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martes, 10 de octubre de 2017

Maras en Xalapa

No me refiero a Mara, la muchacha xalapeña brutalmente asesinada hace pocos días, ni a Mara, mi profesora de poesía, sino a una realidad terrible, producto del neoliberalismo y la política del big stick norteamericana: los maras salvatruchas andan como Juan por su casa en Xalapa, según un artículo de Edgar Hernández del portal http://sociedadtrespuntocero.com/2017/10/oleada-criminal-en-xalapa-es-causada-por-la-mara-salvatrucha/ y todo esto una vez más se lo debemos a los "humanitarios" estrategas de nuestros vecinitos del norte, con sus "ayudas" para "liberarnos".
Verán. En 1910 inició una revolución en México que se pacificó hacia 1917 y nuestro país se reconstruyó poco a poco, llegando a tener momentos brillantes durante el sexenio de Lázaro Cárdenas y en Veracruz con Heriberto Jara. Ambos recibieron la condecoración de la medalla "Stalin" a la paz. ¿Quién era este Stalin? Pues nada más y nada menos que el Primer Ministro de la U.R.S.S. durante la Segunda Guerra Mundial, país que le propinó la primera derrota grave a los nazis en Stalingrado. De ahí, los norteamericanos entraron a Alemania por Normandía y entre ambos acabaron con el III Reich de Hitler. Los norteamericanos, además, ensayaron las bombas nucleares sobre Japón, país que estaba prácticamente rendido, más con la idea de intimidar a la U.R.S.S. que con la de someter a Japón, país que ya estaba derrotado. Como resultado de esta guerra, Alemania quedó dividida en Alemania Occidental y Alemania Oriental, dando inicio a la llamada "Guerra Fría". Fue en ese entreacto que Francisco Franco, el dictador español ex aliado de Hitler cambió de bando. Nada tonto.
Europa, Japón y China quedaron con las economías destrozadas. En general, el mundo no andaba muy bien en la primera mitad del Siglo XX, pues habían ocurrido los siguientes eventos: La Revolución Mexicana (1910), la Primera Guerra Mundial (1914-1918), la Revolución Rusa (1917), el crack de los años veinte en Europa y Norteamérica (1929), la Guerra Civil Española (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Revolución China (1949).
Esta guerra llegó a las armas en el conflicto de Corea (1950) y también en Vietnam (1955-1975) y todavía alcanzó a escapárseles la Revolución Cubana (1959). A los estrategas norteamericanos les urgía frenar el avance del comunismo. El comunismo, en su idea original, es similar al cristianismo primitivo: la propiedad pública se comparte, se moderan los apetitos que llevan a graves pecados, como el de la avaricia, la envidia y la ira. Pero ya sabemos que el comunismo real fue otra cosa: en muchas ocasiones fue un remedio peor que la enfermedad y eso ayudó a sus rivales. Y no obstante, la primera mitad del siglo XX fue la lucha de grandes sectores de la humanidad por sacudirse el yugo de los sistemas capitalista y feudalista. A su vez, algunos geniales opositores del comunismo se dieron cuenta que una manera de frenarlo era acabar con las causas que lo provocaron: la desigualdad social. El Papa León XIII desde 1895 proclamó la Encíclica Rerum Novarum donde se propone algo que podría llamarse como "El Estado Providencia". Esto es, el "Estado benefactor". Surgen entonces a lo largo del siglo XX las prestaciones sociales y el Estado Benefactor. El filósofo británico Sir Bertrand Russell andaba por una línea similar. De ésto en México tuvimos noticias: el IMSS, el ISSSTE, el INFONAVIT, en resumen, lo que sus detractores llamaban "Papá gobierno". Hasta que se pusieron de moda las privatizaciones, fiebre que afectó a varios países del planeta en la década de los noventa del siglo pasado. Pero el que da y quita, dice el refrán popular, "con el diablo se desquita". Por eso estamos como estamos.
Curiosamente, México salió bien librado de la Segunda Guerra Mundial, en gran medida gracias a la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas, y nuestro país tuvo un gran crecimiento quizá hasta 1966. Porque en 1968, como todos sabemos, estalló una grave crisis que culminó con la masacre estudianil del 2 de octubre, fecha que aún no se olvida.
Los ejemplos de México y Cuba contagiaron a otros países de la región. Pero entre refugiados nazis y estrategas norteamericanos, todos los anhelos de mejorar la situación de los connacionales en Latino América se vieron sofocados por brutales dictaduras orquestadas por la C.I.A. de los Estados Unidos.
Es verdad que también se inyectaron dólares para hacer crecer a estas economías en lo que va del periodo de 1960 a 1980. Pero de 1980 al 2000 se puso de moda el famoso dogma neoliberal y se acabó el crecimiento. Como consecuencia, aparecieron nuevos movimientos libertadores en Centro América: Nicaragua, el Salvador. Y, para reprimirlos, Estados Unidos armó y entrenó a mercenarios insurgentes, provocando guerras, asesinatos y demás porquerías: por ejemplo, los "contras" de Nicaragua. En ese contexto es que surgen los Salvatruchas. Se acabó la guerra de El Salvador, pero no los maras, quienes se quedaron sin chamba pero se volvieron adictos la adrenalina y a lo ajeno. Que por otra parte, el gobierno neoliberal de El Salvador, siguiendo los dictados de Washington poco o nada hace para resolver el problema. Para colmo, en Honduras (2009) hubo otro golpe de Estado, orquestado por el "demócrata" Barak Obama. Por eso no no extrañe que las calles de Xalapa estén llenas de hondureños pidiendo donativos (para no decir "limosnas". Ustedes los conocen: "Papi, papi, soy hondureño..." y si les das "Dios te bendiga papi" (o mami, según el caso). El asunto es que los delincuentes salvadoreños no piden limosna, pues están entrenados por la C.I.A. para matar y derrocar gobiernos. Y los tenemos en Xalapa. ¿Cómo la ven? ¿Quieren más neoliberalismo y que los norteamericanos nos sigan "liberando" del comunismo? Por cierto que la Guerra de Corea no ha terminado, sólo estaba en pausa. Ahora con los alardes del Primer Ministro de Norcorea y las estupideces de Donald Trump, estamos al borde de una guerra nuclear.

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