es verdad que el ejército norteamericano es más poderoso que el mexicano. Pero Trump olvida que la base de su infantería son negros y mexicanos. Así que, si le hace la guerra a México: ¿Los mexicanos que están en su ejército vendrán a pelear contra los mexicanos? ¿O enfrentarán a los musulmanes en otras tierras? ¿O desertarán y se pasarán del lado contrario a las tropas de Trump?
Trump es un político, nefasto, pero al final de cuentas, político. Está ganando votos de gente estúpida que se cree sus mentiras, sus falacias y sus verdades a medias. Si gana, será con el voto del white-trash-power. Afortunadamente, los políticos casi nunca cumplen lo que prometen. Decía mi abuelo Christen, el norteamericano: "Prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila". Todos los políticos sensatos lo saben. Obama prometió suavizar la política migratoria, pero en la práctica hizo lo contrario. ¿Pero que pasa cuando un político gana haciendo promesas que en la praxis no cumple? De inmediato pierde su capital político.
Mi irritación del día de hoy no sólo es contra Trump y sus seguidores: también contra el actual desgobierno del Estado de Veracruz. Hoy habrá una megamanifestación a la cual tendrá que acudir un familiar mío muy cercano, así como muchos de mis amigos, mis clientes e inclusive algunos rivales profesionales y hasta mis enemigos. Eso si hay que reconocerle al actual desgobernador de Veracruz: a unido todos en su contra: priístas, opositores, yo, mis amigos y mis enemigos, todos contra él.
El problema es que los tiranos pueden recurrir a la violencia. Todavía no olvido las imágenes del 2 de octubre de 1968, como tampoco la escena de cuando las madres veracruzana se manifestaban en el rio Sedeño contra la nucleoeléctrica de Laguna Verde. Ese día, mi esposa y yo cometimos el error de llevar a nuestros menores hijos a la manifestación y el ejército llegó a romper la manifestación cortando cartucho. Y a los primeros que encañonaron, fue a mis hijos, de cuatro y ocho años de edad, aproximadamente, quienes correteaban, jugando, ignorantes del peligro que les acechaba.
Decía un teórico español de centurias pasadas, el padre Victoria que "el tiranicidio está plenamente justificado". El problema es que el tirano tiene armas y la ciudadanía está indefensa. Por eso son tan odiosas las cobardes amenazas de Trump. Su ejército es el más poderoso del mundo, en tanto que nosotros, los ciudadanos honrados de México, estamos desarmados. Porque nuestro corrupto gobierno, temeroso de una rebelión, nos ha mantenido cuidadosamente desarmados. Yo le pregunto a los soldados de norteamérica ¿Es honorable ganar una guerra contra gente desarmada? Ustedes son hombres de honor. En caso de Que Trump gane las elecciones y provoque una guerra contra México ¿Van a obedecerlo o van a responder como hombres de honor?
En mi país existe la figura jurídica de la legítima defensa. De modo que si alguien se mete a mi casa a robar y a poner en peligro la integridad física de mis familiares, yo tengo derecho a matarlo sin incurrir en responsabilidad alguna. Yo no he matado a ningún ser humano. Lo más que he matado es a dos perros, que atropellé involuntariamente en la carretera, con mi automóvil. Sobre todo el segundo, fue un caso totalmente inevitable. Era un perro blanco, grandote, fuerte, con grandes colmillos. Lo que sucedió fue lo siguiente: iba en mi automóvil, con mi familia, en una carretera angosta, sinuosa y de doble circulación y atrás de un camión exageradamente lento. Al entrar a una recta, me asomé y ví que no venía nadie en el otro carril. De modo que inicié la maniobra del rebase. Cuando ya estaba a la mitad del proceso y me era imposible frenar y meterme atrás del camión, surgió un automóvil que venía en dirección contraria a toda velocidad. Para evitar la colisión, tuve que salirme a la cuneta de mi lado izquierdo, la cual no estaba pavimentada. Probablemente yo iba arriba de 100 kms por hora, de modo que cualquier irregularidad del terreno amenazaba con volcar mi veloz auto. Pasé cerca de una hacienda y ésto irritó al perro blanco, que se dio a la errónea tarea de perseguirnos para mordernos. Yo trataba de esquivarlo una y otra vez, con riesgo de que mi auto perdiera el equilibrio. Finalmente, al bajar yo la velocidad y al hacer el infortunado perro un esfuerzo, logró colocarse frente a nosotros y lo atropellé, tan rápido que ni supe si lo había esquivado o no, hasta que mi hijo me dijo "¡Que bárbaro, atropellaste al pobre perrito!" Dada la velocidad y el peso que traíamos, supongo que el animal murió al instante.
Era una animal fuerte y, si lo tuviese que haber enfrentado a pie y sin armas, seguro que me habría matado. Pero el animal no entendió la circunstancia, se dejó llevar por la ira, hizo caso omiso de todos los intentos por no matarlo y finalmente, acabó atropellado. Por eso no hay que dejarse llevar por la ira. La ira, además, es un pecado mortal, uno de los peores. Hay que aprender a transformar la ira en energía positiva. Yo ya llevo varios años trabajando en eso y les puedo asegurar que es un don del cielo saber controlar la ira o, al menos, transformarla en energía positiva. El problema es que el iracundo no oye razones y se lanza a hacer daño, buscando que se la pague tanto al que se la hizo como al que no se la hizo, provocando una reacción en cadena para, con mucha frecuencia, ser víctima del efecto boomerang (otros le llaman la ley del Karma) y acabar pagando por el daño que hizo. Remember Alemania y Japón 1939-1945, maravillosos pueblos involucrados en un injusta contienda de la cual, tras dañar severamente a otras naciones, salieron profundamente lastimados.
La historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como comedia. Con todo respeto, señor Trump, espero que éste sea el caso de Usted y su campaña sea una comedia que haga reír al mundo entero a causa de su estrepitoso fracaso y de sus ridículos discursos. Lo mejor para el mundo es que su racismo no pase de una ridícula y fracasada comedia. Usted ya tiene ganado el terreno en esta materia, se llama Donald, igual que el iracundo pato de Walt Disney. Usted es casi tan viejo como yo, o más quizá. Seguro que lo ha visto. ¿No recuerda Usted como se ponía? Rojo de la ira, destrozaba todo, hasta su relación con Daisy, mientras que sus sobrinos y el público nos reíamos a carcajadas. No le pido que deje de hacer el ridículo, le pido que lo siga haciendo, pero que no perjudique a gente inocente.

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